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TRIBUNA

Una trampa mortal de Trump a Hamás en Gaza

jueves 09 de octubre de 2025, 18:40h

¿Qué dirán ahora los que continuamente ponen en duda las habilidades de Donald Trump en sus negociaciones pacificadoras llevadas a cabo en los diferentes focos calientes del planeta?

Ahora, cuando él ha conseguido parar la guerra en la franja de Gaza entre el ejército israelí y los terroristas de Hamás. Y no sólo ha conseguido que se interrumpan momentáneamente las hostilidades entre las partes enfrentadas, sino que ha logrado que tanto el gobierno de Israel como los líderes políticos de Hamás aceptaran el Plan de Paz, elaborado por el equipo del presidente norteamericano. Un plan que Hamás se negaba aceptar hasta ahora a pesar de los esfuerzos del gobierno israelí, norteamericano y de varios intermediarios árabes.

¿Qué magia negociadora ha empleado el presidente norteamericano para que su plan fuera aceptado, prácticamente, por todos los gobiernos árabes de la zona y de otros países musulmanes, los que en su enorme mayoría eran unos enemigos de Israel, desde el primer día de la proclamación del Estado Judío, en 1948?

Entre ellos los Estados árabes, como Egipto, Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Qatar. Algunos de ellos, como Egipto, apoyado por los demás, se enfrentaban militarmente con Israel en varias guerras, las que habían perdido, a pesar de su superioridad numérica y el apoyo del resto de los países de la zona (por ejemplo la guerra de los “Seis Días), acumulando con sus derrotas más odio y rabia contra el Estado de Israel.

¿Cómo lo ha podido conseguir el presidente norteamericano a quien numerosos analistas políticos de tendencias muy determinadas, le tachan del imprevisto, del improvisador, del charlatán, del manipulador?

¿Acaso estaba imprevisto que Donald Trump se dedicaría a pacificar el Oriente Medio, de lo que había hablado durante su campaña electoral a la presidencia norteamericana para 2025-2028 y de lo que se ocupó en su anterior mandato presidencial del 2017-2020, cuando había conseguido que otros dos países árabes del Golfo Pérsico, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin normalizaran sus relaciones con Israel estableciendo sus respectivas embajadas, bajo los Acuerdos de Abraham, a los que se estaba previsto que, con el tiempo, unieran otros países árabes como Arabia Saudí o Qatar?

¿Realmente parece a una improvisación los continuos contactos y visitas de los miembros del equipo del jefe de la Casa Blanca a Israel y a los países del Golfo, recabando la información y las condiciones en las que los gobiernos de estos países estarían dispuestos de apoyar el plan pacificador del presidente norteamericano, que consistía en arrinconar a la organización terrorista Hamás, quitándole el apoyo y el cobijo político que le estaban prestando varios países de la región, especialmente, Qatar?

Hasta que el propio Trump tuviera que visitar a los líderes de Arabia Saudí y Qatar, pactando con ellos el apoyo a su Plan de eliminación de Hamás y del fin de la guerra en Gaza, ofreciéndoles a cambio unas suculentas inversiones en los sectores estratégicos de los Estados Unidos.

¡Vaya improvisación! Es un “buen trato”, como lo suele llamar Trump, cuando consigue llegar a un acuerdo sobre cualquier asunto favorable a todos los participantes. En este caso, a los líderes árabes les resultó más interesante mantener las excelentes relaciones comerciales con los EE.UU que apoyar a las organizaciones terroristas contra Israel.

Y para asegurar más el Plan, Trump invitó a la Casa Blanca a un importante contrincante de Israel, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, para negociar las condiciones aceptables para él, también a cambio de unas contrapartidas beneficiosas para Turquía, tanto en la cooperación comercial como militar, con los Estados Unidos. Otro buen “trato”, como diría Trump.

Así fue elaborado el Plan de 20 puntos del presidente norteamericano que estamos comentando. La pregunta del millón es: ¿Por qué Hamás lo ha aceptado, mientras hasta ahora se negaba acabar la lucha armada con Israel, si no fuera en las condiciones propuestas por la organización terrorista, que Israel los rechazaba rotundamente?

La respuesta es bien sencilla: el presidente Trump tendió hábilmente a Hamás una auténtica trampa, arrinconándolo y sin dejarle otra salida que no fuera la de aceptar un “trato” que permitiría a sus líderes salir físicamente vivos del enfrentamiento con Israel a cambio de la muerte política y militar de su organización, causada por un implacable empuje del ejército israelí, que estaba asestando un golpe mortal a las estructuras militares de Hamás en Gaza e, incluso, eliminando físicamente a varios de sus líderes que se escondían en los países árabes, amigos de los terroristas, como el ya mencionado Qatar.

Antes, después de una derrota de turno en el enfrentamiento con Israel, los terroristas de Hamás, Hezbolá, Hermanos Musulmanes, Yihad Islámica se escapaban a sus refugios en los países amigos, se recuperaban de las heridas, recibían más dinero y nuevas armas para poder ir acometiendo nuevos ataques a Israel. Pues, a partir de ahora no van a tener estos refugios.

Qatar, que fue uno de los países que más protección ofrecía a estos grupos terroristas, ya no puede hacerlo, dado que está comprometido con el presidente estadounidense, al haber aceptado su Plan de liquidación de Hamás como una organización política y militar. Los jeques no van a poner en peligro sus boyantes negocios con los Estados Unidos por dar treta a los terroristas. Esta es la esencia del “buen trato” que ha conseguido Donald Trump con su arte de negociar, en este caso la paz en el Oriente Medio.

Algunos me van a decir que todavía todo está en el aire, que Hamás aún no ha entregado a los rehenes y que los terroristas no empezaron a desarmarse y salir de Gaza, que ellos irán poniendo todas las pegas posibles y sabotearán los acuerdos aceptados, incluso, rompiéndolos, como ya lo han hecho en otras ocasiones, por lo cual la normalización en la zona nunca había llegado al buen término. Todo es posible, quedan muchos escollos “técnicos” a resolver, pero la situación es totalmente diferente a las anteriores ocasiones.

Si Hamás no actúa según lo pactado, a su organización le espera una derrota política y militar total, ya que el ejército israelí recibirá el visto bueno de acabar una vez por todas con Hamás en Gaza, y sus líderes, al no tener un refugio fuera de la Palestina, serán liquidados físicamente por los comandos especiales del ejército de Israel.

De una u otra forma, Hamás estará acabado y pronto se va a establecer la paz en la región, con la ayuda y la participación directa de los países árabes, que antes preferían dar protección a los terroristas en sus ataques al enemigo judío, y ahora han cambiado de actitud, gracias a las hábiles negociaciones del presidente norteamericano Donald Trump.

Todos a los que de verdad preocupa la buena suerte de Palestina deberían apoyar el Plan del presidente norteamericano, evitar las falsas críticas, las provocaciones, el sabotaje encubierto.

Por primera vez, desde el año 1948, cuando fue fundado el Estado judío en la Palestina, se han juntado las condiciones reales para ir solucionando, paso a paso, los problemas, que parecían insalvables hasta ahora, de cohabitación de los árabes y judíos en estas tierras bíblicas.

Puede que el Plan no es ideal, pero es un compromiso para actuar sólido, bien pensado, cuenta con interesas de todos las partes implicadas (menos del Hamás que, precisamente, según el plan, debe desaparecer del mapa de Palestina, como el principal obstáculo a la paz en la zona), para conseguir, en un futuro no muy lejano, la verdadera coexistencia, pacífica y prospera, de dos pueblos enfrentados en los siglos.

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