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TOROS

Crónica taurina. Sevilla: La grandeza de Escribano y Luque frente a la racanería del público

El diestro Manuel Escribano.
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El diestro Manuel Escribano. (Foto: EFE)
domingo 04 de mayo de 2025, 09:31h
Actualizado el: 04 de mayo de 2025, 13:15h

Qué difícil es enfrentarse a una fiera en el ruedo y a miles de fieras en el tendido a la vez. Y no lo digo yo, sino un clásico que seguro lo conocen. Hasta saben en qué tomo del Cossío está recogido. Ahora bien, a la tarde de la Real Maestranza de Sevilla: ¡qué poca cosa es esta afición! Mucha chaqueta, mucho puro de bodega, mucha “grasia”, mucha gafa de diseño, pero qué poca cintura, qué menguada la generosidad a la hora de reconocer los méritos… ¡Qué pena! Una gran tarde de Manuel Escribano y de Daniel Luque. Impresionantes son estas dos figuras de toreo por sus méritos y no por los cacareos de la prensa. ¡Qué ánimo, qué fuerza y qué grandeza en el ruedo! Claro, frente a tanta cobardía en el tendido, no podían sino salir de la plaza andando.

Sin embargo, la gesta queda para siempre y borra a los rácanos del tendido. Esa es la grandeza del toreo frente a un bicho fiero y apenas dominable de Victorino Martín. Venerado (2º 2/20), un toro entipado, salió frenando y perdiendo las manos. Escribano le puso tres pares, calculando los terrenos al milímetro. Al tercer par el animal le esperaba con todas las ganas. Muleta en mano, el matador sacó una faena de la nada. Nadie vio ni predijo una obra de tandas largas por ambas manos a un marrajo tan aquerenciado. Las miradas, el gazapeo, y otras “lindezas” fueron aguantadas con estoico valor por Escribano, imponiéndose al marrajo, y se lo enroscó en la cintura al natural. En un pinchazo vio el público un pretexto para desistir de la petición. Mosquetón (5º 1/20) fue un buen mozo, a pesar de desarrollar ciertas golferías de los de su estirpe. Citado a porta gayola, llevado a una mano, Escribano le hizo un quite por verónicas, rematadas con una media y una entera de cartel. Se la jugó de nuevo con los avivadores en las manos. Citó subido al estribo y sentado en el mismo sitió le concedió al toro todo el redondel para jugársela entre los pitones y las tablas. La flámula en la mano, el diestro llevó al animal por abajo, templando, descifrando sus flaquezas e imponiéndose con templanza por ambas manos. En un instante los contrarios se cruzaron las miradas y el diestro lo aguantó, pero el animal se ha venido abajo. La espada entró hasta los gavilanes. Dos orejas.

Daniel Luque hizo el quite a Venerado, pero donde le esperaba una gran entrega y labor fue con Pesador (3º 1/20). Es difícil describir lo prodigioso. Todo comenzó con el percal en la mano: el burel le enganchó el percal, pero Luque lo abordó toreando al bicharraco con el capote en una mano. Ay, qué pocos se acordarán de Gallito o de Morante… Con los ayudados a lo celeste imperio, un toque perceptible sólo por el astado, construyó una obra de grandeza, ánimo y valor. Si el animal se paraba a pensar, Luque se cruzaba; si el bicorne le miraba, el diestro le desafiaba; si la fiera buscaba el refugio, Luque se crecía y le retaba más a la pelea de tú a tú. La estocada entera, pero con cierto desvío de la hoja. Ya que todo hoy se calculaba con esmerada precisión con un transportador de ángulos o, quizás, con un astrolabio, no hubo petición. Estudioso (6º12/19) no tuvo ni un pase limpio. Sólo tenía sentido para ir a por el diestro, acecharlo, arrinconarlo, quitarlo de por medio para largarse a la querencia.

El Cid estuvo acertado con sus dos toros. Las faenas a Planetario (1º 2/20) y a Cucador (4º 12/19) tuvieron franqueza del planteamiento, el gran esfuerzo para el dominio y el conocimiento a no dejarles ir a la querencia. La espada no acompañó los méritos de las faenas.

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