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TRIBUNA

Progresismo y pensamiento único

jueves 06 de marzo de 2025, 20:41h

Noah Harari se pregunta si podríamos poner el freno al avance descontrolado del progreso. Y contesta negativamente por dos razones: “porque nadie entiende el sistema suficientemente como para pararlo” y porque si pudiera ponerse el freno la economía que sustenta el sistema se hundiría” (Homo Deus). Pero la primera pregunta que hay que hacerse para hablar de progreso y progresismo, sin la cantinela ideológica propia de la izquierda, es en qué consiste el progreso, pregunta realmente endiablada. Aparte de que creo que sí se podría poner freno a ese “avance descontrolado”, de que habla Harari, dedicando todo el capital empleado en la producción superflua en la producción necesaria, y de paso hacer menos ricos a los países ricos y menos pobres a los países pobres, me pregunto si el progreso consiste en la creciente acumulación de cachivaches técnicos, resultado de los avances científicos y el consumo masivo de tales. Si esto fuera así, me atrevería a decir que entonces el hombre no se distinguiría de la hormiga que lleva su pajita al hormiguero o del simio que tira la fruta de un árbol con un palo, sino sólo por la cantidad, variedad y perfección de los instrumentos que utiliza, e incluso que nuestras organizaciones sociales son más deficientes que las suyas. Esto quiere decir que el hombre utiliza la razón con el mismo fin con que el animal usa el instinto, guiándose aquel por el mismo instinto. O sea, la ciencia utiliza lo que llamo razón positiva, lo mismo que hace la religión, utilizando la fe, que para Nietzsche y otros filósofos es simplemente un sustituto del instinto, que inventa inmortalidades, reencarnaciones y lo que haga falta para subsistir. Esta es la única explicación lógica de la permanencia de las religiones después de tantos siglos. Por eso también se apunta como la ciencia al progreso sin cuestionarlo. Frente a la razón positiva, en cambio, la razón crítica (la ciencia sólo es crítica en su esfera), se pregunta por el sentido del universo, de la vida, del hombre y de su acción. Y ahora, por ejemplo, desde el punto de vista axiológico y político, se pregunta cuáles son esos valores occidentales de los que Europa presume tanto y que darían sentido a su acción política. Desde luego, la paz, con la que soñaba Kant, no parece entrar en sus cálculos, vista la situación presente En Ucrania y Oriente Medio, ni a la izquierda ni a la derecha, donde destaca el pensamiento único. La izquierda, porque si pisa moqueta, se olvida de sus principios (¿recuerdan las manifestaciones masivas contra la guerra de Irak?) Y la derecha, porque a veces sigue borreguilmente el pensamiento único del globalismo.

Otro valor del que presume Occidente es la democracia y su promoción, que, en España, por poner el ejemplo más escandaloso, es sólo una palabra. Se supone que la democracia es el gobierno del pueblo, pero no ha habido en más de cuarenta años ni una consulta sobre nada, excepto para la elección de diputados. ¡Ah!, sí, un referéndum sobre la OTAN. De entrada, no, ¿recuerdan?, decía el PSOE. Pero, de salida, de cabeza. Y ahora, con lo de Ucrania, pobre televisión comprada por el Gobierno que se atreva a disentir del dictador Sánchez y de su amigo el “dictador” Zelensky, a quien Sánchez regala el dinero que le apetece sin pasar por ningún filtro democrático. ¿No es eso malversación de caudales públicos? Ni la Justicia ni la oposición hablan. ¡Misterio!

Es vergonzoso y deja en muy mal lugar a Europa que esta trate a Pedro Sánchez, el presidente de España, por si algún dirigente europeo no lo sabe, como si fuera un demócrata. Produciría risa si no produjera pena una España y una Europa que insultan a la oposición, porque lo de ultraderecha lo dicen como insulto, y hablan de un antidemocrático “cordón sanitario”, (en Alemania acaba de salirles el tiro por la culata), mientras la ultraizquierda, que es Sánchez y su Gobierno, parece no existir. Si Europa fuera realmente democrática tendría a Sánchez como un apestado, indigno de dirigir un país de la U.E. y digno, él sí, de todos los cordones sanitarios posibles. Creo que, en cualquier otro país, aunque no fuera europeo, la Justicia hubiera tomado ya cartas en el asunto y hubiera sentado a Sánchez en el banquillo. Ahora este se ha inventado una condonación de la deuda de las CCAA que no es tal, sino un simple reparto de ella para premiar con el dinero de todos los ciudadanos a los derrochadores y castigar a los ahorradores. Todo para librarse de una moción de confianza que le iban a plantar los catalanes y que sabía perdida. Y para librarse de la corrupción de su familia, gobierno y partido, pretende, además de mantener al presunto delincuente fiscal general del Estado, acabar con la acusación particular, que ha denunciado tanta corrupción.

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