Científicos del Institut Pasteur (Francia) y la Universidad McMaster (Canadá) han descubierto que una evolución genética en Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste bubónica, podría haber prolongado la duración de dos grandes pandemias: la Peste de Justiniano (siglo VI) y la Peste Negra (siglo XIV).
Según publican este 29 de mayo de 2025 en la revista Science, una modificación en el número de copias del gen pla, un componente clave de la virulencia de la bacteria, habría permitido que las infecciones duraran más tiempo en los individuos. Esto podría haber hecho que los contagiados fueran infecciosos durante más días, facilitando la transmisión del patógeno incluso en poblaciones poco densas.
“Esta variación genética parece haber surgido de forma aleatoria e independiente en distintos momentos históricos, y su efecto habría sido el de permitir una mayor persistencia del brote epidémico”, explica Hendrik Poinar, codirector del estudio y experto en ADN antiguo de la Universidad McMaster.
Un cambio genético con gran impacto
El gen pla permite a Y. pestis multiplicarse en los ganglios linfáticos antes de diseminarse por el cuerpo y causar septicemia, una infección letal. Sin embargo, el análisis de cientos de muestras antiguas mostró que, con el tiempo, muchas cepas redujeron el número de copias de este gen. En experimentos con ratones, esta modificación redujo la mortalidad en un 20% y alargó el tiempo de infección.
Este alargamiento en la duración del contagio podría haber ofrecido una ventaja en entornos donde había menos contacto entre individuos, como después de las primeras olas de la pandemia, cuando la población de roedores —y de humanos— ya se había reducido considerablemente.
Evidencia en pandemias antiguas y modernas
Además de las muestras antiguas, los investigadores analizaron cepas modernas conservadas en el Institut Pasteur, algunas de ellas recolectadas en Asia en la década de 1990. Tres de estas mostraban una reducción similar en el gen pla, lo que permitió confirmar en laboratorio el impacto biológico observado en los análisis genéticos.
“Gracias a la colaboración internacional y a nuestras colecciones bacterianas, pudimos conectar esta variación genética con la historia evolutiva de la peste”, destaca Javier Pizarro-Cerdá, codirector del estudio y responsable del Centro Colaborador de la OMS sobre la peste.
Una enfermedad que no ha desaparecido
La peste ha causado tres grandes pandemias a lo largo de la historia: la primera en el siglo VI, la segunda —incluida la famosa “Peste Negra”— desde el siglo XIV hasta el XIX, y la tercera en el siglo XIX, que sigue activa en regiones endémicas como África central, Asia y algunas zonas de América.
Aunque hoy en día la enfermedad es rara y tratable con antibióticos, Y. pestis sigue circulando, y sus variantes más virulentas todavía representan una amenaza. “Estudiar cómo evoluciona la virulencia de un patógeno nos ayuda a entender mejor cómo nacen y desaparecen las pandemias”, concluye Pizarro-Cerdá.