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Gobierno y desgobierno en Venezuela

lunes 01 de diciembre de 2008, 23:01h
En una época se dijo que aquella democracia que había en Venezuela era posible por los recursos que proporcionaba el petróleo. Lo mismo podría decirse actualmente sólo que ni se sabe qué sistema tenemos ni aun si es tal sistema. Las secuelas de los resultados electorales del 23 de noviembre llevan incluso a pensar que ni siquiera hay un gobierno por lo que habría que concluir que el petróleo también sirve para sustentar el caos. En efecto eso que llaman Ejecutivo, pero que también es Legislativo y Judicial todo a una, ha decidido hacer saber a los adversarios, triunfantes electoralmente frente a él, que no les dará tregua e impedirá su gestión. Un inefable alcalde declara, por ejemplo, que él y los otros 14 colegas, que lo acompañan a la cabeza de otras tantas instancias municipales gobernarán directamente con Chávez por encima de la autoridad elegida para el estado Miranda. Presenciamos, además, una acelerada operación de desmantelamiento de despachos; de traslado de organismos públicos a la jurisdicción del poder central; de acusaciones a los opositores, que aun no habían asumido sus cargos, de despedir funcionarios y eliminar dependencias administrativas caras al chavismo; el mismísimo Presidente de la República delinea ya planes represivos contra una conspiración en marcha que pretendería cercarlo territorialmente y pone a sus partidarios en alerta bélica; por otra parte acciones ya en marcha aceleran su ritmo de aplicación: una operación de encarcelamiento al gobernador del Zulia y los pasos necesarios para otro cierre de un canal televisivo, de manera que en el ámbito privado ya sólo queden medios de comunicación amedrentados o en crisis como los impresos.

Las perspectivas que así se abren solamente las podrán enfrentar espíritus fuertes y templados y por demás políticamente creativos. Si los hay es cuestión de tiempo para que terminen prevaleciendo porque el lado oficial no las tiene todas consigo. Podrá haber obtenido cifras electorales mayores en términos absolutos pero las proporciones relativas y los márgenes indican un paulatino deterioro; podrá haber neutralizado la disidencia interna pero que esta exista demuestra que no es omnímoda la autoridad del jefe máximo y que no sólo solo tendrá que consumir energías en destruir la oposición sino también contra quienes fueron sus aliados.

De esta manera lo que hace que el caso venezolano sea tan interesante no son los acontecimientos coyunturales sino la escala del experimento de desgobierno que significa y de las lecciones que implica para la teoría política. Se trata de un país donde no se gobierna sino se exaspera. Que no se gobierne resulta paradójico pues toda la concepción del chavismo ha sido desde sus inicios un planteamiento de concentración del poder, una idea de que solo se podían lograr sus objetivos mediante una jefatura única de toda la sociedad. La concentración del poder ciertamente se ha logrado pero es un poder que solo es bueno para mantener vivo el conflicto; la jefatura parece consolidada pero cada vez más sus seguidores se convierten en gente atemorizada e incapaz de iniciativas propias. No es fácil tener acceso a los datos pero las circunstancias estructurales apuntadas sugieren fuertemente la plausibilidad de la hipótesis de un inmenso desorden en el seno de la maquinaria administrativa y efectos desastrosos de una conducción cuyas metas son principalmente delirios. Basta oír solamente 15 minutos de alguno de los frecuentes y largos discursos de Chávez para darse cuenta que aquello no tiene pies ni cabeza que se trata de una oscilación permanente entre desmesurados proyectos de gobierno que nunca concluyen o son abandonados en el camino y la permanente agitación a la manera de una suerte de revolución cultural de baja intensidad pero que lleva en sí los gérmenes de su destrucción.

Se trata, pues, de un parapeto y no de un estado; que no llega a la entropía final por la cuantía de recursos proporcionados por los precios del petróleo. El tambaleo de ese factor es preocupante en si mismo pero también porque lo tendrá que sobrellevar una empresa petrolera –PDVSA—sobre extendida en sus funciones (hasta comercializadora de alimentos es) e ineficiente. En medio de tan sombrío panorama hay que destacar que los opositores elegidos son, unos hombres jóvenes que, por lo tanto, tienen la energía para ver en lo que les ha tocado más oportunidades que dificultades; otros más experimentados pero todos fogueados en diez años de lucha; han sobrellevado ataques y hasta carcelazos pero, además, tienen obra de gobierno tras sí de modo que su elección es también una reelección y no se explica sólo por que la gente votó contra Chávez y se hubiera ahorcado en cualquier palo. Serán ingentes y cotidianos los obstáculos que tendrán que superar pero el chavismo puede estar creando, sin quererlo, una alternativa política más capacitada y en condiciones de evitar el naufragio del estado.
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