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entrevista

Carlos Duarte: "El mar esconde las claves para abastecer a un mundo insaciable"

sábado 29 de noviembre de 2008, 19:52h
Su predicción sobre un eventual derretimiento total del hielo ártico en 2015 levantó cierta polémica en círculos científicos
No se trataba de una predicción sin más, sino de un cálculo, una extrapolación. De seguir la tendencia actual, el hielo podría retirarse durante los veranos boreales antes de una década. Son datos constatados por satélites. Se está acelerando a grandes pasos el ritmo al que se funden los hielos. También se adelanta la primavera y se retrasa el otoño. Las últimas estimaciones sitúan entre 2020 y 2030 ese fenómeno, pero los cálculos aún no pueden reproducir lo ocurrido en 2007. Están subestimando la combinación de factores que se produjo. La comprensión del fenómeno es limitada, incluso para los mayores expertos. Los modelos están corrigiéndose constantemente y esperamos poder hacerlos más fiables pronto.

¿Con qué herramientas cuentan?
La observación directa que realizamos en la expedición al Ártico, a bordo del Buque de Investigación Oceanográfica de la Armada Hespérides y dentro de la campaña del Año Polar Internacional, más los datos de los satélites. Tenemos también mediciones del grosor de la capa de hielo, que realizan sofisticados equipos fondeados en el lecho del océano y submarinos que navegan bajo el casquete polar. El derretimiento no sólo se produce en la superficie, donde es más evidente, sino también en la parte sumergida. El grosor medio del hielo permanente era de dos a cuatro metros. Ahora es de sólo dos, incluso en invierno, lo que hace que el hielo sea más frágil.

¿Cómo afecta esto a la fauna?
Es dramático en especies emblemáticas como el oso polar. Vimos a muchos animales que eran incapaces de llegar a los grandes bloques de hielo, donde tienen sus territorios de caza o de alcanzar tierra, donde viven. Muchos se ahogaban, agotados, en el camino. Pero lo peor es cómo afecta el deshielo a la cadena alimenticia. Es un proceso complejo. Detectamos que, como consecuencia de un deshielo repentino y exageradamente abundante, se produjo una descarga de contaminantes retenidos durante la era industrial, como los PCBs, que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, es uno de los doce contaminantes más nocivos fabricados por el hombre y cuyo uso está prohibido en casi todo el mundo. También desarrollamos una nueva tecnología para medir un contaminante que proviene de la fabricación de lociones para el afeitado, que es muy volátil y se deposita en superficies frías, por lo que suelen acabar en los polos a través de la atmósfera, a pesar de haber sido originados a miles de kilómetros. Se han acumulado ahí durante décadas y, al derretirse el hielo polar, se libera al agua oceánica afectando a los ecosistemas marinos.

¿De qué forma?
Detectamos, que, merced a este vertido, la base de la cadena trófica, el plancton, que es como la «hierba» del mar, se redujo hasta un 60 por ciento, afectando a toda la fauna pelágica (de alta mar).

También se abrió el mítico Paso del Noroeste y se ha iniciado una disputa internacional por los derechos de explotación de las riquezas árticas
Es un paso marítimo que une el Pacífico y el Atlántico por la costa ártica de Canadá. Sólo hay constancia de que se haya abierto una sola vez en la Historia. Para encontrar una situación similar hay que remontarse 100.000 años, o millones, para encontrarnos con un Polo Norte sin hielo. Otro dato que demuestra el alto nivel de deshielo: el verano de 2007, un rompehielos se pudo acercar hasta casi el Polo Norte desde Asia, donde más hielo se perdió. En cuanto a la disputa entre Rusia, Canadá y Dinamarca, cuyo principal objeto es el supuesto petróleo del fondo marino, creo que debería establecerse una moratoria como la que protege el Antártico.



¿Qué relación tiene el deshielo con las emisiones de CO2?
Tiene una relación indirecta, porque la enorme cantidad de gases que generan China e India se mezclan en la atmósfera con relativa rapidez, antes de poder alcanzar el polo, pero sí influyen indirectamente al elevar la temperatura global por el efecto invernadero.

¿Qué ecosistemas son más frágiles?
Los mares «pequeños», como el Mediterráneo. Los arrecifes de coral, que son como las selvas del mar, están ya muy afectados. Incluso en España tenemos el llamado coral blanco de profundidad, un ecosistema descubierto recientemente a entre 300 y 500 metros por compañeros míos del CSIC en Barcelona. Lo malo es que, aparte del calentamiento global, estos ecosistemas ya están dañados por la pesca de arrastre y la basura.

¿En qué situación se encuentran el asunto de la sobreexplotación pesquera?
Hay pesquerías que se encuentran en un punto crítico, como la anchoa cantábrica y el atún rojo mediterráneo, y la situación no tiene visos de mejorar, porque la presión sobre los caladeros no para de aumentar y muchas especies se encuentran al límite, mientras se siguen explotando nuevos caladeros en todo el mundo.

¿Qué solución tiene el problema?
La acuicultura puede aliviar la situación, de hecho ya lo hace, aunque no enteramente, porque también es cierto que para alimentar las piscifactorías se utiliza harina de pescado, que también sale del mar. Es muy importante minimizar su impacto, pero es donde está la clave para abastecer a un mundo insaciable, ya que puede asegurar la provisión de alimentos a largo plazo. Es crucial mantener en buena forma los ecosistemas marinos no sólo para el buen funcionamiento de la biosfera, de la que dependemos todos, sino también por el propio clima y la protección que ofrecen las praderas submarinas, manglares y arrecifes de coral frente a tempestades. También están las plagas de medusas, que pueden suponer un gran perjuicio económico para el turismo en el Mediterráneo.

Algunos gobiernos están poniendo trabas a este tipo de instalaciones, como el de Galicia, que prohibió una planta de 140 millones de euros que Pescanova quería construir en el cabo Turiñán (La Coruña)
Hay que tener una visión global. El caso de esa gran piscifactoría de rodaballo es paradigmático. La Xunta la prohibió, pero Portugal la autorizó. El prejuicio económico es para España, pero el medioambiental es igual o puede que peor. De todas formas, cada vez hay diseños de plantas con menor impacto. La acuicultura va a jugar un papel clave, insisto. La agricultura y la ganadería lo han hecho durante 10.000 años, y su impacto ambiental ha sido alto, ha cambiado la faz de la tierra, pero cada vez hay más modelos que no dañan tanto el entorno. No tiene por qué verse como un sector dañino, tiene la capacidad y la necesidad de evolucionar en ese sentido.

¿Y el tema de las desaladoras?
El problema de las desaladoras es la gestión de los residuos. El vertido de salmuera afecta a las praderas de posidonia, que es un hábitat muy rico de nuestras costas. Se debe mejorar su tratamiento.

La energía eléctrica cada vez mira más al mar: nuclear, eólica, maremotriz...
En Francia tienen casi todas sus centrales nucleares en la costa; en España sólo la de Vandellós. Existe un evidente peligro de accidente. Sabemos que, además, en esas aguas hay impactos en los ecosistemas por el calentamiento del agua que generan las centrales.
La energía eólica de alta mar me parece una solución razonable, no objetable, porque no afea el paisaje y afecta menos a las aves que en tierra. La energía maremotriz, que aprovecha las mareas, las olas y las corrientes submarinas, es una gran oportunidad que no se debe desaprovechar. Ya se están construyendo instalaciones de este tipo en países como Portugal y Reino Unido.

¿Qué opina de la caza de ballenas?
Sólo Japón continúa, bajo la excusa del «estudio científico». Esta práctica debería erradicarse total y definitivamente; las poblaciones de cetáceos están en su límite de explotación, en algunos casos en situación crítica. Incluso desde un punto de vista ético, hasta para investigar con ratones de laboratorio hay que justificarlo, pero Japón no puede justificar la caza ni para alimentación ni como tradición.

¿En qué situación se encuentra España a nivel investigador?
Hemos experimentado una evolución adecuada en los últimos años, en los que se han aumentado las inversiones sensiblemente. Ya somos el octavo país investigador del mundo y el cuarto de Europa, pero esta no es la estación final, hay que mantener el ritmo para mejorar la sociedad en su conjunto, que es el fin último de la ciencia. No debemos conformarnos con eso, debemos redoblar el esfuerzo en los próximos años para ponernos al nivel de los países punteros en ciencia.

¿Cuáles son los «peros»?
Quisimos llamar la atención sobre el hecho de que el progreso de la comunidad científica ha sido más rápido que el de la sociedad para asimilar la información y los descubrimientos. Es necesario fomentar la cultura científica de la gente.

El Informe Pisa no pinta bien en España precisamente...
Es verdaderamente preocupante; creo urgente y necesario llevar a cabo un esfuerzo en educación y difusión, promover la participación de los científicos en la sociedad, activamente en los medios de comunicación, en las ferias y congresos, en la universidad. No se debe esperar a que sean los ciudadanos los que se acerquen a nosotros, sino despertar su curiosidad, hacer que tengan hambre de conocimiento.