Pobre es una novela de título polisémico. Todos pensamos en la pobreza económica, que por supuesto es uno de los temas, pero la autora quiere hacernos ver cómo va mucho más allá: la pobreza es la falta de oportunidades en la vida a que pueden arrastrarnos nuestras circunstancias vitales. En un epílogo conclusivo, a mi entender innecesario y largo (material que serviría para un reportaje periodístico o como informe a manera de ensayo que ampliara su difusión), lo explica ella misma: «El título de este libro está pensado para fastidiar al lector» porque, –añade– «pobre para mí también era sentir que no tenía valor. Era pobreza de mente, pobreza de estimulación, pobreza de seguridad y pobreza de relaciones».
Este libro de memorias escrito en forma de novela por Katriona O’Sullivan, inglesa de ascendencia irlandesa, con una vida que va de un lugar a otro de manera que coexisten como escenarios Irlanda e Inglaterra, es una historia de superación. La tercera de los cinco hijos de una pareja adicta a las drogas y al alcohol reflexiona sobre su vida y sus logros. Lo hace de forma dolorosa, como ella misma admite, pero nítida y contundente: «Mis padres me decepcionaron, pero también me decepcionó el mundo. Y el mundo era el lugar en el que tenía que vivir».
Es un libro muy simplón y a la vez tremendamente impactante. Sabremos desde el principio que «la niña a la que el mundo dio la espalda logró encontrar su salvación en la educación», como nos dice la contracubierta. No cabe hacer spoiler. Sabemos que es la historia de un triunfo, y las cosas que cuenta y la verosimilitud con que las narra nos erizará la piel y tocará nuestras fibras sensibles.
Porque se salva ella, y sin embargo es muy consciente de que para ello ha tenido que cortar el hilo umbilical que la unía a sus hermanos, que se han quedado del otro lado; incluye en el libro una emotiva carta a uno de ellos. Esto, claro, una vez muertos sus padres y abuelos. La parte que más me ha interesado es precisamente la relación con sus padres, y la culpa o la proyección de cada uno en la trayectoria del resto. Es un análisis de una familia, para bien y para mal.
La historia en sí es espléndida en su crudeza realista, pero el interés radica en la reflexión del devenir de los sentimientos propios y de las emociones vividas. Mantiene en gran parte un discurrir cronológico, con saltos que se paran en situaciones o personajes, aunque no está dispuesta a reservar sorpresas finales. Comienza con un prólogo en el que sabremos cómo su padre toma la decisión de dejarse morir cuando le anuncian un cáncer. «Yo era la única ave fénix, la única de los dos que lograría salir de ese embrollo. Solo yo saldría de aquello. Y ese fue el descubrimiento más triste de mi vida». El primer capítulo se lo dedica al padre con la narración del momento crítico que supuso una sobredosis, y el que podría ser el capítulo final retoma aquel inicio para ahora sí narrar su muerte; sin embargo, no es el último capítulo, todavía añadirá tres posteriores, uno de ellos dedicado a su madre.
Porque sorprende cómo y en qué momentos aparecen cada uno de ellos. Claro que como pareja, pero cada uno con su personal trayectoria y proceder. Parece que se decanta por el padre, y sin embargo, dedica unas reflexiones estupendas a la madre. No les ha perdonado, pero les ha comprendido. Como buena psicóloga en que se ha convertido Katriona O’Sullivan, los entiende a ambos y con ambos resuelve, con lo que consigue un buen final para esta historia truculenta.