Investigadores de la EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana) han desarrollado un pequeño robot acuático con forma de bote que no solo es biodegradable y comestible, sino que también puede alimentar a los peces mientras monitorea la calidad del agua. El avance, publicado en Nature Communications, combina ingeniería ecológica, robótica blanda y principios de locomoción inspirados en insectos acuáticos.
El secreto de su movimiento radica en el efecto Marangoni, el mismo fenómeno físico que algunos insectos usan para deslizarse por la superficie del agua. En este robot, una reacción química entre ácido cítrico y bicarbonato de sodio genera dióxido de carbono, que empuja un canal de combustible con propilenglicol, reduciendo la tensión superficial y permitiéndole avanzar.
A diferencia de los robots convencionales, este está fabricado con materiales comestibles y no tóxicos, como alimento para peces con alto contenido proteico. Al terminar su vida útil, el robot no solo se descompone sin dañar el ecosistema, sino que también puede servir como fuente de nutrientes para la fauna acuática.
Aunque no cuentan con un sistema de navegación complejo, los ingenieros han diseñado versiones que giran a la izquierda o a la derecha, lo cual es suficiente para dispersarlos aleatoriamente sobre lagos o estanques. Esta estrategia, que imita los patrones de movimiento de insectos, permitiría usar los robots para distribuir medicamentos o nutrientes, e incluso estimular el comportamiento cognitivo de peces.
Además de su función ambiental, estos robots representan un paso adelante en el campo emergente de la robótica comestible. El laboratorio suizo ya ha desarrollado componentes como actuadores blandos, circuitos fluidos y tintas comestibles para aplicaciones agrícolas y alimenticias.