Javier Mateo (Madrid, 1988) regresa a las librerías con su última obra, Novela (La tortuga búlgara, 2024), una autobiografía que explora los límites entre poesía y narrativa. Sin "dar nada por sentado" el joven poeta, crítico y profesor de Bellas Artes dedica un poema a cada año de su vida dejando que sea el lector quien dirima dónde termina lo real y dónde empieza la ficción en este ya quinto poemario tras El mar vertical (Ayto. de Madrid, 2019 [accésit del Certamen Literario Leopoldo de Luis]); Ataraxia (Almadenes, 2022), La imagen sonora (Vitrubio, 2023) y Arquitectura del sueño (Huerga y Fierro, 2024).
¿No son pocos 35 años para escribir una autobiografía?
En efecto. No obstante, sentía que era necesario hacer un alto en el camino y reflexionar en torno a lo que habían supuesto estos 35 años. Pensar en todas aquellas cosas que me habían ido moldeando para acabar siendo el que soy en este momento. Considero que, dependiendo del momento vital en que te paras a meditar en torno a ti, pueden salir biografías bien diferentes. No es lo mismo escribir una biografía a los dieciséis que a los veinticuatro o a los treinta y cinco. ¡Y no digamos ya a los cincuenta o a los setenta! Es interesante observarnos a nosotros mismos en los diferentes periodos. ¡Quién sabe si en el futuro vendrán más biografías!
¿Qué significado personal tiene para ti titular una autobiografía en verso como Novela, jugando con la idea de contrarios entre poesía y narrativa?
Un cuestionamiento entre géneros, romper moldes o preguntarnos sobre lo establecido. Deberíamos no dar por sentado nada nunca, empezando por todo aquello que nos atañe. Es la única manera de crecer personalmente. Por otro lado, podríamos incluso introducir un tercer juego: el debate sobre la verosimilitud de lo biográfico. ¿Qué datos pueden ser ciertos y cuales pueden estar tamizados por la mirada lírica o creativa?
En el prólogo se menciona que "la poesía es novela cuántica". ¿Cómo se refleja esta visión en la estructura o en los temas de tu libro?
Se refleja en la libertad del poeta a la hora de explayarse desde la escritura. Todo y nada puede ser en el género poético, se encuentra desprovisto de corsés y supone un desafío tanto para quien experimenta con los versos como para quien los interpreta.
¿Qué descubriste sobre ti mismo al escribir tu vida en verso? ¿Hay algún poema que te haya resultado especialmente desafiante?
Aunque resulte difícil de creer, experimenté un auténtico desafío con el último poema. Se supone que debía de haber sido el más sencillo, pues representa el momento actual donde todo ha quedado aparentemente resuelto. Su inspiración la encontré en un episodio que verdaderamente me marcó. Te lo describo lo más brevemente que pueda: me encontraba una tarde en el parque del Retiro impartiendo una clase de pintura al aire libre. Había ido con mis alumnos y habíamos colocado los caballetes en el jardín japonés. Mientras ellos se encontraban preparando los materiales y los lienzos, comencé a caminar observando el río circular y, progresivamente, me di cuenta de que había multitud de patos y, cada uno, podía representar una etapa de la vida. Estaban los recién nacidos y, entre ellos, algunos que estaban siendo atacados por el propio padre, en un arrebato de celos. La madre los miraba a la distancia sin saber muy bien qué hacer. Ahí estaba el origen de la vida claramente, la venida al mundo y la reproducción, así como sus complejidades. Más adelante encontré el cuerpo de un pato flotando sin vida. Eros y Tánatos. Y todo fluyendo en un camino fluvial circular. Me estremeció. Pensé que podía hablar de ello, cómo todo seguía abierto en este proceso que es el vivir, y que nunca podemos dar nada por acabado ni por seguro. la vida es un misterio, he ahí su enigmática belleza.
Novela menciona tradiciones como la épica y el romance. ¿Qué autores o estilos te influyeron al crear este libro?
Me gustan esas dos palabras que has escogido. Épica y romance. Ahí se encuentra condensada toda la literatura. Ya desde Homero. Fíjate, ya por entonces se fundía poesía y novela. Lo que hago no es tan rompedor. En mi conformación poética han influido autores muy diversos: de Jorge Manrique a Garcilaso de la Vega; de Jacques Prévert a Alejandra Pizarnik; de Federico García Lorca a Vicente Aleixandre; de Charles Baudelaire a Arthur Rimbaud; de Blas de Otero a Angelina Gatell; de Antonio Machado a Leopoldo de Luis; de Fernando Fernán-Gómez a Joaquín Sabina; de León Felipe a Dulce María Loynaz; de Luis Antonio de Villena a Leopoldo María Panero. En cuanto a estilos destacaría el surrealismo, el simbolismo, el realismo mágico o poético (este último cinematográfico, aunque me gusta pensar que podría ser también literario, de ahí que Prévert estuviese tras muchos de esos guiones).
¿Cómo decides hasta qué punto exponer tu vida personal en tus poemas? ¿Qué importancia tiene el lector en esta relación?
Siempre digo que en poesía debemos ser sinceros. No obstante, el poeta no puede escribir directamente aquello que se le pasa por la cabeza sin someterlo a un tratamiento estético posterior. Valoro tanto la frescura (incluso la escritura automática) como el sentido crítico. En mi caso, al “estilo” surgido durante el proceso “vómito-reflexión” se une a la capacidad para la ensoñación o para hacer la realidad menos fría tamizándola a través de imágenes simbólicas. En Novela cuento mi biografía, claro está, pero lo hago desde mi punto de vista: desde los recuerdos y recreaciones de lo que fue, así como desde lo que podría ser o será probablemente. Del público lector depende discernir hasta dónde llegan los datos autobiográficos y en qué punto empieza la reinterpretación de estos hechos.
En tu tesis doctoral exploraste el fragmento en la vanguardia artística española. ¿Cómo dialoga esta idea con la estructura de tus poemarios?
Dialoga en el sentido literal del fragmento como construcción estética, puesto que nuestra creación como autores sólo puede ser un constructo resultado de otras creaciones ya existentes. Un Frankenstein hecho de aquellas referencias que te han marcado consciente o inconscientemente. De la vanguardia artística española brotan muchos de los poetas que, como has podido observar, tengo como referentes. Para mí esa etapa supuso una auténtica eclosión creativa y, claro, ese torrente artístico bebió de las corrientes europeas del arte nuevo que por entonces estaba teniendo lugar. Unos y otros son los causantes en buena medida del arte que tenemos hoy, de la forma de crear. Me gusta sentirme heredero de ellos y, claro está, de sus antecesores. Escribir fragmentariamente te permite aunar muchas etapas en pequeños destellos mágicos, aunque partan de la realidad. Además, es la forma que tenemos de construir realidades. En su sentido etimológico “crear” es engendrar algo de la nada. Esto es imposible, únicamente estaría al alcance de los dioses. Nosotros no podemos hacer nada nuevo totalmente, pero sí hacer cosas nuevas al unir piezas ya existentes, haciéndolas dialogar y otorgándoles un nuevo sentido.
Novela sugiere una relación profunda entre música y poesía. ¿Cómo influye la música en tu proceso creativo?
Escribo desde las imágenes y desde la música. También desde el cine. Mi segundo libro de poemas en solitario, La imagen sonora, tiene este título por dichas influencias. Necesito inspirarme en estas poderosas formas de arte. Creo que la música es la más perfecta de las abstracciones, la primera probablemente que surgió. El sonido, la comunicación a través de él. Imagino que también tendrá que ver la formación musical que tuve entre los cuatro y los diecisiete, momento en que dejé el solfeo y el violín por el arte pictórico, escénico y cinematográfico. Pero siempre está ahí, nunca me ha abandonado. De hecho, me considero un melómano razonable, sobre todo de música clásica. Siempre ha sido mi aliada. La necesito de banda sonora porque me inspira. Incluso suena en mi cabeza cuando no puedo escucharla físicamente, yendo de aquí para allá. Como diría Paul Valéry, se puede ser compositor sin título, ideando melodías mentalmente. Lástima que se extingan dentro de la cabeza.
Novela describe lugares como la tienda del abuelo o el parque de la infancia. ¿Cómo transforman los espacios cotidianos tu imaginario poético?
Necesitamos de esos espacios físicos para conformar nuestros imaginarios. En la oficina de la tienda de mi abuelo paterno pasé muchas horas de mi infancia. Ten en cuenta que estaba enfrente del colegio y allí iba a parar buena parte de mis tardes. Hacía los deberes, estudiaba y siempre me quedaba tiempo para escribir mis historias y hacer dibujos. Incluso ilustraba las primeras con los segundos. Una cosa y otra siempre me han acompañado. Los parques de la infancia podían convertirse en barcos o en fortalezas. Me encantaba enredar a mis amigos para crear historias. ¡No sé dónde quedó esa capacidad para el liderazgo!
En un contexto donde la poesía actual aborda con frecuencia temas sociales, políticos o ambientales, ¿cuál crees que es el rol del poeta hoy? ¿Es la autobiografía poética también una forma de compromiso?
Sin duda, porque las cosas no existirían sin nuestra visión de ellas. Nosotros las inventamos, mantenemos, cuestionamos y destruimos. El poeta debe ser siempre crítico, empezando por uno mismo. Si no, no podría hablar de lo demás. Debe dar ejemplo, tratando de ser consecuente, a pesar de las contradicciones (siempre humanas). Jugar limpio, en dos palabras. Pero se puede ser crítico sin ser belicoso ni propagandista. Pensar siempre en lo que perdure, en lo universal, evitando ser flor de un día.
¿Sientes afinidad con algún poeta contemporáneo? ¿Cómo percibes el panorama de la poesía española actual y qué destacarías de él?
Por supuesto que sí. Me gusta la poesía de Andrea Mazas, Luis Bravo, Pilar Blanco, Juan Alberto Pérez Chaduví, Silvia Ramos, Pablo Ortega Bellido, Rosa Campos Gómez, Luis Ramos De la Torre, José Blanco, Félix Maraña, Pedro López Lara, Eugenio Rivera, Ángel Borreguero, Nicolás Corraliza, Miguel Sánchez-Ostiz o Luis Antonio de Villena, Daniel Huerta, José María Parreño, José Luis Gallero, Esther Ramon, Ramón Eder… Son bien distintos entre sí tanto en edades como en temáticas, pero con su lectura espolean mi creatividad y me animan a escribir. Y además tengo la suerte de conocerles a todos. ¡Perdón por los que me dejo en el tintero! La poesía actual es diversa y tiene un gran potencial, lo que garantiza su supervivencia.
¿Cómo crees que los lectores actuales se relacionan con la poesía? ¿Escribes pensando en un lector específico o en cómo puede resonar la poesía en un público más amplio?
No hay que llevarse a engaño. Los lectores de poesía son minoritarios. Sin embargo, los que se interesan por ella poseen sensibilidad y exigencia. Cuando escribo busco llegar al mayor número de personas sin renunciar a la calidad y a mis criterios estéticos.
¿Crees que la poesía contemporánea necesita constantemente renovarse, o hay algo en ella que debe permanecer inmutable?
Siempre hay algo que la hermana con la de todas las épocas, porque lo que empuja a escribir procede de algo eterno: las pasiones humanas. El deseo o la pasión, por ejemplo, mueven a las acciones humanas. No obstante, la poesía refleja las inquietudes de cada época. El quid de la cuestión está en escoger esas realidades que puedan ser comprendidas por lectores posteriores, hacerlas merecedoras de épocas futuras por su importancia.
Como crítico cultural, ¿cómo diferencias tu análisis de obras de otros poetas respecto al juicio sobre tu propia poesía? ¿Es más difícil juzgar lo propio?
Siempre es más difícil juzgar lo propio porque no se puede marcar distancia. Es imposible ser objetivo con ello. No obstante, como críticos podemos llegar a ser nuestros peores enemigos. Está bien cuestionar las cosas, siempre y cuando esa actitud no te impida avanzar o no acabe anulando lo que estás haciendo. Como crítico de obras de otras personas, siempre soy partidario de la crítica constructiva. Para echar abajo lo que tanto cuesta construir, ya están personas que lo hacen mejor que yo todos los días. Si no hay nada que decir que pueda aportar al autor y al público, lo mejor es callar.