Han transcurrido dos meses desde la elección del papa León XIV y amerita ya unas cuántas observaciones a su breve pontificado que pinta maneras interesantes.
Desde luego que, nada más saberse la identidad del nuevo romano pontífice, fluyeron comentarios diversos sobre su trayectoria y futura gestión y en esa misma vorágine reflexiva, nos apuntamos. La Santa Sede siempre da la nota.
El momento de anunciarlo tiene guasa. Mientras un espontáneo desgañitándose grita un ¡Viva el Papa! que retumbó en la plaza de San Pedro –apostaría a que era un iberoamericano– el parsimonioso cardenal Mamberti debió parar en seco quedándose desencajado, boquiabierto, impedido de proseguir para pronunciar el Habemus Papam, pues la ovación a sus primeras frases lo frenó generando un gesto de ¿desaprobación? del hasta entonces indiferente ceremoniero, el esloveno monseñor Ľubomír Welnitz sosteniendo el micro, en tanto que su colega Krzysztof Marcjanowicz, cracoviano, sí había mirado antes a la plaza. El enfoque a la multitud celebrando la frase sacramental denota cierta chabacanería por solo vivir el solemne momento. Un poco lo que permea en nuestra época: vivirlo sin más.
Por un lado, si bien dicen que es el menos estadounidense de los cardenales de EE.UU., no lo es su esencia. Sujeto predispuesto al cambio, acostumbrado a las cambiantes circunstancias, no rehúye a que muten y muy pronto ha actualizado las redes oficiales y ha dejado ver que él sí sigue los informativos. Como hacían San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Va con la actualidad mundial, a la que se asoma por lo visto y por sistema y al invocarla no suena impostado o por compromiso. Es estadounidense en esa apertura mental y hábitos manifiestos. Se ha involucrado en los medios vaticanos y está al tanto. Que sabe escuchar y es práctico, se sabe. Eso lo torna también muy estadounidense.
Afirman que es reformista. Yo no adelantaría nada hasta que no conozcamos sus primeros textos. Ahí será donde se plasme la quintaesencia de su ministerio. Aguardemos las bulas, sus breves, motu propios, cartas apostólicas, exhortaciones apostólicas, encíclicas o aquello que tenga a bien prodigarnos para glosar su sentir y apremiar así sus ideas puntuales sobre los diversos temas que pondere a bien atender Su Santidad.
Sí, que lo del nombre tiene tela marinera. ¿Alude a León XIII? Lo ha confirmado, pero igual aguardemos, no apresuremos vísperas para compararlos. Es verdad que un escueto nombre como Francisco, tan ajeno a la tradición papal, finalmente no fue elegido. Como no ocurrió que se eligiera a un papa africano y no obstante, que el sucesor de Pedro se alegra haciendo notar la presencia latinoamericana entre los peregrinos, como nunca se minimizó sino al contrario, pero ronda la idea de que el futuro de la Iglesia está en África y Asia.
Es un papa que se pone y canta el Angelus y el Regina Coeli. León XIV ha regresado al plausible uso de prendas propias de su investidura sin remilgos ni falsas modestias; sin excesos, pero sí con plena conciencia de su procedencia por tratarse de él. Dicen que por un gesto. No, simplemente es lo que toca. Como tocaba volverse a los aposentos del Palacio Apostólico. Que valen por tales por tratarse de su residencia, no por atribuirles significados modernos.
Que quizá no debieron soltarse, como no debió soltarse Castelgandolfo, a donde ha regresado de veraneo el Papa como marcan los cánones, pese a ser muy loable que su antecesor permitiera abrir sus espléndidos y acicalados jardines pulcrísimos, orillándole a alojarse en Villa Barberini. Recién, una reportera de TVE, Begoña Alegría, decía que no se ha autorizado utilizar su efigie en cuanto recuerdito podía considerarse en las afamadas tiendas de la Vía de la Conciliación y lo confirma la veterana Valentina Alazraki. Me parece bien. Esa suerte de papolatría vuelta imán de frigorífico me molesta, no la considero adecuada. No se venderán indulgencias, mas ¿qué tal los recuerditos? No puede ser. Estuve días atrás en la librería del arzobispado de México en búsqueda de un ejemplar que ha sido dificultoso conseguir y he visto a la venta los carteles de gran formato con la foto oficial del Papa. Foto que junto con su blasón –que retiene la mitra enseñoreada, como aparece desde Benedicto XVI– se difundieron apenas un par de jornadas después de su elección. Hubo rapidez casi inusual. No tiene un rostro cuidado, pero sí una sonrisa afable. Estético no es. Mi abuela guardaba un poster de Juan Pablo II recién elevado al trono de San Pedro y hasta lo consideraba guapo en aquellos sus años iniciales de pontífice. León XIV no es agraciado, reconozcámoslo. Seríamos muy simplistas diciendo que el Papa es el Papa. La imagen suma. Después de todo, son dedos de la misma mano y cada uno es distinto.
Llama significativamente la atención haberse desplegado un enorme tapiz al asomarse al Balcón de las bendiciones de San Pedro, compuesto de un escudo papal neutro –tiara y el par de llaves de San Pedro, una para conocer, otra para definir– y ya no el que utilizaba su predecesor luciendo su heráldica. Pasó ya con Francisco y de nuevo con León XIV. Notable.
Los electores al Cónclave, guiados por el Espíritu Santo como reza mayestático el dogma, han optado nuevamente por un sumo pontífice proveniente del clero regular, en este caso de la orden agustina y si cariz misional es un llamado interesante a una iglesia militante, no de capilla, que se involucra. Eso siempre es positivo. Están enviando un mensaje. Una muestra a otros niveles, fue bendecir a los participantes del Giro de Italia. En todo está.
Patatas calientes, las tiene. Trump, pederastia, extender o limitar la misa en latín, definir nuevos cardenales y con cuál criterio y asumirse y reivindicar ser un interlocutor en el mundo actual. No se nos escapa que el finde pasado recibió en la residencia de veraneo a Zelenski.
El peruano-estadounidense sabe 5 idiomas y las ocasiones en que ha tenido oportunidad hablando en español, le han granjeado simpatías y cierta aversión en su país de origen por no recurrir al inglés. En ello se asume más peruano que yanqui y lo celebramos, pese a que, al elegirle, se destacara más su origen estadounidense, salvo en Perú, donde exaltaron de inicio, haber acogido esa nacionalidad. Ya sabemos que los papas tienen su corazoncito y se rodean de connacionales. Quizá su predecesor cayó en el exceso. Entrevistas primando medios argentinos, nombramientos de argentinos laicos y consagrados en puestos clave. El papa Francisco hasta tenía confesor argentino. León XIV abre un poco el abanico de colaboradores y eso es positivo. Estamos ciertos que el idioma español no menguará significativamente con el nuevo Vicario de Cristo. Su secretario es peruano, el organizador de los viajes papales ya es un mexicano y así. Enhorabuena por el idioma español. El papa anterior primó a los argentinos en derredor de su insigne persona. Quizá eso también ya cambie. Al tiempo.
Me agrada este papa. Se le nota ganas de trabajar, si bien la edad siempre será un reto, pero ahí lo tenemos en el solio pontificio y actuando.
Ha reanudado la agenda del Año Santo y ha exaltado a la orden de la cual proviene. Parece que ha pasado el tiempo de los jesuitas y ha llegado el de San Agustín. Signo de los tiempos, naturalmente. Dicen que su elección fue una suerte de negociación, un cúmulo de gestos hacia distintas direcciones al interior de la Iglesia. Quizá. Después de todo, el romano pontífice es quien es y el mundo espera y observa como recupera símbolos del papado. Eso es positivo. Acude mucho a orar a la sepultura de Francisco, homenajeado por 250 mil personas que desfilaron frente a su cuerpo yacente. 350 mil consiguió congregar Isabel II y se consideró que eran menos de los esperados en el caso de ella.
Termino. León XIV ha expresado no hace tanto que estaba aprendiendo a ser Papa. No se puede ser más humano. Congratulémonos de este hermano mayor en la fe su ascenso al ministerio petrino.