www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Sueños

domingo 23 de marzo de 2025, 18:01h

Últimamente me aproximo a la estaciones de autobús con la idea de soñar despierto: hay uno que sale hacia Bucarest, otro a Polonia, y el siguiente tiene por destino Kiev, donde los medios dicen que Rusia incomoda tanto a Ucrania que no se debe viajar.

Yo nunca he querido resultar herido durante un combate sin ser militar –o interesado– de alguno de los dos bandos. Pero debo reconocer que cuando se recrudeció el asunto Israel–Palestina, estuve barruntando el pasar una temporada en Haifa, atraído por su costa y esa complicadísima frontera con el Líbano: otro país al que las agencias de viajes ignoran.

Con esto quiero decir que cada uno sueña lo que le toca, y ya cuando está despierto, con lo que realmente desea. Y a mí un autobús de tres días camino de Donetsk me excita, qué quieren que les diga.

Hace poco charlaba con un amigo íntimo y de verdad sobre sus próximas vacaciones, en donde es probable que me visite junto a su familia en Bali, donde espero estar en verano, con la idea de ayudarle a entender esa isla tan comercial que en realidad es donde yo vivo, aunque dentro de poco y según barrunto, será donde yo vivía. Pero me sorprendió algo en su manera de entender sus vacaciones: la concentración concreta de días a disfrutar. No hay manera de soliviantar al calendario: te toca lo que te toca y no hay tu tía. Y como yo pasé por eso cuando era trabajador por cuenta ajena sometido a horarios y supervisores, sé lo que me digo.

Yo, por eso, y por el exagerado infantilismo que aún manejo, quiero regresar a Asia a lomos de aviones baratos, trenes, autobuses y hasta dentro del Transiberiano atravesando la estepa rusa, añadiendo que por ahora he preferido ignorar entre mis sueños mojados a Ulán Bator, por el excelso pasado que cometí en su término municipal allá por 2010, durante un julio milagroso que aún no ha sido contado.

Las agencias de viajes no se hicieron para mí como tampoco las hipotecas. Y quién sabe si tanta arrinconada soberbia no me llevará, en realidad, a quedarme varado en Irkutsk, tan cerca del lago Baikal, y buscar un café con acceso a internet para pedir cien dólares a algunos amigos antes de morir congelado en medio de la inmensa llanura siberiana, que tanto me satisfizo cuando mi vida veinteañera, casi igual de infantil que la de ahora, me dejaba muchas madrugadas poseído por el Solaris de Tarkovsky.

Un amigo –otro– me dice que viajo como si en realidad estuviera escapándome de mis supuestos captores. Que a mí la ETA no me habría echado el guante –ni el cargador contra mi nuca– en la puta vida. Pero no viajo así por eso. Sino por vivir. Por arrancar de los almanaques aquellos días que aún nos pertenecen a los que no tenemos ni hijos ni hipotecas ni, quién sabe, futuro

Y llegaré a Omsk, os lo aseguro, decidido a doblar mi nota final. Avisados quedan. Porque yo sí viajaré durante una semana en la tercera categoría de un tren ruso camino del extremo oriente. Un tren sin ducha pero con verdad. Todo lo que, si la humanidad buscara a destajo, acabaría por girar esta vida monótona que el resto cree que es, en realidad, la única vida posible.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios