La primera huella dactilar realizada por un neandertal hace 40.000 años o las marcas comerciales actuales que utilizan siluetas humanas son la inspiración de la muestra que exhibe en el Museo de Altamira el artista Miguel Ángel García para documentar la historia del arte.
El recorrido por la exposición 'El susurro de la sombra', que puede visitarse hasta el 31 de enero, pasa también por las manos en positivo o en negativo, seña de identidad del arte rupestre paleolítico, y por manifestaciones artísticas de civilizaciones clásicas como Grecia, Egipto o China.
Miguel Ángel García (Madrid, 1952) explica, en una entrevista con EFE, que la sombra o la silueta ha sido el medio a través del cual se ha contado gran parte de la historia del ser humano, como se constata en la primera huella dactilar aparecida hace unos meses en Segovia.
Más tarde, esa historia presenta un vacío durante la Edad Media en el que desaparece la sombra del arte, porque el peso de lo simbólico, religioso y espiritual hace que sea opacada por el fondo dorado o plano de las obras pictóricas.
Del Renacimiento a la fotografía
La sombra vuelve a primer plano del arte con el Renacimiento, con Miguel Ángel o Leonardo, para luego adquirir un peso específico con Caravaggio y su tenebrismo, hasta llegar al siglo XX con la fotografía que es luz y sombra.
El artista recrea en su exposición todos esos cambios y también el nuevo resurgir de la sombra y la silueta en el momento actual, en el que los logotipos más significativos en el mundo del consumo utilizan el cuerpo humano como referente para empatizar con el consumidor.
Según explica, a lo largo de la historia de la humanidad el concepto de sombra ha aparecido el multitud de ocasiones en la literatura universal, de tal forma que se pueden encontrar más de 80 conceptos vinculados narrativamente con el contorno proyectado por la luz sobre una superficie.
A su juicio, la sombra “tiene un valor muy polisémico”, como se constata en cuevas prehistóricas similares a Altamira, donde las huellas encontradas dan idea de que los seres humanos primitivos querían mostrarnos algo de sí mismos.
Miguel Ángel García asegura que otro ejemplo es la huella descubierta en Segovia, a su juicio “una especie de selfie”, donde un neandertal utiliza un canto rodado con forma humana para dejar impresos sus dedos queriendo enfatizar la silueta humana.
Según explica, la muestra permite recorrer el camino de las sombras desde una mirada más simbólica que documental.
También resalta que sus obras no están exentas de cierta denuncia social al situar en primer plano temas históricamente complejos o injustos que, de un modo u otro, han ido construyendo el mundo actual.
Esta exposición temporal forma parte del proyecto de los responsables de Altamira para apoyar la creación artística contemporánea y la defensa del museo como agente cultural.