Penetro en campo minado.
Reflexiono sobre la actualidad y encuentro, en mis “almacenes”, ideas que no sabía que estaban allí.
La Unión Europea, se va construyendo a partir del inicial Tratado de París de 1951, firmado por seis países, que se propusieron poner fin a la eterna guerra, que ha sido la sangrienta historia del continente, en el que, durante siglos, las naciones, inmolaban a sus ciudadanos, en la conquista o defensa de puñaditos de tierra, que cambiaban, una y otra vez, de propietario.
Este grupo inicial fue atrayendo a naciones europeas, que aceptaban las normas de convivencia, establecidas por las iniciales seis, llegando a las actuales veintisiete. Se soñaba alcanzar, en el futuro, la fusión total para formar una gran nación; pero el instinto territorial del europeo es demasiado poderoso para que eso se logre fácilmente.
El vínculo de Estados Unidos, herederos del espíritu belicoso de Europa, le ha hecho salir, dos veces, en defensa de la parte democrática de esta, que iba a ser engullida, primero por el Nacismo y después por El Comunismo. Y hasta selló, con ella, ese vínculo, con la formación de la OTAN, que la defendía de todos los demás.
Y traicionando el espíritu de Reagan, como expongo en mi anterior artículo, continuaron el acoso a Rusia, como si la “guerra fría” no hubiera terminado. Rusia, tan belicosa como las demás, trata de zafarse de ese acoso, ocupando, primero Crimea y ahora, invadiendo Ucrania, que está apoyada por Europa y EE.UU., en una guerra que dura tres años.
Y aquí llega el segundo mandato de Trump. A pesar de su comportamiento bravucón, él y su gente son pacifistas. Y no vienen a hacer la guerra, vienen a hacer negocios. Quieren prosperidad y pocas ideas. No tienen conciencia de la continuidad política de su pais y rompen con ella cambiando abruptamente las alianzas, si les parece conveniente. Se ríen de los europeos que están, todavia, dispuestos a hacer la guerra por cosas abstractas.
Menosprecian a la decadente Europa, que lleva un siglo arrastrando a EE. UU. a guerras ofensivas y defensivas, formada por minúsculos países, cuyos mandatarios, con ínfulas de estadistas mundiales, quieren ser tratados de igual a igual.
Va a romper ese vínculo. Parará la guerra de Ucrania, dando la razón a Putin, que se siente acosado por el oeste. Y va a decir a Europa que se defienda a sí misma, desamparada por la OTAN. Quiere jugar otra partida y el dice quien “tiene cartas” y quien no.
Mientras escribo esta reflexión veo el bochornoso espectáculo de Trump, en la “hospitalaria” Casa Blanca, ridiculizando y abroncando a Zelenski. Y amigos, veo en este, a Europa entera.
Es difícil decir ahora que Trump tiene razón. Como yo decía en mi artículo anterior, el comportamiento de los sucesores de Reagan y de Europa, respecto a Rusia, ha sido equivocado y nos ha llevado a la guerra que tenemos.
Trump, no se si basado en este supuesto, viene a revertir la situación. Otra cosa son las formas, que son tabernarias.
Yo creo que Trump prometió a Putin arreglarle el asunto de Ucrania. Y preparó a Zelenski la encerrona, en que este se avendría a una paz en las condiciones de Putin. Y se salió de madre al ver que no lo conseguía.
¡Y yo con estos pelos!. Ha exclamado la señorona Europa, cuando el impetuoso Trump, ha entrado en escena, comunicando unas decisiones y anticipando la próxima toma de otras, que obligan a Europa a levantarse, precipitadamente, de su siesta y disponerse a participar, si puede, en defensa de sus intereses.
Amigos, es la hora de Europa. O acepta ese reto de convertirse en una gran nación, dueña de sus destinos o continua su ridículo juego de hacer politiquilla, enviando a Bruselas, a los deshechos de tienta de la política nacional.