Por primera vez en la historia, la humanidad ha podido observar directamente los polos del Sol. Este hito ha sido posible gracias al Solar Orbiter, una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha logrado inclinar su órbita fuera del plano habitual en el que se mueven los planetas. Esto ha permitido una visión inédita del Sol desde una perspectiva de 17° por debajo de su ecuador, revelando fenómenos nunca antes observados.
¿Por qué es tan importante mirar el Sol "desde arriba"?
Hasta ahora, todas las imágenes del Sol provenían de un plano llamado eclíptica, el mismo por donde orbitan la Tierra y el resto de planetas. Pero esta perspectiva limita lo que podemos saber sobre los polos solares, zonas clave para comprender el comportamiento magnético del Sol, el ciclo solar y el origen del viento solar, que afecta a la Tierra y puede dañar satélites, redes eléctricas y sistemas de navegación.
“El Sol es nuestro motor vital, pero también una fuente de amenazas tecnológicas. Comprender su comportamiento es vital”, explica la profesora Carole Mundell, directora de Ciencia de la ESA.
Un Sol con polos desconocidos
Durante su campaña de observación en marzo de 2025, el Solar Orbiter utilizó tres instrumentos clave para captar esta nueva imagen del Sol:
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PHI (Polarimetric and Helioseismic Imager): mide la luz visible y el campo magnético de la superficie solar.
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EUI (Extreme Ultraviolet Imager): capta imágenes en luz ultravioleta para estudiar la corona, la atmósfera externa del Sol.
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SPICE (Spectral Imaging of the Coronal Environment): analiza la luz emitida por elementos químicos a diferentes temperaturas para entender el movimiento de gases.
Gracias a estos datos combinados, los científicos han detectado fenómenos sorprendentes como posibles vórtices polares y, sobre todo, un campo magnético “caótico” en el polo sur solar, donde coexisten zonas de polaridad norte y sur, algo que solo ocurre brevemente durante el máximo de actividad solar.
Midiendo el viento solar desde su origen
Uno de los avances más prometedores es que, por primera vez, se han logrado medir velocidades del material solar con alta precisión desde los polos, gracias al efecto Doppler. Esto podría revelar cómo se origina el viento solar, una corriente de partículas cargadas que influye en el clima espacial terrestre.
“Este tipo de mediciones era casi imposible desde el plano eclíptico. Ahora, estamos ante una revolución en la física solar”, afirma Frédéric Auchère, líder del instrumento SPICE.
Y esto es solo el principio
A partir de ahora, el Solar Orbiter irá aumentando progresivamente la inclinación de su órbita: alcanzará 24° en 2026 y 33° en 2029. Cada vez podrá ver mejor los polos solares y registrar su evolución a lo largo del ciclo solar completo.
“Estamos subiendo por una escalera hacia el conocimiento profundo del Sol. Lo que viene cambiará nuestra comprensión del campo magnético solar y sus efectos sobre la Tierra”, concluye Daniel Müller, científico del proyecto.
Contexto científico
La última misión que sobrevoló los polos solares fue Ulysses (1990–2009), pero no contaba con cámaras. El Solar Orbiter, en cambio, combina telescopios y sensores de última generación, y vuela mucho más cerca del Sol. Esta combinación lo convierte en el laboratorio solar más avanzado jamás construido.