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HIROSHIMA, OCHENTA AÑOS DESPUÉS

miércoles 06 de agosto de 2025, 12:53h
Con la retina deslumbrada por los templos de Kioto, del Pabellón de Oro, del dragón tranquilo...

Con la retina deslumbrada por los templos de Kioto, del Pabellón de Oro, del dragón tranquilo, de las fragancias del Oeste… me trasladé a Hiroshima. Serían los años 60. La ciudad estaba a medio reconstruir. Lo que la bomba atómica arrasó no parecía el resultado de un bombardeo. Las ruinas estaban calcinadas. Imposible describir el horror. Nunca olvidaré aquella visita a Hiroshima. Se me pasó por la imaginación, además, el escenario más terrible. Si Hitler hubiera dispuesto de la bomba atómica no habría vacilado y en los primeros meses de 1945, a bordo de los V-2, París, Londres, Bruselas y tantas otras ciudades habrían quedado calcinadas. Nos salvamos por unos meses. Hitler aguantó hasta el suicidio en su búnker berlinés con la esperanza de que el arma atroz llegara a tiempo por modificar el rumbo de la contienda.

No hay guerras santas ni guerras justas ni guerras defensivas ni guerras inevitables… Todas las guerras son un horror y los hombres de buena voluntad tienen el deber de evitarlas con la palabra y la negociación. El apocalipsis nuclear ha contenido las acciones bélicas desde 1945 y aunque Corea, Vietnam, Afganistán y otras contiendas asiáticas y africanas resultaron alarmantes, el choque nuclear no se ha producido. Hasta ahora. Confiar en la contención humana en este sentido sería una estupidez. Si el mundo islámico dispusiera de armas nucleares, Israel quedaría pulverizado. La llamada yihad islámica no ha estado nunca despuesta a perdonar. No quiere vencer a Israel. Quiere borrarlo del mapa. El equilibrio mundial fue inestable durante la Guerra fría. Lo es todavía. Las nuevas generaciones, en fin, tienden a olvidar la atrocidad pasada. Por eso me parece un acierto que cada 6 de agosto se recuerde la gigantesca bola de fuego que calcinó Hiroshima.

Aquella bomba atómica no pasa de ser un juego de niños al lado de la potencia actual del arma nuclear. Y es necesario que las nuevas generaciones comprendan el alcance del holocausto mundial si algunos dirigentes enloquecidos aprietan el botón que ponga en marcha el apocalipsis nuclear.