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DESDE ULTRAMAR

Impudicias y caimanes

Marcos Marín Amezcua
jueves 03 de julio de 2025, 19:00h
Impudicia, ese es el vocablo. Pese a que su país da visos puntuales e innegables de una economía decadente, su poderío militar cada vez más difícil de sostener –como no sea con el sobreendeudamiento que padece– y la fuerza como discurso, no como razón, la mezcla permitió la semana pasada a Trump hacer una carambola a 3 bandas que reafirma su poderío, pero no nos engañemos, que, pese a ello, tal poderío puede ser espejismo y no sea irrefrenable y sostenible con una economía sobrevaluada, proteccionista en grado superlativo, perdiendo competitividad y sí, presidida por un sujeto que, ya se lo expresé antes, no está cuerdo.
¿Qué si lo está? Veamos, la más reciente es amenazar con devolver a Sudáfrica al impresentable Musk, de seguir con sus impertinencias. ¿Le parece adecuado amenazar a España de la forma tan vulgar como lo ha hecho? Este miércoles insultó a Japón llamándolo malcriado. ¡Vaya desvaríos! Más tardó en decirlo esta su columna leída en ambos hemisferios, que Trump en darle un portazo en la cara a Canadá –luego de diálogos y sonrisas intercambiadas con el premier Carney– para, después de cancelar toda negociación comercial, reanudarla cuando Canadá desistió de imponerle casi a hurtadillas y por otra vía, unos impuestos a los grandes capitales yanquis, exactamente en el mismo sentido que acordaron los demás miembros de G7, quienes doblaron las manos y aceptaron la misma medida impuesta por EE.UU., eliminando el denominado Impuesto global mínimo a las empresas multinacionales, que son las yanquis, sobre todo, rebosantes de riqueza.
Choca este dato de las exenciones entre ricos –chocar de golpe, de impactarse, no de sorpresa– con la propuesta de España, Brasil y Sudáfrica en la cumbre de Sevilla, buscando un impuesto a las grandes fortunas, es decir que paguen más los más ricos. No, pues eso ya no puede ser, ya que las potencias económicas ya decidieron que no.
Y en ese contexto, repetimos que las jugarretas trumpistas tuvieron 3 momentos estelares la semana anterior. Primero, fue entrar como burro en cristalería a tratar de frenar la guerra entre Israel e Irán –ya sabe, la llamada de los 12 días– y aunque costó, las partes se detuvieron. Ya le conté la semana anterior mis impresiones sobre tales. Aunque las dos partes clamaron victoria, es dudosa para Israel, después de todo, con el desbarajuste creado y dejado. Dejemos para luego analizar porqué Rusia y China –la compradora principal del petróleo iraní– no fueron más firmes en confrontarse con Trump. Saben su juego, desde luego, es decir, que no es gratuito su inmovilismo.
Mientras Trump cacareaba un supuesto enésimo acuerdo comercial con China, aquella advirtió días después, que no aceptará someterse a los intereses yanquis, de afectarla.
La segunda maniobra fue imponerse en la OTAN, sellando ese 5 % de gasto militar y a tragar todos. Dejemos de lado al tapetero Rutte, que lo importante es que, en efecto, subir al 5 % el gasto militar significará repartirse el gasto con EE.UU. y una de dos: o autoimponerse los miembros de la OTAN una subida de impuestos o recortes sociales. Difícil elección. Sí, para defenderse de Rusia, dicen. Pues, no nos cabe la menos duda de que la encrucijada ahí está y, acaso, solo en el imaginario. En realidad, no hay tal, no hay mucho de dónde elegir. Trump se ufana de haberse impuesto a los europeos, sobre todo. Y cree que su país no seguirá cargando con el peso de esa defensa trasatlántica, que también así ha sido.
Por la otra, la tercera, fue imponer en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a una mujer ligada a grupos de ultraderecha, Rosa María Payá, y tan del gusto del pequeñajo secretario de Estado, Marco Rubio. No por nada, desde Cuba la tildaron de “connotada mercenaria” y de que usará el cargo más para emprenderla contra Cuba. No lo dudaría. No se necesita que la CIDH solo sirva para golpeteo y para saciar los complejos y traumas enfermizos de Rubio y no para clamar justicia. El nombramiento viene con las amenazas de Estados Unidos a los miembros de la OEA para que extendieran su voto. Forma grosera y arbitraria que es el inconfundible sello de la presente administración yanqui. No será la primera vez, desde luego.
Y como si no fuera bastante, la cereza del pastel fue rematar tanta bribonería con su locuaz Alcatraz con caimanes, /aligueitors/ dice, ufanándose de que enseñará a los migrantes a huir de ellos, tratándolos como escoria humana, denigrándolos. Lo llama el “Alcatraz de los caimanes” y, encima, lo celebra y amaga conque debieran abrirse otros. Qué zopenco es el mandatario yanqui. Merecería ser juzgado por tribunales internacionales como su compinche Netanyahu, por cometer crímenes de Estado si no es que delitos de lesa humanidad y con semejante desparpajo y arbitrariedad.
Trump se coloca como violador de antemano, de todos los derechos humanos por la sola idea de tildar a los migrantes como escurridizos, poniéndolos en la tesitura de ser devorados por caimanes por ser migrantes en otra tierra. Solo mentes degradadas, degeneradas, perturbadas como la suya, conciben lo que se antoja ser un alucine propio de descerebrados. Se ríe de sus degradaciones, el infeliz. Se necesita tener muy estropeada la percepción de la realidad como para plantarse en el sitio, tal y como ya lo hizo, dejando en claro que es verdad, que va enserio. Su trastorno pasó de lo folklórico e impertinente a lo patético y criminal.
No, no corren tiempos fáciles para nadie, aunque la certeza de estar al filo del peligro más abismal se comparta abierta o veladamente entre todos con semejante orate presidiendo EE.UU.. En la Casa Blanca habita un chalado. Y así hay que tratarlo, reaccionando con precaución a su aturdida facundia y su enfermiza garrulería, muestras inocultables de sus permanentes y peligrosísimas barbaridades y desatinos, ocurrencias delirantes y criminales que nadie está obligado a aplaudirle.
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