Hay novelas que desgarran en su lectura, que hacen las funciones narrativas de ese puñetazo en el ojo al que se refería Eisenstein con sus films. Libros que sirven de toma de conciencia hacia lo que parece ya perdido y sobre lo que nada se puede hacer: la condición humana. Uno de esos libros es Las pirañas de Miguel Sánchez-Ostiz. Publicado por primera vez por Seix & Barral en 1992 y reeditado a lo largo de los años por Círculo de Lectores y Limbo Errante, ve nuevamente la luz en una extraordinaria edición de Malas Tierras, bajo una poderosa imagen de portada: la mesa de después de una farra, protagonizada por esa gente reprobable que no está precisamente en el último escalafón de la sociedad sino en lo más alto. Una comunidad de indeseables que sigue estando de actualidad tras más de treinta años de la publicación del libro original, porque por desgracia nunca pasa de moda. Están en el poder empresarial, político o jurídico y, si bien la mayoría de sus fechorías no ven la luz porque saben taparlas, otra parte de ellas sale en las noticias y nos amarga cada mañana como ciudadanía.
Las pirañas puede definirse como una tragicomedia —que tiene más de lo primero que se lo segundo— en cuatro actos o cuatro jornadas, donde los protagonistas no son tanto esas sardinas bravas a las que refiere el título, sino un solo individuo —José María, alias “el Gorras”— y, más que eso, su pensamiento interno, que fluye a lo largo de toda la narración a través de la voz de un ser omnisciente: Perico de Alejandría, un muerto vivo que hace, junto con Caifás, de corifeo contemporáneo. Como toda la obra de Sánchez-Ostiz —novelística, poética o ensayística—, sorprende por su crudeza, su crítica sin contemplaciones hacia lo podrido de este mundo a causa del ser humano y, por supuesto, su humor como con el que hacernos llevaderos los acontecimientos descritos. Debido a la amistad que nos brinda y su generosidad, tenemos la suerte de poder conversar con él para arrojar más luz si cabe en torno a esta obra clave de su producción.
A pesar de estar escrita en un contexto concreto pleno de corrupción, Las pirañas sigue sorprendiendo por su rabiosa actualidad. ¿Cómo surgió la idea de escribir esta nave de locos?
En una noche de trueno en un bar de espectáculo arrevistado de cabestris y mucho trago que recreé en la novela Perorata del insensato.
Un elemento que llama poderosamente la atención es el estilo narrativo elegido para desarrollar la novela: ese monólogo en forma de torrente desplegado por ese personaje tan peculiar por sobrenatural, Perico de Alejandría un gamberro que tiene calle en un barrio de pamplona que fue el suyo ¿Podría considerarse una máscara del propio autor a través de la cual promover el propio per sonare de su visión de las cosas?
Pues sí, un antifaz o máscara que me ayudó a echar a rodar.
El personaje que nos introduce Perico, José María “el Gorras”, es un antihéroe que se ha buscado su propia desdicha pero que, inevitablemente, provoca que el lector sienta cierta piedad o empatía hacia él. ¿Cómo fue el proceso donde surgió la construcción de este pobre hombre?
El trato con gente que se le parece como una gota de agua a otra. Yo mismo si me apuras, en una época de vivir a tumba abierta. Una purga del corazón, aunque esto suene excesivo.
En Las pirañas hay una parte importante dedicada a describir la atmósfera y anécdotas del mundo de los juicios, jueces, clientes y abogados en el que se desenvolvió “el Gorras”. ¿Hay una parte autobiográfica en ello, testimonio de tu experiencia como abogado?
Evidentemente, fueron para mí demasiados años de toga y trampa por lo que el libro tiene mucho de purga del corazón, como acabo de decir.
Debido a la honestidad que te caracteriza como escritor, la publicación de Las pirañas trajo cola en su época, ya que algunas personas del ambiente que recreas se sintieron identificadas. ¿De qué modo afectó a tu día a día?
Mucho, al final tuve que dejar Pamplona e irme al valle de Baztan, donde todavía sigo y llevo una vida dichosa.
En el prólogo de la obra, describes cómo el mundo de Las pirañas de aquel tiempo sigue siendo el mismo, a pesar de que las personas en quienes te inspiraste estén ya fuera de juego en buena parte. ¿Cómo ves este mundo a día de hoy?
Pues que se hace raro el día que no hay noticia de una nueva mangancia en lo público o indecencia en lo privado y a su sombra.