A partir del siglo XX comienza el proceso de incorporación masiva de las mujeres a la Universidad. Por ejemplo, en Argentina, hubo tres mujeres que escribieron capítulos de la historia universitaria, por haber sido las primeras universitarias de sus carreras. La primera abogada de Argentina, estudió Derecho en la Universidad de La Plata y se recibió en 1909, cuando tenía 22 años. La primera ingeniera, estudio en la Universidad de Buenos Aires y se recibió en 1917.
La primera arquitecta, estudio arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y se recibió en 1929, cuando tenía 27 años. Hasta entonces, había 485 graduados con el mismo título, pero todos eran hombres.
En la actualidad la población femenina universitaria argentina viene creciendo año a año, en el año 2022 las mujeres graduadas treparon al 64 por ciento del total, es decir dos de cada tres graduados son mujeres. Según la OCDE algo similar viene ocurriendo en todos los países.
Alcanzar la igualdad de género forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y uno de sus principales propósitos es eliminar todas las formas de discriminación hacia las mujeres y las niñas. Además, la Unesco afirmó que existe una relación entre el tiempo dedicado al estudio y el empoderamiento social y económico de las mujeres, además de otorgarles herramientas para las elecciones en la vida profesional y privada. Las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial y, por tanto, también la mitad de su potencia.
El incremento del porcentaje de mujeres graduadas en la universidad que se registra desde hace años implica un gran cambio en el panorama laboral, potenciando nuevas oportunidades y una modificación en la visión de la sociedad. Estamos en medio del cambio y avanzando a una velocidad importante.