Ha bastado que Trump amenace, a gritos, claro, con cerrar el paraguas de la OTAN, para que Europa despierte, aterrorizada, de sus muchos años de siesta. Crear la UE y acabar con las eternas guerras fratricidas agotó totalmente la inventiva de sus miembros, que actúan como si eso fuera el final del genial movimiento de aglutinación, cuando es solo el principio.
¡Ay Europa! ¡Te viene bien que te despierten! Estás en uno de los momentos decisivos de tu historia. Has tenido muchos. Los pueblos europeos han sido los más sangrientos, pero también los más creativos. Es ahora cuando esa creatividad se ha detenido. El mundo gira, pero sin ti.
Gorbachov y Reagan acabaron con la Guerra Fría, pero los presidentes que sucedieron a este, junto con Europa, la reactivaron, llevando la OTAN a países que Rusia considera dentro de su órbita. Quizá lo hacían en actitud de defensa desconfiada, pero Rusia lo interpreta como ofensiva provocadora. El temor y la ambición todavía están, vivos, a los dos lados. No olvidemos que Napoleón y Hitler, “occidente”, llegaron hasta Moscú. Ellos no lo olvidan.
Las guerras no las provocan las ideologías, sino el instinto territorial. Y los pueblos de Europa han peleado, eternamente, por mantener o ensanchar sus fronteras. El problema, ahora, es que ni la UE ni Rusia saben donde está su frontera común.
Es una zona caliente, con países que, “alguna vez”, han sido dominio físico o político de uno o de otro. Y eso, a lo largo de la historia, ha sido suficiente argumento para reclamar su propiedad o control. Situación endiablada y de difícil solución.
Occidente, EEUU y Europa, han extendido su ocupación o su influencia, hacia oriente, bajo el paraguas de la OTAN y Rusia, se siente engañada, menospreciada y amenazada.
Trata de sacudirse lo que considera una acción hostil y emprende acciones militares para ocupar territorios o lograr la dependencia política de los que, alguna vez, sometió o estuvieron en lo que considera su órbita. Se apodera de Crimea y después, de parte de Ucrania.
Y aquí interviene Trump. Va a cambiar de partida y el señala quien “tiene cartas”, en ella y quien no. Rompe con la política de sus predecesores demócratas haciendo que EEUU renuncie a su papel de participante en el conflicto, adoptando el de pacificador exterior.
Y claramente abandona a Europa, No habla con ella pues no sabe por dónde empezar, no sabe bien lo que es. No le interesa como aliada. Solo atiende, por cortesía, a los líderes europeos que van a verle.
Putin no quiere negociar con Ucrania, ni siquiera con Europa, con la que tampoco sabe hacerlo. Quiere el dominio del territorio ocupado, sin condiciones, a la espera de otro paso más, al oeste, en su avance territorial o de influencia, pues Europa ya tiene asimilados o bajo su influencia a países que Rusia considera que deben estar bajo la suya. Y no olvidemos que los rusos llegaron hasta Berlín.
Admite a EEUU, a Trump, no como negociador, sino como a un igual en el diálogo, como a un posible mensajero o como al factótum de la OTAN. Y Europa se ve, de pronto, sola, abandonada por EEUU y obligada a tomar sus propias decisiones en un conflicto abierto, en el que se ha involucrado.
Es un momento de gran confusión, en el que Europa tiene que buscar su camino cuando ni siquiera tiene una estructura que le permita atender una guerra, ni hay personajes capaces de imponer alguna idea salvadora. Es una nación en creación. Es alarmante el punto de desvalimiento en el que se encuentra.
La posición más inteligente de Europa sería volver al espíritu Reagan Gorbachov y convencerse, a sí misma y a Rusia de que la guerra fría se ha acabado. Pero, me temo, que, a estas alturas, eso es muy difícil, quizá imposible, por lo que mi pronóstico de futuro, a corto y a largo plazo es muy negativo.
Quizá Trump, ahí donde lo veis, pudiera ser la esperanza de hacernos, a todos, entrar en razón.