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Novela

Olga Tokarczuk: Tierra de empusas

domingo 16 de marzo de 2025, 22:35h
Olga Tokarczuk: Tierra de empusas

Traducción de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Anagrama. Barcelona, 2025. 280 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 8,99 €. En la primera novela publicada después de que se le otorgara el Premio Nobel, la escritora polaca da una vuelta de tuerca a una emblemática novela de otro Nobel: “La montaña mágica”, de Thomas Mann

Por Carmen R. Santos

La montaña mágica, de Thomas Mann, cuyo centenario de publicación se celebró en 2024, es una de las cumbres de la narrativa del siglo XX, que ha alcanzado la categoría de clásico. Aunque con no poco de novela coral, a través de una gran galería de personajes, recordemos brevemente que se centra en la figura de Hans Castorp, un joven que va a visitar a su primo, Joachim Ziemssen, quien, enfermo de tuberculosis, está ingresado en el Sanatorio Internacional Berghof, en los Alpes Suizos. Además de familiares, Hans Castorp y Joachim Ziemssen son amigos y se hacen mutuas confidencias. Son, sin embargo, muy distintos en carácter y en intereses. En ellos, Thomas Mann establece un logrado juego de contraste, que lleva también a otros dos personajes fundamentales de la novela: Lodovico Settembrini y Leo Naphta, quienes se disputan convertirse en el mentor de Hans Castorp y lograr que se asiente en su respectiva cosmovisión, la humanista en el caso de Setembrini, y la radicalidad de Naphta, trufada de irracionalismo y ansias totalitarias.

La montaña mágica encierra una gran complejidad, aborda numerosos asuntos, y es proclive a diversas lecturas. No es extraño, pues, que haya atraído a un sinfín de lectores. Entre ellos a Olga Tokarczuk. La Premio Nobel polaca ha señalado: “He leído La montaña mágica muchas veces, y cada vez de manera diferente, lo que parece confirmar su brillantez. Hoy la percibo como una novela llena de ironía sobre cómo la cultura nos da recetas para comprender el mundo y nos ayuda a crearnos opiniones que consideramos propias. Es, sin duda, uno de los libros europeos más importantes, escrito tras la Gran Guerra, que subraya que los prejuicios a los que nos entregamos tienen consecuencias reales y concretas”.

Precisamente, en Tierra de empusas, aparecida tras la concesión del más alto galardón de las letras, está en su trasfondo la novela de Thomas Mann. Así, por un lado, es un homenaje, pero también una relectura en consonancia con su propia visión del mundo y del ser humano, en la que está muy presente su credo feminista.

La palabra “empusas” del título hace referencia a criaturas mitológicas de la Grecia antigua. Son hijas de la diosa Hécate, y pueden adoptar diversos disfraces. Viven en el inframundo, y se habla de ellas, entre otras obras, en la comedia Las ranas, de Aristófanes. El protagonista de Tierra de empusas es Mieczyslaw Wojnicz, un estudiante de ingeniería tímido y poco curtido en los avatares de la vida, a quien su padre ha enviado a un sanatorio ubicado en Görbersdorf, un pueblo de la Baja Silesia -lugar que existió realmente, y del que se incluye alguna fotografía en el libro- para curar su tuberculosis. Se nos sitúa en 1913, cuando ya suenan tambores de guerra. Mieczyslaw Wojnicz se aloja en una curiosa Pensión para Caballeros, cercana al sanatorio, regentada por Wilheim Opitz, que acoge a huéspedes de muy diversa procedencia y diferentes concepciones, que abarcan desde un catolicismo tradicional hasta un socialismo de cuño humanista. Todos aspiran a “educar” a Wojnicz, en especial August, defensor del progreso y la Ilustración y el conservador Lukas, con ecos de lo que ocurría en La montaña mágica, con Hans Castorp, Settembrini y Naphta.

Los alojados en la Pensión para Caballeros mantienen animadas charlas y debates donde hablan de todo lo divino y lo humano, y se preguntan si finalmente estallará la guerra. Cada uno expone su punto de vista, pero todos coinciden en un asunto recurrente que aborda la condición femenina. Las opiniones que vierten sobre las mujeres rezuman una profunda misoginia. Nunca se sabe qué quieren y se considera a la mujer un “parásito social”. Por eso hay que atarla en corto, ya que “controlada de forma adecuada, era capaz de trabajar en beneficio de la sociedad, por ejemplo, como madre”. Al final del libro, se incluye una nota donde se aclara que todas las ideas misóginas son una paráfrasis de textos de una nutrida lista de creadores de todos los tiempos y disciplinas -filosofía, narrativa, teatro, música entre los que se encuentran san Agustín, Shakespeare, Freud, Schopenhauer, Nietzsche, Sartre, Kerouac, Joseph Conrad, Richard Wagner, entre otros.

La novela no se nutre, no obstante, solo de esas conversaciones. Olga Tokarczuk introduce una trama de intriga, que nos habla de violencia. Así, se descubre el cadáver de la mujer del dueño de la pensión que al parecer se ha suicidado, aunque corren rumores de que no fue así, y también los hay sobre muertes violentas en las montañas que se producen cada año. ¿Quién los comete? A Mieczyslaw Wojnicz le cuentan leyendas de que en la región, en el siglo XVII, varias mujeres fueron acusadas de brujería y condenadas a la decapitación o la hoguera. Esto despertó el terror en muchas más, que se refugiaron en el monte.

A través de un singular narrador en plural femenino -que se relacionaría con ese “cuarto narrador” al que se refirió en el discurso en la ceremonia del Nobel-, de vez en cuando nos da ciertas pistas: “Nosotras consideramos que lo más interesante permanece siempre en la sombra, en aquello que no se ve”, que anticipan un desenlace un tanto radical, que no deja de ser sorprendente, aunque en correspondencia con su feminismo e interés por el asunto de la identidad, Olga Tokarczuk se ha lanzado al desafío de dar una vuelta de tuerca a una novela emblemática, demostrando, como en obras anteriores -Un lugar llamado Antaño, Los errantes y Los libros de Jacob…- su gran ambición literaria.

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