Ni Pedro Sánchez sabe cuándo se celebrarán las elecciones generales. Sigue esperando a que las encuestas verdaderas de Tezanos reflejen la mínima posibilidad de repetir un Gobierno Frankenstein. Si es que llega ese día. Pero los partidos ya están en campaña no vaya a ser que el presidente disuelva las Cortes por sorpresa por su minoría parlamentaria y por los casos de corrupción que le estallan en la cara cada día. Y, es que, las instrucciones de los jueces sobre su familia, su partido y su Gobierno pueden prolongarse hasta bien entrado 2027. Y quizás al líder del PSOE le convenga abrir las urnas pronto, cuando todavía una parte de su electorado cree que los casos de corrupción son un invento de la fachosfera y de unos magistrados que se dedican a hacer política para tumbar al Gobierno progresista.
En ese clima preelectoral, se acrecienta la lucha por el voto entre los partidos de extrema izquierda y el PSOE. Y la guerra de Gaza se ha convertido en el gran argumento para la propaganda del PSOE, Sumar y Podemos. No por las incontables muertes por la masacre. Sino por los incontables votos que están en juego. De ahí, las declaraciones de Yolanda Díaz contra Pedro Sánchez por su “tibieza”; o las amenazas de Ione Belarra de retirar definitivamente su apoyo al Gobierno si no rompe las relaciones diplomáticas con Israel. Y, ahora, después del vodevil de la Flotilla, los radicales antisemitas han vuelto a la calle para reventar escaparates y lanzar botellas a la Policía más que para frenar la guerra. Como siempre, estas movilizaciones son convocadas y jaleadas tanto por la extrema izquierda como por el PSOE. Forcejean para encabezar las protestas y para salir en la foto.
De todos modos, sería una sorpresa que Sánchez adelantara las elecciones. Todo apunta a que aguantará hasta el final de la legislatura, pues por ahora todas las encuestas independientes vaticinan una derrota sin paliativos del PSOE. Y porque espera que fructifiquen sus maniobras para nacionalizar inmigrantes a mansalva; inmigrantes subvencionados generosamente, claro. Mientras tanto, aprovecha la guerra de Gaza para pescar votos. Y a esperar cómodamente en La Moncloa a que se despeje el horizonte.