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INVESTIGACIÓN

Vinculan la contaminación del tráfico con daño hepático

Las partículas diminutas conocidas como PM 2,5 ingresan al torrente sanguíneo a través de los pulmones. El hígado, que filtra las toxinas de la sangre, acumula estas sustancias, que pueden incluir metales pesados como arsénico, plomo, níquel y zinc. Foto: rawpixel/freepik
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Las partículas diminutas conocidas como PM 2,5 ingresan al torrente sanguíneo a través de los pulmones. El hígado, que filtra las toxinas de la sangre, acumula estas sustancias, que pueden incluir metales pesados como arsénico, plomo, níquel y zinc. Foto: rawpixel/freepik
José María Fernández-Rúa
martes 11 de febrero de 2025, 08:27h
Actualizado el: 02/11/2025 12:10h

La exposición prolongada a niveles bajos de contaminación, producida por el tráfico de vehículos, se traduce en un riesgo de calado en la aparición de hígado graso y daño hepático. Es la principal conclusión de un estudio experimental de la Universidad Tecnológica de Sidney (Australia).

Los autores del estudio experimental, que difunde Journal of Environmental Sciences, subrayan que en 2019 la contaminación del aire causó 6,7 millones de muertes, lo que la convierte en una de las principales causas de muerte prematura, con una mortalidad que aumentó rápidamente en un 66 % en los últimos 20 años.

La situación no se limita a las zonas muy contaminadas, como India, México y China, añaden. De hecho, no existe un nivel seguro de contaminación del aire para la salud humana.

Incluso en Australia, donde la calidad del aire es relativamente buena, las emisiones de los vehículos, especialmente las partículas finas (diámetros iguales o menores a 2,5 micras), causaron por sí solas un total de 11.105 muertes prematuras en adultos y 19.000 hospitalizaciones al año.

El profesor Hui Chen, autor principal del estudio, matiza que la contaminación del aire es perjudicial para los pulmones, “pero tiene un impacto más amplio en la salud, incluido el hígado”. Este órgano -añade- es fundamental para el metabolismo. Elimina toxinas, regula el azúcar en sangre y produce vitaminas y proteínas esenciales, entre muchas otras funciones. “Si el hígado no funciona correctamente, las personas pueden sentirse cansadas debido a un metabolismo alterado”, destaca.

En este sentido, el profesor Chen detalla que, cuando inhalamos contaminación del aire, “las partículas diminutas conocidas como PM 2,5 ingresan al torrente sanguíneo a través de los pulmones. El hígado, que filtra las toxinas de la sangre, acumula estas sustancias, que pueden incluir metales pesados como arsénico, plomo, níquel y zinc”.

Contaminación e hígado graso

En este estudio, los autores dejan muy claro que “el impacto adverso de PM 2.5 va más allá del sitio de exposición primario, el pulmón. Los estudios epidemiológicos a gran escala muestran cada vez más que los contaminantes del aire se relacionan con una mayor morbilidad por enfermedad del hígado graso asociada al metabolismo (MAFLD), fibrosis hepática avanzada y el riesgo de carcinoma hepatocelular (aumento del 15 %). Esto se debe a que PM 2.5 puede viajar a través de la lengua y llegar a la circulación sistémica, donde induce inflamación en el hígado. Además, la inflamación pulmonar inducida por PM 2.5 también se vuelve sistémica y puede afectar la salud del hígado”.

En este orden de cosas, recuerdan que un reciente estudio longitudinal multicéntrico que aparece en Lancet Planet Health y que incluyó a 28 millones de personas en Europa demostró que la exposición crónica a la contaminación del aire de bajo nivel puede ser perjudicial.

El profesor Jacob George, acreditado especialista mundial en hígado y director del Centro Hepático Storr, del Instituto Westmead de Investigación Médica, señala que aproximadamente uno de cada tres adultos australianos padece enfermedad del hígado graso, y es más común en quienes tienen sobrepeso o diabetes. Coautor de este trabajo, asegura que los factores relacionados con el estilo de vida, como una mala alimentación, la falta de ejercicio y el exceso de alcohol, contribuyen al desarrollo del hígado graso.

Sin embargo, este estudio, en opinión del profesor Chen, sugiere que el entorno, en particular la exposición a la contaminación del aire causada por el tráfico, también puede ser un factor contribuyente.

Cambios en más de 60 proteínas

Los investigadores expusieron a los murinos a una dosis (10 microgramos diarios de partículas PM2.5 derivadas del tráfico) que refleja la exposición humana típica en Sidney, recolectada en una carretera principal de esa ciudad australiana.

Se midieron signos de inflamación y fibrosis o cicatrices, así como cambios en los niveles de azúcar y grasas del hígado, a las cuatro, ocho y 12 semanas.

“El efecto fue acumulativo. A las cuatro semanas no vimos muchos cambios, pero a las ocho se produjo una alteración de la función metabólica normal del hígado y a las 12 pudimos ver cambios significativos”, subraya el doctor Ming Feng, miembro del equipo.

Otros detalles que comprobaron estos científicos es que la exposición a partículas de contaminación del aire provocó que se acumularan más células inmunitarias en el hígado y aumentó la inflamación. También provocó la formación de más tejido cicatricial.

El procesamiento de grasas por parte del hígado aumentó, y también se incrementaron las grasas potencialmente dañinas, como triglicéridos, diacilgliceroles y las ceramidas. Al mismo tiempo, el hígado almacenó menos azúcar para obtener energía.

Los investigadores descubrieron cambios en 64 proteínas funcionales específicas del hígado, muchas de ellas vinculadas a enfermedades como la del hígado graso, la disfunción del sistema inmunitario y procesos relacionados con cáncer.

Contaminación en Madrid

En una ciudad como Madrid, el principal foco emisor de contaminación del aire es el tráfico rodado. Los vehículos, según el Ayuntamiento de la capital de España, son responsables del 86,6 % de las emisiones que se realizan a la atmósfera del total de las cerca de 210.000 toneladas que se vierten al año.

La inhalación de los gases emitidos por los combustibles diesel produce cambios en la actividad eléctrica cardiaca, lo que sugiere que la contaminación atmosférica reduce la cantidad de oxígeno disponible triplicando, incluso, el estrés cardiaco durante la práctica de ejercicio.

A su vez, está ampliamente demostrada la relación causa efecto entre la arteriosclerosis y la exposición a las partículas sólidas más pequeñas (PM2,5), emitidas principalmente por estos motores.

Asímismo, la asociación de los distintos gases y partículas sólidas, emitidos por los tubos de escape de los vehículos, son la causa del aumento de las crisis asmáticas y la sensibilidad a pólenes y otras alergias respiratorias.

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