Nueva obra maestra del equipo de Luis Enrique, muy superior (4-0). Los horrores de Asencio y Rüdiger, decisivos. Goleada francesa para aclarar la realidad a Xabi Alonso.
El portentoso PSG barrió al Real Madrid este miércoles y se clasificó para la final del Mundial de Clubes. El bloque francés compitió con una superioridad manifiesta y aprovechó dos errores preocupantes de la zaga merengue en el primer cuarto de hora para dejar casi sentenciado el envite. Se medía el Campeón de Europa y mejor equipo del mundo en 2025 contra un colectivo que está por hacer, y esa diferencia de poso se sintió desde temprano con contundencia. Al final, el 4-0 hizo justicia con la distancia actual de ambos conjuntos en cuanto a compromiso, intensidad y concentración. A partir de ahora le tocará a Xabi Alonso definir si este duro palo representa sólo la extinción del desguace formado por Carlo Ancelotti en su último año (con una fragilidad mental sobresaliente) o un mal sistémico de complicada sanación. En este contexto se despidieron Luka Modric y Lucas Vázquez del club de Chamartín.
Sabía el entrenador tolosarra que no podía contar con Dean Huijsen. La baja del zaguero juvenil restaba claridad en la construcción del juego y tino en el cierre, por lo que se trataba de una ausencia de índole colosal. Lo que no contemplaba el estratega vasco es que Trent Alexander-Arnold se lesionase justo antes del pitido inicial y reaccionó con decisiones un tanto discutibles. La primera de ellas, colocar a Fede Valverde en el lateral diestro para competir con tres delanteros. Porque mantuvo a Vincicius y al pichichi Gonzalo García (que se lo ha ganado), y dio la titularidad a Kylian Mbappé. Esto generó inferioridad en el centro del camp y unos desequilibrios supinos que no maquillaron ni el buen rendimiento de Aurelien Tchouaméni en el pivote. Por otro lado, es llamativa la diferencia defensiva de los madridistas cuando cuentan con el Bota de Oro. En estas semanas, sin 'Kiky'' han presionado con orden y entrega, con efectividad y una velocidad intensa; cuando él ingresa, bajan la pulsaciones y suben la comodidades del rival. No presiona, va por cumplir. Es un problema grueso pero, claro, ha marcado 44 goles esta temporada.
El PSG arrolla al Real Madrid y jugará la final ante el Chelsea
Ese va a ser uno de los dilemas del banquillo, pero no sólo en esa esfera tendrán deberes estas vacaciones. El palco pudo comprobar, in situ, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, que van a tener que gastarse los 74 millones de euros recaudados en este campeonato si quieren volver a la élite. Hay agujeros casi por todos lados. Necesitan un creativo para el centro del campo con urgencia, para empezar. Arda Güler ha mostrado síntomas optimistas pero fue devorado en esta fecha por Joao Neves y no puede figurar como el primer espada en la elaboración. Tampoco dan tranquilidad al madridismo las actuaciones de Raúl Asencio y Antonio Rüdiger. Llegaron a Estados Unidos bajo sospecha y han confirmado los peores presagios. A ambos les falta tensión y concentración. Esta noche regalaron dos goles en los 10 minutos iniciales, explosionando la igualdad. El canterano, que suma tres fallos de bulto en sus últimos tres encuentros, se durmió con el balón en su área y obligó a Thibaut Courtois a volar, aunque el guardameta no pudo hacer nada ante el remate a puerta vacía de Fabián Ruiz en el rechace; y el germano fue presa de la pasividad ante la presión de Ousmane Dembélé, de tal modo que lo que pretendía ser un pase sencillo acabó en una patada al aire y un zurdazo inapelable del más que posible Balón de Oro.

Así de rápido perdieron pie los españoles. Y después no reaccionaron como impone su camiseta. Respondieron más bien como pautó su discreto final de curso, sin alma ni sudor. Xabi Alonso se desgañitaba en la banda reclamando calma para aguantar la pelota, pero a sus muchachos les pesó demasiado ir por debajo en el marcador por vez primera en el torneo. Y la energética movilidad oponente les bloqueó. Al descanso el PSG ganó 16 duelos más que ellos, dato descriptivo ya que los parisinos se adueñaron de la posesión (76%) e iban ganando. Los merengues concedieron 12 remates (siete de ellos a puerta) y chutaron en una única oportunidad entre palos. Ocurrió en el minuto 23, cuando Mbappé trazó una conducción individual desde la medular que finalizó con un chut mordido. El atacante, que estrenó rivalidad con el club al que tiene denunciado en los tribunales, evidenció que se ha recuperado de la gastroenteritis... y que necesita escuchar a su técnico. Se mostró individualista y fallón con el cuero, todo lo contrario a la agilidad y fluidez que habían dado los primeros toques de Gonzalo en las rondas precedentes. El canterano tampoco pudo destacar en esta cita, aunque al menos lo dio todo en la presión. Vincicius es otro que debe atender a los consejos (mejor será que sean órdenes) de su nuevo entrenador. Su indolencia sin pelota ya es sangrante. Y en ataque se ha difuminado también en estas semanas. No vale como justificación que hoy jugara por dentro.
En esa tesitura malvivió el Madrid hasta el intermedio. Los franceses aglutinaban la posesión con circulaciones eternas y con Vitinha al mando de la orquesta. Sin oposición. La maquinaria parisina volaba en todas las facetas, al tiempo que los españoles sucumbían en ritmo, intensidad, físico y táctica. El escuadrón de Luis Enrique ni notó la importante baja de Willian Pacho. Está tan bien trabajado que el esfuerzo colectivo tapona cualquier imprevisto. No por nada ya han conquistado la Copa de Europa, la Ligue 1, la Copa de Francia y la Supercopa gala. Están a punto de completar un repóquer histórico, entre otras cosas, porque lo controlan todo. Saben cuándo templar y cuándo acelerar. En este evento jugaron con los madridistas. Recuperaban la pelota en un puñado de segundos y afilaban sus fluidas combinaciones a placer. Convirtieron con naturalidad a Courtois en el mejor oponente. El arquero salvó a los suyos de un mayor sonrojo al repeler, con paradones, los intentos clarísimos de Fabián -minuto cuatro-, Nuno Mendes -minuto cinco-, Desirée Doué -minuto 46- o Dembélé -minuto 48-. Mas como el torrente parisino no dejaba de discurrir, el 3-0 era inevitable. Llegó en el 24, con los merengues adelantando las líneas sin orden ni implicación. Achraf Hakimi -tremendo su rendimiento- enlazó varias paredes cómodas y se escapó para asistir a Fabián, que rubricó su doblete con placidez.

Los madridistas llegaron a vestuarios con la mirada en el suelo. Habían empezado el partido con un pelotazo de Courtois y repitieron esa fórmula mucho más de lo que les habría gustado. Quedaron restringidos a ejercer de sujeto pasivo. Como a lo largo de esta temporada en la que han sollozado cuando se han medido a los grandes equipos. La receta del desastre siempre ha sido y es la misma: falta de actitud y de fútbol. Sólo Fede Valverde y Jude Bellingham trataron de alzar la voz y de reducir el tiempo y la comodidad del centro del campo contrincante, que disfrutaba gracias a la libertad posicional estudiada de Nuno Mendes. Acabaron encerrados, impedidos para recuperar la redonda y reducidos a cazar una contra improbable. Así que con todo perdido, Xabi Alonso metió mano. Cambió a línea de cuatro en el eje (corrigiendo su apuesta inicial), pasó a jugar con tres defensas y sentó a Vinicius a falta de media hora.
Mbappé y Vinicius, el principal desafío de Xabi Alonso
En el segundo tiempo el favorito optó por darse un respiro. Luis Enrique rotó sin miramientos: dio descanso a Fabián Ruiz, Mendes, al espinoso Khvicha Kvaratskhelia (que rozó la diana tres veces), Doué y a Dembélé. El trabajo ya estaba hecho y empezó a pensar en la final de este domingo, en la que se toparán con el rocoso Chelsea. Así que los españoles gozarían de más iniciativa, con permiso del campeón europeo. Adelantaron el dibujo y Fede Valverde se incorporó más. Entonces Gianluigi Donnarruma se desesperezaría. Eso sí, no hubo de emplearse a fondo. Ni mucho menos. Arda Güler creció y dirigió las operaciones, filtrando pases excelentes a los que le faltó un rematador digno. El turco y el pulmón uruguayo serían los más destacados en este arreón inocuo, que prometía (acumularon robos altos) sin concretar. La comparecencia de Luka Modric ayudó, aunque nunca estuvieron cerca de recortar distancias en el marcador. Los múltiples remates generados se estrellaron en las piernas de la zaga rival.
Mientras tanto, el PSG economizó energías y generó peligro cuando quiso estirarse. En el 48 Doué marcó un tanto anulado por fuera de juego; en el minuto 72 Gonçalo Ramos perdonó un gran envío de Vitinha y centro de Achraf; y en el 88 el delantero luso aprovechó la falta de contundencia merengue y un regate fantástico de Bradley Barcola para sellar el 4-0 definitivo. Las únicas noticias positivas para la entidad de Concha Espina fueron el regreso de Dani Carvajal (después de más de nueve meses), el gran nivel mostrado por Éder Militao ( de vuelta tras ocho meses en el dique seco) y que Xabi Alonso ya sabe cuál es la realidad del reto que tiene por delante. Porque este miércoles sucumbió ante el reflejo de lo que quiere ser y comprobó lo lejos que queda ese objetivo. Tras el pitido del colegiado declaró que quiere que se le juzgue a partir de agosto. Ha habido brotes verdes que susurrar la nueva identidad de su proyecto, pero la dimensión del desafío es, visto lo visto, impresionante.
Ficha técnica
4- PSG: Donnarumma; Nuno Mendes (Kang-in Lee, min. 79), Beraldo, Marquinhos, Achraf Hakimi; Vitinha, Joao Neves, Fabián Ruiz (Zaïre-Emery, min. 66); Kvaratskhelia (Barcola, min. 59), Doué (Mayulu, min. 66) y Dembélé (Gonçalo Ramos, min. 59).
0- Real Madrid: Courtois; Fran García, Rüdiger, Asencio (Militao, min. 64), Fede Valverde; Tchouaméni, Arda Güler (Lucas Vázquez, min. 83), Bellingham (Modric, min. 64); Vinicius (Brahim Díaz, min. 64), Gonzalo García (Carvajal, min. 71) y Mbappé.
Goles: 1-0, min. 6: Fabián Ruiz; 2-0, min. 10: Dembélé; 3-0, min. 24: Fabián Ruiz; 4-0, min. 88: Gonçalo Ramos.
Árbitro: Szymon Marciniak (Polonia). Amonestó a Tchouaméni, Joao Neves y a Carvajal.
Incidencias: partido correspondiente a las semifinales del Mundial de Clubes, disputado en el MetLife Stadium (Nueva Jersey, Estados Unidos). El encuentro comenzó con 10 minutos de retraso porque ambos equipos llegaron tarde al estadio.