Qué difícil es buscar la verdad frente a presiones exteriores que llegan de todos los lugares. Es ahí donde se distingue a los verdaderos periodistas, a los informadores que luchan todos los días por hacer de su profesión un lugar de excelencia, fuera de las contaminaciones que nos llegan de los llamados “periodistas de cámara”, o lo que es lo mismo de aquellos que siempre han vivido y cobrado de las diferentes áreas de poder, desde el político hasta el económico, pasando también, y no nos extrañemos, por el eclesiástico.
Estos periodistas de cámara han existido desde tiempo inmemorial y ahora además son capaces de contaminar o de actuar como fontaneros, siempre que la remuneración sea la correcta, para ellos, sin importarles ni la eficacia, ni el mal que pueden ocasionar. Ellos a lo suyo. A participar, eso sí bajo un “dinerillo”, en tertulias y a escribir artículos dictados por gabinetes de prensa. Ese “dinerillo”, que hace años llamábamos “fondo de reptiles”, se puede convertir ahora en favores que estos indeseables son incapaces de rechazar. A estos compañeros siempre les hemos calificado como “gañoteros, egipcios y sobrecogedores”.
Menos mal, y estos nos consuela un poco, que la Conferencia Episcopal Española entregó esta semana sus Premios ¡Bravo! 2024, los galardones con los que se busca reconocer “la labor meritoria de todos aquellos profesionales de la comunicación en los diversos medios, que se hayan distinguido por el servicio a la dignidad del hombre, los derechos humanos y los valores evangélicos”. Por eso, quisiera recordar en este artículo a los premiados, como el galardón especial a la comunicación de la caridad realizada por las parroquias y los voluntarios ante la catástrofe ocasionada por la dana. “La tragedia que asoló poblaciones en la Comunidad Valenciana, Cuenca y Albacete y conmovió a España fue la oportunidad para una comunicación con hechos de valores esenciales para la convivencia como la solidaridad, la generosidad, la entrega y el cuidado de los otros. Parroquias y voluntarios se movilizaron entonces y durante meses para atender a los damnificados, ofreciendo un impagable servicio de comunicación de lo que es la vida cristiana”. O el Premio ¡Bravo! de Prensa a Araceli Saavedra, periodista de La Opinión de Zamora, que entre diciembre de 2023 a abril de 2024, cubrió informativamente la visita a 132 parroquias de la comarca de Sanabria y Carballeda del obispo de la diócesis de Astorga. Y en el mundo audiovisual el ¡Bravo! de Radio a Radio María en su 25 aniversario, y el ¡Bravo! de Televisión a Matías Prats, sin olvidar a la cuenta de Instagram “@elmaridodelarubia”. Su autor es José Francisco Trigueros, más conocido como @elmaridodelarubia en redes sociales que fue galardonado con el ¡Bravo! Digital. También el cine tuvo su Premio ¡Bravo! Que recogió Pilar Palomero por “Los destellos”, una película que trata de la familia y del valor de la vida, y como no el ¡Bravo! de Música al musical Original, el paso de Carlo. Este musical alegre y actual recrea la vida del joven Carlo Acutis, que pronto será canonizado, y el ¡Bravo! de Publicidad a las campañas de Navidad de Suchard realizadas por Ogilvy y por último el ¡Bravo! de Comunicación Diocesana a Ana Díaz, de la diócesis de Canarias.
Mi felicitación y aplauso a todos ellos: ¡BRAVO POR LOS BRAVO!, concedidos a profesionales ejemplares, que seguro han tenido en su mente las palabras que el fallecido Papa FRANCISCO nos dirigió a todos, el pasado mes de enero con motivo del Jubileo de la Comunicación: “El ejercicio de la libertad de información y libertad de prensa hace creer en la libertad del mundo o valorarla como algo importante en nuestra convivencia. No es posible la libertad sin verdad”.
Que estas palabras del Pontífice nos hagan olvidar y arrinconar a los periodistas de cámara.