«Casi todos los días Eugène Ionesco y yo nos reuníamos en su casa para hablar casi exclusivamente de Dios; comenzaba diciendo (reposado en su sillón ¿de inválido?):
- Vamos a charlar la mar de bien porque los dos somos agnósticos.
Rodica muy modestamente decía siempre como para sí misma:
- No tan agnósticos.
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Cuando nos vimos por primera vez los tres, Yiste dijo:
- Me encantan los campos de concentración chilenos en los estadios.
Topor replicó:
- Detesto esta clase de bromas a lo Dalí.
Yiste:
- Te voy a romper la cara.
Topor:
- No hace falta me la rompo yo mismo
Y se pegó un suave bofetón.
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En el Lucernaire con el Atelier du roman estábamos reunido en torno a Lakis Prodiguis y Milan Kundera.
Milan me llevó a una mesita contigua, cogió mis manitas entre sus manazas y me hizo la pregunta que me paralizó, pues tanto le quería y le quiero que no supe qué responder:
Arrabal, ¿me amas?
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En Saint Cirq Lapopie hablando de la condena a muerte de mi padre y sus dos hermanos durante la guerra civil André Breton dijo:
- Ellos son los arrabeaux con usted.
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Invité a BHL en el modesto restaurant cerca de mi casa. Al dia siguiente el camarero me acogió alborozado:
- Su amigo es muy célebre es nada menos que Jean-Marie Lévy.
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Me extrañaba que en Cadaqués.... por fin le pregunté a Gala.
¿Por qué es Vd la única aquí que habla bien de Picasso?
Salvador no quiere recordarlo pero para mí es algo inolvidable: nos pagó los pasajes del barco para visitar Nueva York mucho antes de sus guerra-civil.
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En el Extension Theatre de New York (en frente de Andy Warhol) dirigí una de mis obras. Una noche en el cruce de la calle 32 con la seis, Arthur Miller y su esposa fotógrafa (no les conocía) alzaron los brazos para felicitarme. Luego Miller me dijo:
Hace tres semanas aquí a estas horas - tan peligrosas de la noche- un joven negro me gritó:
- ¡Miller! ¡Miller!
Intenté escabullirme. Me agarró por el cuello de la chaqueta y me dijo:
- Me chifla tu música, Miller.
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Acababa de hacer con Otto Piene un soberbio La nuit d'Héliogabale un libro de poemas de bibliofilia casi tan alto como yo que el inolvidable e insuperable Ante Glibota pensaba cubrir de jade. Estamos en un Berlín triunfal para Otto, felices de compartir con él sus recuerdos con Heinz Mack o el grupo Zero cuando de pronto el creador del arte cinético cayô muerto en mis brazos.
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Kasparov se exhibió en la agencia Tass de Moscú llena de leales y televisiones. Le pregunto: ¿Cuándo sea usted campeón del mundo de ajedrez jugará contra Bobby Fischer? Kasparov, furioso, pidió a la policía de Putín de no permitirme volver a hablar; como así sucedió.
Karpov que estaba en la sala me dijo « tiene toda la razón» y me dio un beso en la boca de cine. [Me dicen que el genial Anatoli Karpov -para quien escribí en NYTimes- a sus 74 años recuerda perfectamente el lance].
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Samuel Beckett y yo estábamos enfrascados en una partida de ajedrez. Susana intentaba mostrarnos un libro que acababa de recibir por correos. A regañadientes le echamos un fugaz vistazo al libro en que estábamos en portada : Teatro del Absurdo de Martin Esslin. Sam distraído interrumpió un instante la partida para decir:
- Teatro del absurdo, ¡qué absurdo!
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Picasso siempre tan cordial cuando llegué a su mansión desde el Festival de Cannes me hizo un gesto con los labios y los dedos. Por fin me dijo (dos años antes de su muerte):
- Aquí no se habla de tu peli 'Viva la muerte'.
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Estando en el Festival de Cannes le pido a Buñuel que suba a ver a Picasso.
- Me pregunto si en ese inmenso caserón no se aburre.
- No, ¡no vaya a ser que me muestre sus cuadros!
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Le pregunto a Breton:
- ¿Puedo ir al café con Topor?
- Claro que sí. Será bienvenido.
Al día siguiente a las seis en punto llegamos a la Promenade de Vénu . Al cabo de veinte minutos, Topor me preguntó:
- ¿Dónde está el WC ?
Bajó y no volvió.
Luego por la noche nada me dijo al respecto y desde entonces nada le pregunté sobre ello.
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Armando Verdiglione estaba en la cárcel de San Vittore en Milán. Decido pedir cambiarme contra él con el argumento:
- No puede estar encerrada una persona tan alta de la cultura y lo peor con una huelga del hambre tan tremenda que su vida esta en riesgo.
Pero Verdigliogone, como comprobé al descubrirle en su celda, se había vuelto obeso...
[No obstante apañé mi discurso muy dificilmente pero tan apropiado que al día siguiente Armando saldría de la prisión]
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Llego a Moscú para ver el campeonato de ajedrez. Con Nicole Zand asisto por casualidad a un Congreso por la Paz .Un altavoz exige a los delegados -presentes ponerse de pie pues va a hablar Brejnev-. Inmediatamente todo el mundo se ponde de pie. Yo me tumbo acostado en el suelo.
Al cabo de tres minutos llega un poli me mira, sonríe hace un gesto con el pulgar: ¿Impecable?
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Los polis en tiempos de Franco me hubieran podido ¿y debido? llevar esposado en coche de Murcia a Carabanchel (400 km).
- Les podemos quitar las esposas.
- ¿No les va a molestar?
Repetimos involuntariamente el mejor diálogo de Pic-Nic mi primera obra escrita y la más representada hoy en el mundo por problemas bélicos .
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Cuando salgo de la cárcel de Carabanchel los guardias revisaron totalmente mi equipaje; temía que me confiscaran la obra que había escrito en la cárcel. Pero un policía halló una hoja llena de letras y números.
- No puede pasar este documento clave.
Era la anotación de mis a partidas a ciegas que otro interno me había copiado.
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Al verle, por vez primera, en el aeropuerto de Nueva York le digo agresivamente :
- Lleva Vd en sus bolsillos con su calderilla la llave que encierra en el gulag castrista a los poetas.
Y el consejero oficial de Fidel Castro y de Mitterrand, Régis Debray, me dice (¿modestamente?:
- Hago todo lo que puedo
Y creo que fue sincero.
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