Una mujer, un museo, una vida. La rutina demuestra su dulzura a través de su orden perenne. Como nada parece cambiar, o lo hace con lentitud, nuestra protagonista se siente segura. Sin embargo, la punzada siempre nos alcanza. Y cuando lo hace, la mirada cambia. ¿Hemos cumplido nuestros sueños? ¿El modo de vida que llevamos es el correcto? Cuántas cosas han quedado atrás y qué pocas, según se cumplen los años, van quedando a merced de nuestro sino. La crisis nos alcanza, las dudas y la revisión de los años transitados imponen su verdad.
La historiadora del arte y escritora Marta Orriols acaba de publicar la novela Al otro lado del miedo, publicada en su traducción en castellano por Editorial Destino. En este trabajo, Orriols centra su mirada en la crisis personal que vive la protagonista de su novela, Joana. A modo de delicada introspección sobre los habituales periodos de zozobra que nos acompañan a todos los seres humanos a lo largo de nuestra vida (las crisis son varias y frecuentes, aunque algunas pasen desapercibidas por su sutileza), la autora catalana decide narrar el año en el que su protagonista, mujer, cumple los cincuenta años de edad.
La vida de Joana es aparentemente buena: trabaja en un museo y disfruta de su labor; sus hijos van tomando su camino en la vida y ha recuperado la libertad de movimiento y de decisión previa a su matrimonio, ya roto. Pero cuando su exmarido le solicita el divorcio para poder desposarse con su nueva pareja, que espera un hijo suyo, la nostalgia conduce a Joana a un proceso interior de revisión.
Con suma brillantez al escoger el enfoque reflexivo de su protagonista, Orriols consigue trazar una novela de grata lectura, donde la prosa de cada página avanza sin titubeos, con un narrador externo y que ofrece al lector un servicio de guía por la narración, como si asistiésemos a una pieza artística que necesitase ser contemplada con detenimiento y contexto. Pero el enfoque que me parece todavía más enriquecedor y que convierte a esta novela en una lectura interesante es que consigue alcanzar una cierta universalidad durante el proceso de remembranza y acción de Joana.
En otras palabras, lejos de inventar recuerdos personalísimos y casi fantasiosos, o de acudir a lugares comunes, Orriols evoca momentos comunes a cualquier persona en los que el lector pueda reflejarse. Por ejemplo, las vivencias agradables y desagradables, como los amores perdidos o una terrible situación de presunto acoso que abate la mente de la protagonista. O el amor hacia los hijos, el deseo satisfecho y el insatisfecho, los sueños cumplidos, casi siempre a medias, los seres queridos a los que la muerte se llevó de nuestro lado. La autora permite, además, que en el breve tiempo narrativo en el que sucede esta novela (alrededor de un año de la vida de la protagonista) exista una evolución y un proceso de búsqueda que conducirán al personaje a un cambio intuido en su proceso vital. La Joana que leemos en las primeras páginas no es la misma que aparece en las palabras finales. Ni podría serlo: nadie, ni en la vida real ni en la ficción, sale indemne de una crisis vital.
Al otro lado del miedo hace honor a su título. Orriols ha sabido atrapar un momento que muy habitualmente suele incorporarse como parte de una narración más extensa y convertir la etapa de transformación en una novela que rezuma serenidad en su escritura como en su posterior lectura sin sucumbir al tedio lector ni a convecciones previsibles. Ante ustedes se ofrece una lectura agradable que merece la atención del lector que desea disfrutar de la literatura de calidad y oficio.