Como viene siendo habitual el partido no pudo comenzar peor para el Real Madrid. Cuando sólo se llevaban disputados dos minutos,

Adriano adelantó a los sevillistas tras un error garrafal de Casillas. Un centro desde la derecha, por donde Navas volvió loco a Marcelo, fue mal despejado por Iker y dejó el balón a placer para que Adriano subiera el primer gol al marcador.
Como si la vida fuera en ellos, los blancos se lanzaron al ataque pero con mucho corazón y sin orden. Por eso cada contragolpe se convertía en una ocasión de peligro para los de Nervión. A pesar de ello Raúl empató. Guti centró magistralmente y Raúl remató con la cabeza poniendo el balón lejos del alcance de Palop. Con el 1-1 los de Schuster se las prometían felices pero la realidad volvió al césped. Romaric, sin oposición, realizó un letal testarazo que de nuevo puso por arriba al Sevilla.
Y de nuevo sin tiempo para reaccionar, otro zarpazo de los de Jiménez puso el 1-3. Esta vez el autor fue Kanouté. Tras un lio de rechaces dentro del área madridista, el malí anotó a placer a un Casillas triste y con un estado de forma más que cuestionable.
Robben puso la cara y la cruz
El segundo acto arrancó con la misma tónica que terminó el primero. El Real Madrid volcado arriba y el Sevilla aprovechando los descuidos defensivos de los blancos. Cuando los pitos y los pañuelos asomaban por el Bernabéu, Higuaín recortó distancias con disparo lejano. La remontada había comenzado.
Con las bufandas por el estadio y con los espectadores aún celebrando el gol del "Pipita", una falta botada por Guti fue rematada por Gago poniendo el 3-3.
Los blancos se lo creyeron pero entonces Robben fue expulsado. Con una amarilla, protestó enérgicamente y vio la tarjeta roja. Capaz de lo

mejor, mareo a la defensa sevillista, y de lo peor, pecó de infantil para acabar en la caseta. Aún así los madrileños quisieron ganar y por ello en un contragolpe Renato anotó el gol de la victoria.
Noche de contrastes en Concha Espina. Gritos, alegría, euforia, desolación, fracaso y una señal de impotencia fueron algunas de las sensaciones que se notaron por el Bernabéu. Con todo, la semana que viene los blancos viajan a Barcelona para medirse al líder sin Marcelo ni Robben. Nueve puntos de diferencia y el derbi por excelencia que se antoja más trascendental de lo que se vende.