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TRIBUNA

Audiencias

domingo 20 de abril de 2025, 18:22h

Desde hace cuatro meses trato de abrirme camino a través de YouTube, que sin yo haberlo sospechado, se está convirtiendo en la nueva televisión. No entraré en el topicazo de que llevo treinta años sin tele, porque a su vez me tiro varias horas enganchado, cada día, a la pantalla del teléfono móvil; en mi caso por trabajo. Porque de una forma u otra estamos sometidos a las leyes del mercado, que a veces cambian el tipo de pantalla para hacernos creer superiores, pero que en realidad nos tienen sometidos por completo: las televisiones, aunque con menor influencia, siguen funcionando, cuando utilizamos los portátiles, los móviles y parecidos para seguir enganchados. O sea: hemos ascendido en pérdida de tiempo, aunque nos creamos sobresalientes, como tantos, por estar atravesando la mejor de las épocas, cuando muy posiblemente sea todo lo contrario y una rotunda guerra mundial nos arroje a la transparente realidad: desde que comenzó este siglo XXI estamos hechos unos zorros, esencialmente a nivel mental.

Como les decía, manejo un novicio canal en YouTube, que gracias a los asuntos de Daniel Sancho y sus adyacentes –soy el autor del libro Muerte en Tailandia– me permite calibrar buena parte de la realidad y no de aquella que nos imaginamos o simplemente creemos.

Yo inauguré mi canal con un directo que sobrepasó las 20.000 visitas. Veinte mil tipos a la vez viendo lo que yo decía. Y de ahí hasta rozar, aunque fuera por una sola vez, las 40.000. En general, transitaba entre las 21.000 y las 30.000, hasta que, augurándome un futuro bien incierto gracias a que algún santo día el caso Sancho habrá pasado a mejor vida –sorprende que el asunto de marras lleve visos de disponer de más longevidad que el pobre doctor Arrieta tuvo de vida–, me atreví a iniciar con mis seguidores nuevas secciones en mis episodios, que a veces, versaban casi en su totalidad sobre qué hacer con los temas a tratar en un futuro cercano, cómo regresar a Asia o, en su momento menos álgido, explicarles mi vida en China, Camboya o Bali, cuando estoy seguro que acabaré hablando de mis miserias menos trascendentes cuando se me acabe la mecha, como por ejemplo, comentar qué tal me va cuando acudo al baño.

Pues bien, si al plantearles cómo reconducir el futuro cercano sobrepasé a duras penas las 17.000 visitas, sólo fueron 12.500 los que quisieron saber cómo me planteo regresar a Asia el mes que viene, cuando el colmo tocó techo la semana pasada, ya que aún ni he alcanzado los 10.000 visitantes cuando trataba de explicarles, con datos certeros y humor encomiable, mi vida y obra en China, donde residí durante seis años bajo en yugo del dictador Hu Jintao.

Como llevo poco tiempo en esta disyuntiva que se está convirtiendo en mi modus vivendi, tampoco ennegrecí demasiado mi mente: debe ser que al inicio yo era un boom y que ya no lo soy, pensé. Pero ayer mismo –escribo un domingo de ramos– emití mi episodio número 22, que en sólo veinticuatro horas, ha tocado las 24.000 visualizaciones, lo que le convertirá en los próximos días en un video que superará con creces las 30.000 visitas, o dicho de otro modo, el triple de los visionaron mi anterior trabajo.

Debe quedar claro que para todo existe una razón. Y que la que justifica este estudio, algo superfluo aunque concreto, no es otra que los temas que trato en mi canal, cuando el de ayer fue sacar a la luz las negligencias de un abogado orgulloso de su labor televisiva además de los vergonzantes ataques de un señor que fue mi amigo y, que compitiendo en escritura y canal de YouTube, ha enloquecido, según mi punto de vista que suelo considerar, de manera partidista, ecuánime.

Me queda claro que la profundidad que trato de enhebrar en mis directos no es esencial. Porque aunque haya hablado de Nietzsche, Mishima, Pynchon o de Séneca, cuando he leído versos tanto de Fonollosa, como de Paul Morand o de Eduard Farràs, me ha quedado bien claro que si me follara a la Pantoja y lo contara con todo lujo de detalles hoy sería millonario, y Neal Mohan, CEO de YouTube, aún más.

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