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TRIBUNA

La España vaciada

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
martes 11 de febrero de 2025, 20:14h

Yo conocí, en la posguerra, algunos pueblos de La Rioja, entonces Castilla. Eran prácticamente autosuficientes y sus habitantes, agrupados en familias también lo eran. Casi todos tenían, por herencia, fincas, que llamaban “piezas”. En unas cultivaban viñas, cuyo vino vendían y en otras trigo para el pan propio y cebada y avena para el ganado. Criaban gallinas, cerdos y ovejas para huevos, carne y leche y cultivaban hortalizas y fruta, para consumo propio, en cualquier trozo de tierra. No había tiendas, solo algún bar.

La vida era durísima. La forma de trabajar era medieval y los jornales eran prácticamente desconocidos, pues casi todos, trabajaban para su familia. Y esta, se planificaba en función de lo que se les pudiese dejar, en herencia, a los hijo

Se carecía de todo lujo en el vestir, con algún desliz, de los mozos y mozas, cuando se acercaban a la edad de buscar pareja.

El colmo del esparcimiento eran las fiestas del pueblo en las que estaba permitido todo exceso en el comer y en el beber. Y el desideratum, era la visita a las fiestas de Logroño, a los toros y a la pelota, de aquellos con familiares amigos allí. Visitas que se intercambiaban con la de estos, al pueblo el día de La Fiesta.

El medio de locomoción era la alpargata, el burro para distancias medias y el carro, con mulas, para el transporte de grano y paja.

Toda esta estructura social se vino abajo cuando se mecanizaron las tareas del campo, la juventud se vio atraída a “la ciudad” en busca de estudios o nuevos trabajos y la moto o el automóvil permitían vivir alejado del punto de trabajo, en núcleos urbanos más grandes y mejor dotados de servicios y diversiones.

Esta progresiva extenuación de los pueblos pequeños, en trance de desaparición, es lo que se ha dado en llamar “España vaciada”. Es un fenómeno doloroso para muchos, pero natural, lógico e irreversible. Los nostálgicos esfuerzos que se hacen por revertirlo, no tienen, ya, ningún sentido. Atraen simpatías pero entorpecen el curso natural de transformación de la sociedad.

La España vaciada no va a volver atrás y habría que favorecer y ayudar el movimiento natural de concentración en núcleos urbanos dotados de prestaciones sociales y culturales.

Otra cosa es el abandono económico que ha propiciado el despoblamiento y empobrecimiento de pueblos, ciudades, provincias y comunidades enteras, en beneficio de otr

Este fenómeno no es reciente, como se asume superficialmente. Es antigu y tiene motivaciones políticas. Y fue Franco, quien lo diría, el que lo inició y lo propició. El pretendió acabar con el foco minero-revolucionario de Asturias y con el sentir separatista de Cataluña y el País Vasco, volcando allí, el total poder inversor de España.

En Asturias, el Ministro de Trabajo Girón de Velasco, El Leon de Fuengirola, mimó a los levantiscos mineros, hasta el punto de que estos, acabaron siguióndole y respetándole. El Estado se volcó, de tal manera, en inversiones que, efectivamente, acabaron con el foco revolucionario, convirtiendo Asturias en una provincia pacífica y amigable. Pero logrado esto, el Estado dejó de invertir all

En Cataluña y País Vasco logró, con sus preferentes inversiones, que capas muy profundas de la burguesía y de la clase obrera quedasen satisfechas con el desarrollo industrial que consiguieron. Son legendarias las fotos y documentales,

que ahora se ocultan, que muestran el entusiasmo con que Franco era recibido, en ambos sitios, donde se rivalizaba por tenerlo de huésped de honor. Como efecto secundario logró que la gran inmigración, en busca de trabajo, de la “España vaciada”, se mezclase con los de “siete apellidos vascos y catalanes”, haciendo maketos y charnegos, que enturbiaron el agua “purísima” del separatismo, aunque sin lograr acabar con él.

Y negó al resto, aquellas enormes inversiones, provocando la desbandada, de cientos de miles de emigrantes que, con sus maletas de cartón, sembraron Europa en busca de trabajo.

Amigos, eso sí que era la “España vaciada”, que sigue aumentando pues, todavía y por motivos políticos, se sigue privilegiando a los mismos, cuya actividad política se ha especializado en exprimir recursos de los otros, amenazando, con los mismos garrotes, a los políticos timoratos, con cargarse la Constitución.

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