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30 años de libertad

Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
miércoles 03 de diciembre de 2008, 22:34h
Ésta es una semana importante. Lo es incluso para los que no creemos en la importancia, o recelamos, de las efemérides en política. El día 6 hará treinta años que la ciudadanía española alcanzaba la mayoría de edad dándose, al aprobarla en referéndum, una Constitución democrática. No fue la primera. En los ciento setenta años previos había habido siete. Sin embargo, ésta, la de 1978, ha sido la que ha conseguido un mayor grado de consenso. Cierto, ha sufrido erosiones. Pero los intentos de deteriorarla no han hecho mella en la misma.

Creo que se puede afirmar, a estas alturas, que el éxito de la empresa deriva de, como mínimo, un par de razones. Por un lado, ahora que se habla tanto de renuncias y traiciones, de la amplitud de miras del conjunto de los miembros de las Cortes elegidas por sufragio universal el 15 de junio de 1977. Esa grandeza adquirió perfiles concretos en los nombres que integraban la ponencia redactora del anteproyecto de Constitución. Los Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez Llorca, Manuel Fraga, Gregorio Peces-Barba, Miquel Roca Junyent y Jordi Solé Tura. También en Ernqieu Tierno Galván, a quien se le encargaría el preámbulo.

Me parece, en segundo lugar, que la piedra basal era solidísima. Era, y es, ese artículo 1.1 que conseguía ensamblar tres grandes argumentos. Todos ellos de naturaleza cívica: 1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. 3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Algunos datos más ilustran sobre el brío ciudadano en esas fechas. La Constitución quedó aprobada con el 87% de los votos favorables y sólo el 8% contrarios a ella. La participación alcanzó el 67% del censo. Desde Cataluña no está de más recordar que votó a favor del texto el 90,46 % de los ciudadanos y sólo el 4,97 en contra, con una participación del 67,91%. Por encima de la media nacional. Y es que la Constitución abría las puertas a la Autonomía, e incluso –en una decisión quizás no del todo afortunada- a la equívoca condición de nacionalidad. Sea como fuere ése era, y es, otro aspecto de ese combate por las libertades y por la convivencia desde la complejidad que hacía tiempo se venía librando en este rincón de España. Sólo en el País Vasco la participación fue escasa. Aunque el 45% que participó lo hizo mayoritariamente a favor: 69% de síes frente al 23% de noes.

Ya ven ustedes. A poco que hagamos memoria tenemos que recordar que llevamos treinta años de convivencia en libertad, haciendo posible la plena integración de España en la tradición democrática occidental, asegurándonos un marco en el que, llevando a la plenitud el impulso centenario de los primeros constituyentes modernos, los de Cádiz, Nación y Libertad han pasado a ser, mal que a algunos les pese, una espléndida redundancia.

Ángel Duarte

Catedrático de Universidad de Gerona

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