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DESDE ULTRAMAR

Acribillar diplomáticos, funcionarios e ideas

Marcos Marín Amezcua
jueves 29 de mayo de 2025, 19:01h

Parece que de un tiempo a la fecha es acuciante el violentar arteramente las normas más elementales de convivencia humana y las establecidas para que aquella se verifique en los mejores términos.

No es que se acabe de inventar la violencia, pero sí que resalta su utilización cancelando otros métodos y caminos preestablecidos y que eran admitidos por todos para encausar casos conflictivos, buscando ahora imponer condiciones a mansalva sin ánimo de contribuir a la paz duradera y justa para todos.

Así, cuando pensábamos que no se iría a más de aquella ocasión en que un loco desquiciado mató a bocajarro al embajador ruso frente a la prensa en 2016 en Turquía, asistimos atónitos a la invasión de la embajada de México en Ecuador (abril de 2024) por el frívolo presidente Noboa –“esto se resuelve en una reunión con tacos y ceviche” dijo el invasor de territorio mexicano y violador de las más elementales reglas diplomáticas– en un acto sin precedentes que fue condenando por la Corte Internacional de Justicia. Como diría un conocido diplomático brasileño: la inmunidad de la embajada era de lo poco que faltaba por violarse desde un gobierno anfitrión con sus fuerzas de seguridad y sucedió, cabiendo esa vergüenza de perpetrarlo a Ecuador.

Cuando aconteció tan deplorable suceso, habíamos visto el ataque de Israel al consulado iraní en Siria una semana antes de la agresión perpetrada por Ecuador a la representación diplomática mexicana violentando las Convenciones de Caracas y de Viena sobre relaciones diplomáticas. Todo sin poca ni más vergüenza. Lo del consulado fue otra vergüenza que mancha el nombre de Israel.

Apenas hace unos días, fuerzas israelíes dispararon impunemente contra diplomáticos extranjeros que estaban recorriendo Cisjordania, pretextando que iban sobre una zona prohibida, violentando de nueva cuenta otra vez la Convención de Viena ya aludida de la que Israel, siendo parte y como dijo certeramente el secretario general de Naciones Unidas, y por ser parte está obligado a cumplirla. Una mancha más para Israel emprendiendo su política de exterminio en Gaza y sus amagos de anexión en Cisjordania, que explicaban la presencia de diplomáticos buscando llamar la atención del abuso a cometerse. Parece que ostentarse como persona o espacio diplomático ya no vale nada en nuestros días. Deplorable.

Acababa de suceder tan nefando hecho que solo ilustra al impresentable y exterminador gobierno israelí, cuyo titular está sentenciado como criminal de guerra y repetirlo no es ser antisemita, solo es señalar lo que debe ser señalado, nada más; cuando se produjo el asesinato de dos diplomáticos israelíes en Washington. Ahí sí, Israel exige explicaciones. Esas que no le ha dado al gobierno mexicano que también se las ha exigido, pues en el ataque a diplomáticos del 21 de mayo antes aludido, iban diplomáticos mexicanos (y españoles). Doble racero el que usan los israelíes y abona a su ya no execrable, sino abominable conducta en Gaza –donde sus funcionarios reconocen que desean su anexión y exterminar a sus habitantes, con lo cual a confesión de parte, relevo de pruebas– y a su pésima imagen mundial que se está reflejando en abucheos a sus funcionarios y a sus ciudadanos, pues cada vez más se impone la verdad en el exterminio que practican en Gaza y señalarlo es indispensable y no coloca a quien lo haga como antisemita y quien sostenga que sí, miente y tergiversa mañosamente la realidad con argumentos falaces, inaceptables y que deben rechazarse esas argucias discursivas defendiendo semejante crimen. Palestina también tiene derecho a existir.

Por si faltara, asesinaron a plena luz del día a la secretaria particular y a un funcionario cercano a ella de la jefa de gobierno de la capital mexicana, Clara Brugada. La jefa de gobierno de la Ciudad de México dice que no había recibido amenazas. ¡Hombre! será que no acusa recibo, que no se entera de la amenaza mayúscula que recibió matándole a sus dos colaboradores más cercanos y en el mismo sitio. Queda claro que la jefa de gobierno ha tocado intereses. Nadie va por ahí matando servidores públicos por afición y la violencia siempre tiene causas explicables, que no justificables. Denota la carencia total del respeto mínimo a las mínimas reglas políticas, a la mínima ética, a las mínimas ganas de que impere la razón y la ley.

Queda la vergüenza que define a Trump por cancelar ya no visas a estudiantes, sino por sitiar a Harvard. Lo que el troglodita de la Casa Blanca debiera entender, pero ni él ni sus secuaces lo conseguirán por su maltrecha materia gris, es que pegarle a Harvard en violentar la imagen liberal y la sapiencia de los Estados Unidos en el mundo. Es inevitable que así sea. No pasa más por ser visto como un país tolerante. Y no espere usted milagros si quien conduce la política exterior allí, ergo, la imagen de ese país en el planeta, corre aquella por cuenta del pequeñajo acomplejado de Marco Rubio, el que se metió a secretario de Estado creyendo que, por ejemplo, a Putin se le apaciguaría con descalificaciones como cuando lanzaba su retahíla de insultos a Fidel Castro. Tampoco ganaba nada entonces, pero su ínfima capacidad de entender las cosas y sus complejos personales debidos a su origen y circunstancia le apaciguaban sus limitaciones evidentes. Trump parece que canta un ¡vivan las cadenas! atentando contra la ciencia y sus áreas productoras. Nada de qué asombrarse tratándose de esta laya de personas.

¡Ahhh! y Trump no solo echa periodistas del Salón Oval, pues ahora también a los que hablen mal de su país o censuren a sus conciudadanos según su leal entender, les cancelarán visas y accesos. No tendrán el “privilegio”, dijo, de visitar su país. ¡Vaya soberbia y mentecatez más alucinantes! Le digo que en manos de estos chiquilicuatres solo puede traer desgracias a Estados Unidos y a su nombre. Solo resta ir a otros países, que tampoco EE.UU. es lo único que hay. No nos liemos.

Si ahora asesinar y el despropósito como regla son el nuevo tono de “diálogo”, que en buena medida son una remasterización de lo que ha existido de toda la vida, resta decir apaga y vámonos.

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