Las beguinas fue un movimiento surgido en la Edad Media, en el cual grupos de mujeres se organizaban de manera independiente para hacer labores de caridad y autogestionarse, sin depender de otras entidades. Es precisamente en ese mundo en el que nos quiere sumergir esta novela, en la que vamos a conocer el interno funcionamiento de estas comunidades.
Un peculiar ecosistema en el que en esta ocasión se va a perder la estabilidad con la entrada de una joven que huye de un matrimonio forzado y que acabará por completo con la tranquilidad que se vivía hasta entonces. Cabe recordar que contraer matrimonio solía ser la condición que hacía a las beguinas abandonar estas comunidades, aunque podían salir de allí cuando lo deseasen. Vemos poder cómo estas mujeres trataban de huir del control propio de la época, en la que vivían, es decir, buscando una independencia del poder que los hombres tenían sobre las mujeres en ese momento.
Además, una entidad como la inquisición entró a perseguir a estas comunidades, en las que algunas de sus más célebres miembros hicieron numerosos escritos en los que acabaron por enfrentarse a las doctrinas tradicionales. Conoceremos a mujeres luchadoras, mujeres con determinación y mujeres que estaban dispuestas a ofrecer lo mejor a Dios, pero fuera de unas normas y del marco tradicionalmente establecido y eso, obviamente, les hará pagar un alto precio.
Aline Kiner (Moyeuvre-Petite, Francia, 1959) nos involucra en esa batalla contra lo establecido, un combate permanente para lograr sobrevivir en esos espacios de convivencia femenina, desde donde emanaba solidaridad y trabajo por los más necesitados, de ahí que muchas de las ubicaciones de estos beguinajes estuvieran cerca de hospitales.
No va a quedar indiferente el lector al encontrar una recreación que le harán vivir con intensidad las peripecias que se relatan. Claramente la labor de investigación y la extensa bibliografía que le ha servido a Kiner de base para poder completar esta obra, se refleja en esa capacidad de trasladarnos hasta la realidad que se vivía entre esos muros. Una realidad que, a pesar de que se pueda considerar de tiempos pretéritos, sobrevivió hasta el 14 de abril de 2013, día en el que falleció la última beguina que existía en el mundo.