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PINTURA

Dis Berlin en la Galería Guillermo de Osma

Antepasados. 2023-2024. Óleo sobre lino. 50 x 65 cm. Cortesía de la Galería Guillermo de Osma.
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Antepasados. 2023-2024. Óleo sobre lino. 50 x 65 cm. Cortesía de la Galería Guillermo de Osma.
Javier Mateo Hidalgo
viernes 17 de enero de 2025, 18:46h
Actualizado el: 17/01/2025 18:53h

Lindante con el madrileño parque del Retiro, en la calle Claudio Coello 4, se encuentra la prestigiosa galería Guillermo de Osma. A pesar de su merecida fama, permanece oculta a ojos de los curiosos viandantes, emplazándose en lo que fueron dos antiguos pisos de un inmueble más que centenario. La acogida del visitante se hace en todo momento cálida, siendo recibido por los encargados de la galería y permitiéndole pasear con libertad por ambos espacios que separa un clásico y castizo rellano.

Albergan actualmente sus muros una magnífica exposición de Dis Berlin, nombre tras el cual se encuentra el soriano Mariano Carrera Blázquez (Ciria, 1959). Su rostro queda oculto tras su inconfundible arte, en el que conviven elementos de nuestra cultura pasada, presente y —me atrevería a decir— futura. Integrante del movimiento contracultural de la Movida madrileña, su imaginativa plástica le hizo un más que digno miembro de dicha tendencia, siendo deudor de las más representativas vanguardias del siglo XX —metafísica (“proyecto el misterio interior hacia las cosas y el mundo para construir una realidad nueva”), pop o dadaísmo—. Con su esencia ha ido conformando unas piezas de estilo bien característico. Como él mismo afirma, pertenece “a la estirpe de los artistas poetas”, pues desde niño sintió “la necesidad de crear mundos”. A diferencia de lo que se pueda pensar, no reconoce a sus cuadros como surrealistas: “no buceo en el inconsciente, no me atraen las zonas oscuras de la consciencia”. Quién lo diría, pues representaciones como Madame de la grotte II parecen hacer carne aquella afirmación de Lautréamont tan del gusto de los discípulos de Breton: “El encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y de un paraguas”.Misántropo. 2024. Óleo sobre lino. 33,5 x 50 cm. Cortesía de la Galería Guillermo de Osma.

No obstante, el carácter evocador de lo surrealista sí se encuentra presente, permitiendo al espectador plantearse lo que está viendo, el significado de las imágenes que componen cada una de las escenas. Como habitante consciente de la postmodernidad, Dis Berlin exhibe sus cuadros fragmentarios y enigmáticos. Lienzos que son reflejo de este mundo actual, tan híbrido como complejo. Cobra todo el sentido que el cineasta Pedro Almodóvar se sintiese tan atraído por sus composiciones, decidiendo componer con ellas los escenarios de sus películas. Un Almodóvar que nunca dejó de ser rompedor tanto en plástica como en contenido pero que, con el paso de los años, se ha ido sofisticando cada vez más en su concepción formal. Por ello, decorar las estancias de sus estancias con Dis Berlin viene como anillo al dedo para los personajes. ¿Y es que no son los cuadros de las casas reflejos del alma de quienes las habitan? Afirma Dis Berlin que el manchego es su mayor coleccionista. Cómo no serlo, pues desde films como Kika o Átame y llegando a Dolor y gloria o La habitación de al lado, sus imágenes son presencia constante en el celuloide.

La pincelada de Dis Berlin es tan sutil que apenas se aprecia en la tela, aparentando más una impresión que un trabajo artesano hecho a mano, centímetro a centímetro. Tiene vocación de artista flamenco en ese preciosismo y delicadeza, en esa capacidad de detalle y minuciosidad, donde la mano del creador parece desaparecer en su huella. Su realismo no excluye los elementos más abstractos, sabe hacerlos convivir a la perfección. Los títulos dados a sus imágenes dotan a lo visto de un nuevo sentido, planteando al espectador distintas asociaciones que probablemente no vio al observar la pintura. Destilan poética, como Las noches de Robinson o Hijos de la tormenta.

Homenaje a Barbara Hepworth. 2024. Óleo sobre lino. 43 x 43 cm. Cortesía de la Galería Guillermo de OsmaLe quedan muchas canciones a mi corazón es el título de la exposición. En su catálogo —diseñado por el propio artista y Leonardo Carrera— de cuidado formato —como todos los de Berlin, tal y como puede comprobarse en una vitrina que los exhibe dentro de la muestra—, se observa ya por la propia portada cómo ese universo de postmodernidad queda reflejado desde la personalidad plástica de este creador. Dis Berlin nos deja al inicio un interesante texto titulado Notas a pie de caballete. Una serie de reflexiones, “apuntes” e incluso aforismos con los que acercarnos un poco más a la personalidad de este autor. Gracias a estas notas conocemos múltiples detalles sobre su microcosmos: los orígenes de su misteriosa vocación artística ya en la infancia —desprovista de cualquier influencia en el entorno familiar (“nací en una casa sin cuadros, sin libros, sin música […]. Quizá por eso siempre he sentido esa hambre de arte que me ha proporcionado tener una sensibilidad insaciable”)—, el arte y su capacidad de dotar al individuo de una existencia plena, la necesaria formación como espectador del artista, los entresijos del proceso creativo, la visión del arte contemporáneo y la forma en que los creadores reflejan —o inventan— la realidad que les rodea —así como el modo en que el público puede interpretarlo—, las estaciones más propicias para el trabajo creativo, la influencia del cine en la pintura, la mirada plástica a través de cierta filosofía oriental (“un imposible que sigo intentando: pintar el silencio”), la universalidad de un buen cuadro (“es un tesoro que sigue destilando belleza y a veces, misterio: excepcionalmente, un instante de eternidad”), la desaparición del tiempo al pintar o la fascinación que supone “rescatar del olvido” obras maestras. Por supuesto, cada una de estas realidades pueden ser tan universales como personales. Una visión particular del mundo que podemos en buena medida comprender, con la que empatizar. Sumergirnos en esa fascinante visión de las cosas supone introducirnos en la cosmovisión disberliniana.

Que su pintura consiste en volcar el interior psíquico mostrándolo con un criterio propio lo demuestran piezas de la exposición como Perpetuo éxtasis o Escenario mental II, en las que asistimos a todo un gabinete de curiosidades rescatadas de dentro del artista. Aquellas recuperadas de tantas experiencias vitales para conformar un museo propio de visiones. También la acumulación de posesiones de muy diversas y extrañas naturalezas lleva a la contemplación reflexiva, como en su tiempo fueron los vanitas barrocos. Por ejemplo, en Templo de las metáforas.

La ausencia como presencia se manifiesta en obras como Familia —donde podemos imaginar a los inquilinos de un hogar a través de sus enseres —algo que inevitablemente nos lleva a Magritte—. También en Antepasados, Reunión o Guateque, donde se juega al mismo acertijo pero variando los habitantes del lugar deshabitado. En definitiva, la conversión de lo humano en objetual, su geometrización o purificación en formas ideales —algo muy platónico y cezanniano—. Prueba de ello son Tres amigas o Hijas de la noche. Pero lo vivo también está presente a través de ciertos animales e insectos —Fantasía inglesa, Misántropo, Navegantes del tiempo o Ikebana habitado—, personas —Eva metafísica III— o fragmentos de las mismas —Casa de panteras—.

Lo que está por llegar y se nos muestra latente lo encontramos en Aventura no vivida III, donde podemos observar una embarcación a punto de abandonar tierra firme; parece esperar al viajero, quien se adentrará en futuras vivencias desconocidas. Otras experiencias mágicas se encuentran en trabajos como Aventura no vivida V, donde un monumento megalítico parece dialogar con un zeppelin —pasado y futuro de la civilización—, generando curiosos significados en quienes lo observan. Antepasados. 2023-2024. Óleo sobre lino. 50 x 65 cm. Cortesía de la Galería Guillermo de Osma.

En ocasiones lo mistérico desborda lo terreno para llegar a lo astronómico, con todo lo que tiene de inabarcable. Sucede con estampas como Palacio cósmico, En un lugar del cosmos o Familia bajo la influencia de Saturno.

La clara influencia oriental se presenta en visiones como las de Bodegón japonés, Homenaje a Bárbara Hepworth o Vida silenciosa, donde el autor parece invitarnos a una filosofía de vida regida por la sencillez, buscadora de la satisfacción plena.

Quien observe cada una de estas obras verá en ellas las otras disciplinas artísticas a las que su autor también ha dedicado parte de su talento, como la fotografía o la escultura —su mencionado cuadro dedicado a la escultora Hepworth es ejemplo de esta influencia—. Sus encuadres y presencias volumétricas beben de dichas manifestaciones, y éstas a su vez de la pintura, lógicamente. También, sin ser compositor ni intérprete, debe mucho a la música, empezando por el nombre artístico de “Dis Berlin”: el “Berlin” lo obtuvo del álbum de Lou Reed de mismo título, mientras que el “Dis” lo achaca al haber intentado asumir inconscientemente las iniciales de David Bowie.

Al escribir estas líneas, siento insuficientes las palabras empleadas para describir las visiones de Dis Berlin. Por ello, invito a quien también se haya quedado con ganas de una mayor información —en este caso visual— a acudir a la mencionada exposición, que estará abierta al público hasta el 31 de enero.

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