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ORIENT EXPRESS

Treinta años de la operación Tormenta

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 10 de agosto de 2025, 21:19h

En estos días se cumplen 30 años de las operaciones militares que el ejército croata lanzó contra los serbios de Eslavonia y la Krajina. Entre mayo y agosto de 1995, la mayor parte de los serbios de esas regiones fueron expulsados de la tierra donde vivían desde hacía siglos. Lo que se presentó como un triunfo militar de las tropas croatas fue, en realidad, una ofensiva contra unos serbios en inferioridad de condiciones numéricas y de armamento. Pasados cuatro años desde el comienzo de la guerra, el ejército croata había recibido instrucción y armamento de aliados extranjeros y, desde 1993, realizaba incursiones cada vez más exitosas en el territorio controlados por las fuerzas serbias de Eslavonia y la Krajina. El alto el fuego de 1992 había servido para que los croatas reorganizasen sus fueras armadas y, a la altura de 1995, resultaba claro que la guerra se decantaba en su favor.

La operación Flash, entre el 1 y el 3 de mayo, en Eslavonia permitió a las autoridades de Zagreb recuperar el control de buena parte de la región incluida la ciudad de Pakrc y la autopista Zagreb- Belgrado. Miles de serbios huyeron hacia Serbia y hacia la República Srpska, en Bosnia-Herzegovina, mientras se rompía la promesa croata de que se respetarían las vidas y las propiedades de los civiles. Como suele suceder, los casos de asesinatos se atribuyeron a elementos descontrolados ajenos a las autoridades.

Las acciones militares en Eslavonia anticiparon las que se desplegarían en la Krajina en agosto de aquel año. La operación Tormenta (Oluja en serbocroata) supuso la movilización de más de 140 000 hombres frente a 30 000 efectivos serbios. Gracias a los programas de entrenamiento conseguidos mediante apoyos extranjeros, las tropas croatas lograron un avance formidable en sólo cuatro días: entre el 4 y el 8 de aquel mes Zagreb había recuperado toda la Krajina y, de nuevo, miles de serbios huían del territorio. Al igual que en mayo, las columnas de refugiados se dirigían a Serbia y a la República Srpska.

Las dos operaciones tuvieron lugar cuando la guerra estaba concluyendo. El alto el fuego de 1992 había sido un punto de inflexión y, durante 1993 y 1994, el equilibrio de fuerzas favorecía a los croatas. Beneficiarios del apoyo diplomático de los Estados Unidos, Alemania y la Santa Sede, apoyados mediante programas de entrenamiento con contratistas militares privados y sostenidos económica y políticamente desde el extranjero, era cuestión de tiempo que se impusieran en el campo de batalla. En vísperas de la operación Tormenta, las autoridades serbias de la Krajina ya habían aceptado una solución pacífica propuesta por la comunidad internacional. Estas operaciones, pues, no sirvieron tanto para decidir la guerra, sino para sentar las bases de la Croacia posterior a ella.

En efecto, el éxodo de serbios provocado por la operación Tormenta modificó la configuración de la región desde el punto de visto demográfico. Según la ONG Veritas, hubo 1852 muertos o desaparecidos. Casi un tercio de esas víctimas mortales fueron mujeres. Más de la mitad, un 65%, eran civiles desarmados. Más de 900 muertos eran mayores de 60 años. La ofensiva croata destruyó más de 13.000 edificios; entre ellos, 25.000 casas, 920 monumentos, 181 cementerios, 96 museos y 78 iglesias. Al terminar las hostilidades, unos 250 000 serbios habían abandonados sus hogares.

Así, la Croacia posterior a la guerra surgiría a partir de unas operaciones militares que expulsaron a los serbios de los territorios en que vivían desde que aquello era la frontera con el Imperio otomano y ellos sus defensores. Siglos después del episodio que pintó Paja Jovanović (1859-1957) en«La migración de los serbios» (1896), donde se ve la retirada hacia el norte encabezada por el patriarca Arsenije III Crnojević (1633-1706) después del fracaso del alzamiento de 1689, de nuevo los serbios se veían expulsados de su tierra.

Treinta años después, quizás haya llegado el momento de hacer un balance de estas operaciones más allá de unas victorias militares sobre una población en inferioridad de condiciones militares, empobrecida después de cuatro años de guerra y desmoralizada por lo que les cabía esperar después de la operación Flash. Tal vez sea momento de admitir que en esos días de agosto no se decidió una guerra sino un equilibrio demográfico que condenaría a los serbios. Quién sabe si después de treinta años ha llegado el momento de que la comunidad internacional también recuerde a esas víctimas serbias.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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