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Diario

Anne Morrow Lindbergh: A Oriente por el norte

domingo 23 de marzo de 2025, 22:14h
Anne Morrow Lindbergh: A Oriente por el norte

Traducción de Blanca Gago. Nórdica. Madrid, 2025. 216 páginas. 21,50 €.

Por David Lorenzo Cardiel

Los europeos hemos albergado un sino peculiar. Estamos demasiado apegados al juego material de las apariencias. Comprendemos el mundo de forma demasiado compacta, sencilla: blanco o negro, simple o complejo, alto o bajo, bueno o malo. Esta mirada dual sobre el cosmos nos ha traído grandes bendiciones y otras muchas desgracias. Entre las bendiciones, el apego al hedonismo, a los placeres sensoriales, a la belleza y, de entre las cosas bellas, a la más elevada de todas, al conocimiento. Si la ciencia como se comprende a partir de Galileo prosperó en Europa de la mano de las civilizaciones mediterráneas fue gracias a este legado que comenzó en Oriente Próximo y en Egipto, y que alcanzó la primera de sus múltiples cumbres en la Grecia antigua.

Desde entonces, los europeos y sus herederos culturales, los habitantes de todo el continente americano, hemos buscado la tierra prometida. Bien por señal religiosa –el Paraíso–, bien por el choque con las civilizaciones persa, india y china, donde la abstracción y la interiorización epistémica del sujeto son predominantes, la inclinación por encontrar caminos seguros y directos hacia el «este» sigue siendo una obsesión perenne. En nuestros días no perseguimos crear nuevas rutas de la seda, sino cerrar nuevos acuerdos con la inmensa factoría que es China. Los españoles sabemos bastante de construir caminos hacia Oriente: en el siglo XVII, China y las provincias españolas intercambiaron productos de toda clase y la purísima plata extraída en el Potosí incentivando la idea del sueño productivo.

En este siglo se produjo, a mi juicio, el momento del cambio en la percepción sobre Oriente: con el informe negativo de conquista que el rey Felipe II recibió de sus embajadores ante la corte imperial Ming, las potencias europeas descubrieron que el este estaba a su disposición a través del comercio y la inmersión exótica en su sabiduría ancestral, ansiada desde la época arcaica griega, cuando se miraba a Egipto como tierra de misterio. Europa ya no quería conquistar Asia, sino controlar su economía, que produjera para nosotros. La geopolítica actual sigue vertebrándose sobre la satisfacción de este deseo.

He explicado todo este punto al lector para subrayar la importancia de A Oriente por el norte. Anne Morrow fue famosa por tres aspectos de su vida. Uno de ellos fue su condición literaria como escritora. Otra, ser una pionera de la aviación. El último aspecto tiene que ver con una doctrina jurídica norteamericana que lleva su apellido, la Ley Lindbergh, y que está vinculada a la tragedia que vivió cuando un asesino secuestró y acabó con la vida de uno de sus hijos.

En 1931, poco antes de que la desgracia azotara la vida del matrimonio Lindbergh, Anne y su esposo Charles se aventuraron en un objetivo delicado: inaugurar nuevas rutas de aviación entre América y Asia por el Círculo Polar Ártico. Para ello, la pareja de aviadores se entregó a una posibilidad de aventura casi imposible en nuestro tiempo, la expedición.

Así lo expresa la aviadora y escritora desde el principio del libro. Eran conscientes de que intentaban hacer algo que la humanidad llevaba tiempo obsesionada con lograr, salvo que en su época el medio de transporte no era a caballo o en barco, sino en aeroplano. «Llegar a Oriente por el norte no es una aventura nueva. La idea debió de surgir poco después del descubrimiento de América. Esa gran “isla” que se extendía a través de la ruta frustró los planes de los primeros exploradores que ansiaban “navegar por el este hacia el oeste” (…) No obstante, y a pesar de su valor, no lo lograron. Ningún paso se abrió antes de que, en 1576, los ávidos barcos de Martin Frobisher, seguidos por los de John Davis, lo consiguieran», cuenta Morrow.

Con una prosa directa, sencilla y de cálida lectura, que en ningún momento busca sorprender al lector con artificios narrativos, la autora recorre el periplo de la travesía que les llevó desde Canadá hasta China, no sin dificultades, pero sí consiguiendo un hito. Además de narrar un relato verídico, divertido y entretenido, A Oriente por el norte alberga la virtud de ser capaz de involucrar al lector en la aventura, desde descripciones del paisaje hasta impresiones del matrimonio de pilotos; desde una descripción detallada de los aperos y provisiones para cada escala del vuelo hasta la propia experiencia de volar, un estado de libertad y soledad difícil de entender si no se experimenta en solitario.

Este libro posee la épica del desafío desde la serenidad de una mente pragmática. En este sentido, A Oriente por el norte es la experiencia opuesta a Vuelo nocturno o Piloto de guerra, de Saint-Exupéry, donde los raides son descritos con un exceso de detalle, con un colapso de sensibilidad. Todo lo contrario, A Oriente por el norte se vertebra sobre la reflexión. Por eso es un libro tan especial: además de grato de leer constituye un testimonio esencial para conocer las aventuras de los pioneros de la aviación, y muy en concreto de una de las primeras mujeres piloto, con la belleza de un diario novelado.

Traducido del inglés de la mano de Blanca Gago, la editorial madrileña Nórdica ha editado un libro precioso y preciado, una de esas gemas colmadas de curiosidad y frescura literaria tan necesarias hoy en día, cuando el exceso en el uso de las tecnologías digitales, tan cerca de nuestros dedos que son capaces de situar el mundo, han destruido nuestro deseo de aventura y han recluido cualquier atisbo de inclinación cosmopolita a un aldeanismo soez.

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