Sí, el presente título alude inconfundiblemente al miserable concepto nacionalsocialista, desde luego. Los paralelismos entre tal y las excecrables expresiones trumpistas son brutales. Y el modus operandi propuesto parece el mismo en las dos acciones que ha manifestado el presidente yanqui: exterminar a los carteles de la droga y la limpieza, dicho así, de la Franja de Gaza que suena a exterminio, pues no se refiere solo a las toneladas de escombros.
Menuda manera de proponer zanjar ambos temas. Exterminar no es un vocablo dicho para edulcorar intenciones ni para vedar acciones puntuales. No estamos mal interpretando a Trump. No caemos en la ambigüedad cínica y vergonzante de Musk y su saludo emulador del fascismo más asesino y más reprobable de identificable hechura. No aplaudimos el cinismo y la desvergüenza de esa dupla.
Trump ordena con dedo flamígero y lanzando rayos y centellas cual si fuera dios olímpico, temerario y atronante, exterminar a los carteles de la droga. El solo decreto no basta, desde luego, y está muy lejos de conseguirlo solo por atronar y ensordecer. La voz atronante de Trump no puede dejar impresionado o boquiabierto a nadie. Nos deja impávidos, porque el mandatario yanqui apunta a evadir las causas de los problemas y no atina a aportar soluciones, salvo el exterminio que no conlleva alternativas o búsqueda de planes integrales.
Pues bien, ciertamente que no será decretando ni bombardeándolos como se exterminará a los carteles de la droga sin acompañar tales fuegos de artificio con medidas más certeras de persecusión, atención a las causas estructurales de producción y consumo, atención a víctimas, de prevención. Trump ordenó a su nueva fiscal, la flamante Bondi, que saque el fentanilo de las calles. No sabemos para qué si solito se mete en las casas. Las palabras de Trump en el marco del 52 aniversario de la fracasada DEA –creada para combatir el narco y la adicción y con resultados deplorables– recuerdan qué si México y cualquier país es el trampolín, ellos son la piscina, porque están sujetos a la ley de la oferta y la demanda, ávidos de drogarse y no les interesa acabar con el negocio. Ni siquiera en el nombre de la salud pública y menos de tal, precarizada, desmantelada en EE.UU. por políticas neoliberales. Lo demás, es hacerle al cuento.
¿Trump, exterminador? Carteles o gazatíes no son ratas, no son plaga humana que se rocía con insecticidas como sí sugiere el terminajo utilizado para aludirlos. Ni que fuera Dios para así conformarlos y enfrentarlos. Y muy particularmente, si se pretende terminar las delincuenciales actividades de los carteles.
Luego está la vergonzante propuesta de hacer de Gaza una Riviera. ¡Vaya frivolidad, vaya mentecatez! Por favor, hay varios caminos para repudiar las extraviadas palabras de Trump. Uno: al final, ni Hamás ni los israelíes han peleado para que todo aquel territorio quede en manos del yanqui abusivo. Luego, ha propuesto que los palestinos sean desplazados de tal, permanentemente. Es explicable que sus atrabancadas y disparatadas iniciativas como esa a Gaza, despiertan tantos aplausos entre los ciudadanos de Israel o Netanyahu y afines. El muy badulaque ofreciendo lo que no le corresponde cumplir. Arrebatarle a los palestinos uno de los dos enclaves que aún les habían reconocido, la Franja de Gaza, disminuida, acinada de por sí, es alucinante, es inicuo, es inaceptable. Sí, todo aquello es escombros alardea Trump. Sí, respondamos, destruida a mansalva por el ejército israelí al que premia y anuncia venderle más –¡más– armas. Es inadmisible la propuesta de desplazamiento. Uno hace votos para que ni Egipto ni Jordania cedan a presiones y chantajes convirtiéndolos en cómplices del despojo fraguado por Trump y sus secuaces.
Netanyahu, declarado criminal de guerra y eso no se lo quita nadie aunque él o Estados Unidos desconozcan a la Corte Penal Internacional y hagan mofa y escarnio de ella –actitud propia de barbajanes criminales mendaces– está exultante, claro y recién se burlaba diciendo que Arabia Saudita acoja a los palestinos “ya que tiene mucho territorio”. A esa miserable y mentecata respuesta no puedes más que interponer el principio de Palestina tiene derecho a existir en Palestina y no en ninguna otra parte. Los medios dicen que Arabia Saudita condiciona su alianza con EE.UU. por este tema. No, los saudiárabes son como Canadá, no son de fiar y siempre ceden ante EE.UU..
Palestina no está sola, pese a que Trump se cebe contra estudiantes “propalestinos”, que más que serlo, tienen dos dedos de frente y no tienen necesidad ni obligación de mirar para otro lado y dejar de lado las trapacerías israelíes comodamente depositadas, de momento, en manos de Trump, bellaco haciéndoles el trabajo sucio de exterminar a los palestinos echándolos de Gaza.
La política de exterminio propuesta por Trump, esa limpieza étnica que despierta la risas de Netanhayu –que son una vergüenza para la memoria de la Humanidad sobre el Holocausto que tanto enarbola, para no ir tan lejos – son risas, sonrisas y decisiones abominables. El israelí apoya un “echemos de Gaza a los palestinos de una vez por todas”. Cuando ya se ha sabido que Israel vive sueños de grandeza y planes funestos de expansión a costa de Gaza, con alarde y contra los intereses de la Franja de Gaza, es vomitiva su reacción de sonrisas y su complacencia con las palabras timoratas de Trump. Explica porqué al premier israelí lo declararon criminal de guerra. Y repara Trump en que la tomarían, pero no con tropas. Descarado despojo en aras de intereses mezquinos muy poco claros. ¿Quién pondrá el dinero para su plan? Hay otros planes desde países árabes que proponen reconstruir sin echar a los palestinos. Ojalá que triunfe su alternativa.
Cuando España perdió Cuba y el 1 de enero de 1899 los yanquis arriaron la bandera rojigualda de El Morro en La Habana e izaron la de las barras y las estrellas, los cubanos absortos vieron que sus esfuerzos de 3 guerras para ser independientes eran esquilmados sin consideración alguna, negociando su futuro sin su anuencia. Ese mismo contrasentido, esa injusticia histórica supina la está fraguando, elucubrando Trump en Gaza y será una vergüenza sumada al exterminio para los gazatíes. No le extrañe, ya vimos que honra al expansionista McKinley, que robara Cuba a España, y admira a Reagan y al esclavista Jackson. ¿Qué podía esperarse?
Las ocurrencias no paran. Un día, la mafufada de robarle su nombre al golfo de México –aclárese, se llamará como pide solo tecleándolo desde Estados Unidos, sobre todo, cuyo límite es la Florida– y para el resto del mundo, es golfo de México. En dado caso, el nombre no es aplicable a toda la cala, sino solo para el mar territorial yanqui. Una sandez. Otro día se inventa aranceles al acero y el aluminio. Una torpeza tras otra. Es lo que hay.
Rinconete: ya regresaremos a ello, pero el anunciado acuerdo de buscar la paz en Ucrania no se resolverá en Kiev. Ucrania será objeto, no sujeto de las Relaciones Internacionales. Las potencias decidirán de nuevo y el ministro español Albares queda como ingenuo preguntando ¿y qué haremos los europeos? Respuesta: callar como siempre, complacientes con ser defendidos por la OTAN a cambio de su sueño imperturbable.