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LETRAS, CEROS Y UNOS

Revista Platero, la rebeldía de enseñar a fuego lento

martes 21 de enero de 2025, 18:53h

Ya es veinte veinticinco, como dicen los modernos. Si es maestro, ¿qué tal lleva su POAT?, ¿y el DUA?, ¿y ya ha relacionado las competencias específicas con su porcentaje con decimales?, ¿tiene ya su Excel o IDoceo para poner notas?, ¿está usted leyendo artículos científicos para formarse o escribiéndolos para cambiar experiencias con sus colegas?... o sigue usted haciendo dictados, leyendo en voz alta, preguntando la lección y poniendo notas de cero a diez como se hacía en el siglo pasado…

Detenerse a trabajar un dictado en clase o leer una revista sobre literatura infantil y juvenil siendo docente ya es, en sí mismo, un acto de rebeldía. El krausismo 2.0 es ese meme del señor Burns con un gorro de lana y una camiseta con calaveras saludando como si fuera joven y estuviese de moda. ¡Hola, tengo casi doscientos años, pero parezco nuevo!

Hoy en día corregir es subversivo. Utilizar un rotulador rojo si eres maestro es casi un acto de terrorismo. Ya nadie se sabe de memoria aquel poema de «Yo, para todo viaje —siempre sobre la madera de mi vagón de tercera—, voy ligero de equipaje». Hay “situaciones de aprendizaje”, es decir, lecciones, de lengua que no llevan contenidos literarios de ningún tipo. Los niños y niñas llegan al instituto sin saber quién era Rosalía de Castro o Federico García Lorca. Tampoco conocen a Mónica Rodríguez o a Alfredo Gómez-Cerdá, no se crean, con los libros de youtubers, tiktokers y personajes de Minecraft parece que ya vamos servidos. Eso, a día de hoy, es lo normal, no recomendarle a alguien que lea Mujercitas, porque si lo hace ya puede ir saliendo de la caverna a la que le van a arrojar.

Hoy quiero hablarles de pura subversión. De la revista de literatura infantil y juvenil Platero, que celebra este año su cuadragésimo aniversario. La publicación elaborada por voluntarios, se distribuye gratuitamente por cientos de colegios y centros de profesores de todos los lugares de habla hispana. Nació de la mano de Juan José Lage en 1985 como una apuesta por la imaginación y la palabra por la literatura que ambas dos, unidas, construyen y transforman. Durante estas cuatro décadas ha marcado el camino a docentes y lectores entre los clásicos de siempre y las nuevas narrativas. En cuarenta años Platero ha reseñado miles de libros, recomendado unos, reivindicado encarecidamente otros y descubierto para el público algunas pequeñas joyas más. Platero es un refugio para la literatura que siembra ideas en los nuevos lectores y en quienes deben guiarles en sus lecturas, demostrando que el papel impreso sigue siendo revolución en un mundo saturado de ruido.

Leo a Byung-Chul Han, y no dejo de pensar en su advertencia de que vivimos en una "sociedad del rendimiento", donde todo se mide por su utilidad y rapidez. En este contexto, cualquier actividad que requiera lentitud –como leer una revista, escribir un dictado o memorizar un poemilla en la etapa escolar– se percibe como anacrónica, casi subversiva. Pero es precisamente ahí donde radica su valor.

Mantener una revista literaria durante cuarenta años no es solo un mérito, es un milagro. Quienes trabajan en publicaciones como Platero lo hacen desde la pasión, enfrentándose a la precariedad y la indiferencia de los que deberían proteger y promover la cultura. El director de otra revista literaria relevante destinada a la infancia me hablaba de su escasa periodicidad al estar él completamente solo en todas las labores de la revista. Desde la reseña a la crítica, a la maquetación, el negociado con la imprenta, maquetación, publicidad, distribución…

Es preocupante la falta de interés político por lo que leen los niños. Mientras las bibliotecas escolares se vacían de recursos y las revistas literarias sobreviven con dificultad, se pierde la oportunidad de formar ciudadanos reflexivos y críticos. Cada recorte en cultura y educación es una derrota futura.

Enseñar a pensar despacio, a que hay valores que no tienen fecha de caducidad, a que lo último y más nuevo no es necesariamente lo mejor. A que culturalmente hablando hay que dejarse guiar y hacer caso de las recomendaciones. A que a cada interés o preocupación siempre hay un libro que puede ayudar y acompañar. A eso ha enseñado Platero

En este mundo frenético, la verdadera rebeldía es detenerse. Leer, escribir y pensar sobre la madera de nuestro vagón de tercera siempre ligeros de equipaje. Y en ese acto silencioso, encontrar una revolución que va más allá de políticas y, sobre todo, de políticos; de esos de los que no tienen tiempo para recibir a nadie. Ellos mañana no estarán. Su POAT tampoco. Platero sí.

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