En el presente año dos mujeres se han llevado los titulares y muy merecidamente. Por un lado, el Papa Francisco nombró gobernadora del Vaticano a Sor Raffaella Petrini, quien antes fue su subgobernadora (d. 2021) y asumió su cargo el pasado 1 de marzo. Por el otro, en su asamblea 144º, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha elegido a la exatleta de Zimbabue Kris Coventry como su nueva titular –la primera mujer que se candidatea en la Historia– quien sustituirá al alemán Thomas Bach el próximo 23 de junio, Día Mundial del Olimpismo.
Para el caso de la primera, recibe un doble nombramiento: presidenta de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano y ahora presidenta de la Gobernación de tal, de forma que su cargo consiste en regir la urbe que alberga a la Santa Sede y emprender tareas propias de buen gobierno y gobernanza, tan ligadas a su adecuada gobernación. Alguna publicación de tiempo atrás utilizó un vocablo peculiar: gobernorato. Me agrada. Y es inusitado el nombramiento, pese a que ya desde hace cuatro años asistía al saliente cardenal español Vérgez al punto que, sí, incluso, ha causado injustificable y cuestionable rechazo en ciertos sectores –¿debo llamarlos retros o extraviados, navegando en su ignorancia o prejuicios inaceptables?– que se pronuncian marcando un vergonzante desprecio a que sea una mujer quien presida y suceda en las redes sociales de significativa existencia como Vatican News o Aci Prensa, con comentarios vejatorios. Qué lástima. Qué ceguera y qué intolerancia. No es la primera mujer en torno al Papa y las hay en trincheras tan diversas como Barbara Jatta dirigiendo los Museos Vaticanos. Qué bien que incrementen su número.
No es dogma de fe que un varón siempre deba administrar la Ciudad del Vaticano. Ergo, no tiene que ser un cargo vedado a mujeres y oponerse o mofarse de que se asigne a una, es perder los papeles. ¡Por Dios! no se eligió o se impuso a una papisa al frente de la Iglesia católica, si tanto les incomoda ver a una mujer en cargos relevantes. Es que de verdad...
Y, sin duda, se trata de un cargo relevante y merece ponerse el acento en la designación, porque ¿es cuestionable que presida una mujer la conducción del día a día de las actividades cotidianas de la Ciudad del Vaticano? son actividades que, bien llevadas, abonan, lustran las acciones y significados de la Santa Sede. ¿Mujeres, no? no hay razón para ello.
El otro nombramiento que ha de celebrarse es el de Kirsty Coventry como titular del COI. La primera mujer que lo preside y es africana, dotando así de una doble visibilidad tanto a las mujeres como a su continente; visibilidad inconmensurable que potencia el rol de las mujeres en el deporte accediendo también a cargos de poder y ni más ni menos que este, la presidencia del Comité que lidera al movimiento olímpico, lo cual es tanto como decir al deporte mundial en su casi totalidad y en las asignaturas más relevantes. Casi nada, ya se ve.
No puede callarse lo mal recibida que fue en cierta prensa. A lo mejor querían a Samaranch, pero, la verdad, ni el COI debe ser coto de nadie y de los Samaranch ya tuvimos suficiente y nunca segundas partes fueron buenas. Que si está a la sombra de Bach, que si no ha dicho mucho en pro de las mujeres, que si no se opuso al gobierno dictatorial zimbabuense –¿tenía que hacerlo?– y así. La verdad, muchos remilgos para la ganadora y es inaceptable. Lo de siempre. Va por 8 años. A ver qué ofrece. Bach no pudo agenciarse Berlín 2036 como Samaranch sí Barcelona’92. Me interesa saber qué hará ella con la sede de ese año.
Es una extraordinaria ocasión y un significativo día, no solo por empoderar sino, por dotar de una visión renovada a un asunto –el olimpismo– que merece hace tiempo deshacerse de ciertas miradas algo vetustas. Sí, es de suponerse que Coventry no se puede salir del guion, pero su margen de acción lo dará en gran medida su carisma, su inteligencia, su capacidad para afrontar, para introducir los temas y los cambios necesarios. Bach fue un líder y supo dotar al movimiento olímpico de la razonable dignidad y la acertada guía que necesitaba luego de los soporíferos años del belga Rogge.
Le dije a usted hace 8 años en esta misma su columna leída en ambos hemisferios, que Bach, como buen alemán, pondría disciplina y dirección. Lo hizo. Vendrán nuevo retos –de la IA o la alta tecnología aplicada al deporte, a los transgéneros, el golpeteo entre potencias que rebota en el deporte de manera inevitable y usado como piedra arrojadiza, y las nuevas sedes que doten de viabilidad al movimiento olímpico. Sin embargo, acaso cabría desear que esta funcionaria africana pueda impulsar al serlo y de alguna manera, que bajo una suerte de pacto se busque una sede para África. Podría explorarse designar una a futuro mediano y con un gran compromiso mundial trabajara todo el planeta en esa sede. Es una deuda del olimpismo con África, que jamás ha albergado unos Juegos Olímpicos. La universalidad de los Juegos Olímpicos no está completa al día de hoy por esa razón, mientras falte la sede en el otrora llamado continente negro.
Por lo demás me resulta otra excelente noticia que ella consiga presidir al COI.
Por lo pronto, ambas noticias son formidables. Y ambas personas prometen grandes acciones en su ámbito y la condición de ser mujeres es un elemento clave. Marcan derroteros y sientan precedentes.