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Melones abiertos

jueves 27 de noviembre de 2008, 22:00h
En esta legislatura -de la que sólo han transcurrido ocho meses (aunque pasan como ocho años)- dominada por la recesión económica, queda poco espacio para las alegrías (y menos aún para las soleas y los fandangos). Desde luego es un tema antipatiquísimo y deprimente. La política, en este momento, es fuente de malas noticias y a los políticos se les hace cuesta arriba intentar abrir vías de escape, al modo de la exhibición del Día del Trabajo o de los partidos de la Eurocopa. Para hay que distraer, como sea, la atención.

El Juez Baltasar Garzón ha dado mucho juego y también, claro, los exabruptos de Cristina Almeida convertida en nueva Torquemada dispuesta a prender fuego a los libros con los que no está de acuerdo.

La silla del G-20 ha sido otro buen entretenimiento, así como los dimes y diretes sobre los rusos de Lukoil y el omnipresnte Luis del Rivero.

Pero en este equívoco contexto se han abierto algunos melones, como el de la ampliación de los tres supuestos de aborto o el de reconocimiento de la eutanasia activa. Se dice que se pretende abrir ambos debates, aunque se avanza a cierta velocidad para llegar al fin pretendido por más que se violenten algunos principios o alguna jurisprudencia por el camino.

Otro de los melones en el que se ha hincado el cuchillo es el electoral, materia en la que siempre se ha obrado con exquisito consenso. Además de las pretensiones tradicionales de Izquierda Unida de ampliar a 400 el número de diputados para incrementar la proporcionalidad (y sus escaños), o de los partidos nacionalistas de convertir en autonómica la circunscripción en las elecciones españolas al Parlamento Europeo, dos son las cuestiones más espinosas. De una parte, se pretende que voten más extranjeros en las elecciones locales (algunos, incluso proponen que, previa reforma constitucional, lo hagan en cualesquiera elecciones). De otra parte, se persigue modificar el procedimiento de voto de los españoles residentes en el extranjero.

Sobre la primera volveré en otro artículo. En cuanto a la segunda, hay que recordar algunos puntos: ha crecido espectacularmente el número de españoles censados como residentes en el extranjero, aun a pesar de la drástica reducción de la emigración española al exterior; en algunas circunscripciones y en algunas elecciones el voto de los residentes en el exterior es determinante para la adjudicación de uno de los escaños en juego; se produce la mágica coincidencia de que los emigrantes voten siempre por el partido en el poder.

Como es sabido, votan por correo a través de un complejísimo sistema y no personalmente en urna como los residentes en España. Se sugiere que puedan hacerlo en las Embajadas y Consulados, lo que es fácil de prever pero dificilísimo de articular dada la precariedad de medios de nuestra representación en el exterior y dada la enorme distancia a la que se encuentran Embajadas y Consulados de las ciudades en que los emigrantes residen. Otros proponen que se adscriba, al modo de la Asamblea de la República portuguesa, entre dos y cuatro escaños para la representación de la emigración, fórmula originalísima pero que puede requerir un retoque de la Constitución. Aún no he leído que nadie diga que es absolutamente improcedente que los que residen en Argentina o en Ucrania y no en España voten también en las elecciones locales y autonómicas. O incluso que muchos de ellos ejerzan el voto por dos veces, ¿Por qué ejercen dos soberanías?, en dos países: el de residencia y el nuestro.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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