Los seis toros de Baltasar Ibán han dado una tarde de gran interés para los aficionados en El Tiemblo. Álvaro Toribio, un gran aficionado y un presidente destacado por su actuación en esta plaza, durante más de una década, fue quien despertó el interés por el cartel protagonizado por el sexteto de Baltasar Ibán y los diestros Antonio Ferrera, Damián Castaño y Juan de Castilla. Excepto el primer Arbolario (1º), quien demostró su mansa naturaleza, los demás ejemplares lucieron su trapío y, a veces, sus cualidades lucieron más que las capacidades lidiadoras de los diestros. Los tercios de varas sorprendieron gratamente por su ejecución. Rubén Sánchez lo bordó con el capote lidiando y también poniendo los garapullos; Juan Sierra lidió con esmero y Ángel Otero se desmonteró al poner los palos al 5º.
Antonio Ferrera se enfrentó con dos toros llamados Arbolario (1º y 4º). El primero acusó mansedumbre, pero fue definitivamente descompuesto por la lidia. Su segundo no fue un dechado de virtudes, pero la faena no pudo ser, igual que la estocada al sexto intento.
Los dos toros de nombre Provechoso (3º y 5º) han sido merecedores de una vuelta al ruedo. Provechoso (3º) que salió para Juan de Castilla colaboró con ánimo para que el diestro paseara dos orejas. La faena fue un espectáculo por la manera de embestir el animal, mientras al diestro le faltó un ápice de temple y otro ápice de naturalidad para bordarlo con el toro entregado. Otro Provechoso (5º) salió para Damián Castaño. El torero puso la disposición, el ánimo y abordó al animal bello y noble por ambas manos, sin embargo la espada redujo el premio a una vuelta al ruedo.
Damián Castaño hizo un saludo capotero por verónicas descubriendo el buen estilo de Pardal (2º), un toro que repetía sin cesar y llegó al tercio de la muleta con ganas de darlo todo: el toro embestía sin la necesidad de toque por ambos pitones. Con algo más de fijeza, Castaño podría haberle dado una faena de mucho relieve. La espada quedó en media estocada y el descabello se estancó. Una ovación.
Juan de Castilla le cortó una oreja a Fusilito (6º) a pesar de una estocada muy delantera. El toro salió animado por el son de la jota y también demostró su buena disposición a tomar las varas y a embestir. De Castilla trató de acortar las distancias que ponía su desconfianza entre él y su contrario, y lo logró toreando por ambas manos.