Puntualicemos los acontecimientos. Era una chorrada, una mafufada que Trump se postulara y ganara el premio Nobel de La Paz. El mundo entonces sí demostraría que está loco. No llegó la sangre al río. ¿Qué resolvió muchas guerras? dice. Imponer su agenda en Gaza ¿sin palestinos? menudo mérito.
Ahora bien, María Corina Machado es de los males, el menor, independientemente de no ser una candidata excelsa –por su pasado solapador y abiertamente favorable a una injerencia (invasión, de ser el caso) yanqui en Venezuela [derecho inexistente a pedirla o favorecerla]– y está documentado ampliamente que no la desaprueba y sus seguidores dicen que solo así echarían a Maduro. Ergo...no puede pesar más su lucha prodemocracia que su anuencia o pasividad ante una probable injerencia yanqui en tono invasión. No hay manera.
Lo de los venezolanos a los venezolanos y quien no lo sea, que saque sus manos de allí. Trump no es venezolano. Punto para Maduro. Y no serán los yanquis metomentodo quienes digan quién y cuándo debe gobernar ese país, al carecer de pleno derecho para decidirlo y lo pretenden. Chasquearle a Maduro como lo hicieron los vulgares secretarios de Estado, el Rex, Pompeo, Blinken o Rubio, no les corresponde, carecen de legitimidad y es una soberana majadería y una insolencia intolerables por mucho que Machado sea ahora premio Nobel.
El mundo no ha aprendido y la Fundación Nobel sí, que los presidentes yanquis suelen ser inmerecedores de semejante galardón. Teodoro Roosevelt lo ganó cuando ya había robado Panamá a Colombia (“yo tomé Panamá” dijo ufano el desvergonzado) y fue el creador del Gran Garrote y contribuyó a que España perdiera su imperio sin derecho alguno a ello. Llamó “espléndida guerra chiquita” al Desastre del 98. Las causas argüidas para entregárselo no eran mejores que sus rapacidades y fregaderas propinadas a la región. Obama, al menos, tuvo cara para decir “yo no lo pedí” cuando por sus acciones polémicas y decisiones le acusaban de haberlo ganado. Wilson y Carter…como para no dejarnos boquiabiertos. Y luego viene el otro naranja insufrible y cual botarate a sentirse tan merecedor. ¿Paz? con medio planeta harto. No hay manera de reconocérselo.
Desde luego que premiar a Machado o a otro está bien si eso derrotó a Trump, que salió rezongón. Que con su pan se lo coma. Dudamos que el premio degenere, legitime en una invasión a Venezuela. Y ya sabe: cuidado con leer en clave nacional lo exterior. Es el mismo Trump que ha vociferado echar a España de la OTAN. Es evidente que no puede aplaudírsele. Machado, de suyo cuestionada por su trayectoria polémica, pudo quedarse en su agradecimiento, mas se equivocó garrafalmente dedicando su galardón a Trump. Fatal, fatal, fatal. No puede negarle a sus detractores que simpatiza con una invasión yanqui. No es de recibo. Elogiarla es un ¿A dónde va Vicente? A donde va la gente. Inadmisible.
Se equivocó por varias razones. Primera: si la Fundación Nobel ya había salvado el escollo de las presiones trumpistas y el descrédito, atribuyéndole tal distinción a Machado, ahí va la otra y se lo dedica. Craso error y legitimador del sujeto. Qué parte no entendió Machado de que Trump, no. Y no, no se lo merecía, a menos que, segundo error, Machado reconozca así tácitamente, que sí lo requieren para entrar en Venezuela e imponerse. Si es así, qué forma de exhibirse y admitir que ella y su grupo sí son esquiroles de los yanquis. Yanquis que carecen del derecho a imponer nada en Venezuela. Y si no es esquirol, no se condujo de otra forma.
Su mensaje a Trump es asquerosamente zalamero. Recordó la vergonzosa postura del salvadoreño José Napoleón Duarte besando la bandera yanqui en 1987. Sí, también pudo besarle los pies a Reagan, se dijo, ya puestos a dar las gracias y que ni el más miserable dictadorzuelo latinoamericano apoyado por Washington se atrevió a tanto –¡sorpresa! Washington no solo ha apoyado democracias, recuerden– y eso mismo aplica a Machado. Tantita dignidad, por favor. Hubiera quedado en aceptar el reconocimiento prodigado a su personita y ya. No me agrada Machado, no secundo felicitarla y NO condeno a quien lo evite.
La Fundación Nobel salvó su prestigio, y no por premiar a Machado, sino por no acceder a las intimidaciones o apremios de Trump. Una versión que nadie ha confirmado ni desmentido consiste en afirmar que Noruega estaba en proceso de paliar aranceles trumpianos y podía verse presionada para inducir el premio al yanqui. Ya se vio que él no triunfó. Y Trump dice que no buscó la paz de Gaza por el Nobel. Recuerda al imperialista McKinley al decir que soñó que Dios le dijo apropiarse de Filipinas. No, si se parecen muchísimo ese par de miserables.
Retomo. Machado puede ser todo lo símbolo que se quiera, nada más que el Nobel no legitima su lucha para fines de imponerse o legitimar o ser la ganosa de una presunta invasión yanqui a su país. El Nobel no da para tanto. Y sí, el inmaduro de Maduro ha forzado demasiado las cosas, pero no lo suficiente para favorecer una invasión extranjera a Venezuela. Mas en estos días ella se erige como campeona de las libertades y reclama, envalentonada, habliche, la salida del otro. Que haya paz, nunca mejor dicho, que lo de Nobel no da pa'tanto.
No, señora Machado y simpatizantes. Y apelar a la injerencia nunca es bueno, no hay imperialismos buenos y malos, son nefastos y la América hispana sabe bien que nunca termina bien el injerencismo yanqui y lo conocen bien nuestros países. Por eso es tan malo apelar a Moscú –Cuba, Maduro– o a Washington –Machado. Guadó, González– y no nos engañemos, la perdedora será siempre Venezuela si se acciona esa palanca. Lo demás es espejismo. Quienes no queremos invasión yanqui, clamaremos por cuestionar esas búsquedas de apoyo en ambos polos, Moscú o Washington. El tema lo deben resolver los venezolanos o correremos el riesgo de un Panamá 1989 y un Iraq 2003. Lo primero legitimando una sórdida posible invasión, lo segundo legitimando el saqueo yanqui al petróleo venezolano, llegado el caso, porque esas "ayudas" se pagan. ¿Alguien creyó que son gratuitas?
Sería un craso error romantizar a Machado.
Y no son conjeturas o supuestos. La América hispana está plagada de magníficos ejemplos de invasiones yanquis siempre solo en provecho de los yanquis. No se habla por hablar. Sí se habla con un libro de Historia en la mano. Nunca su injerencia trajo buenas noticias a la región. Nunca han sido esas invasiones en provecho de los locales. Nadie puede enunciar una que sí lo fue.
Entendamos algo muy importante: el impresentable de Maduro es el pretexto. Hablemos de lo importante: el petróleo venezolano. Geopolítica pura y dura. Venezuela le vende el 90 % de su petróleo a China. ¡Bingo! Por eso se sostiene Maduro. China no es un país petrolero, China sí es el gran rival a vencer de Estados Unidos y se nutre y fortalece con petróleo venezolano. Si los aranceles a Brasil mermaran las compras a China o las sanciones o una invasión a Venezuela mermara ese combustible tan necesario para el avance chino, ergo, por eso son importantes ambos procesos de agresión yanquis. Importan porque van contra China. Maduro es el pretexto y el obstáculo para ayudar a detener a China. Por eso le estorba a EE.UU. Trump es el menos indicado para hablar de democracia.
Sacar a Maduro ¿en el nombre de las democracia? ¿Por inspirarla Estados Unidos o importarle los venezolanos? ¡Pamplinas! esas alharacas democratizoides son de primero de kínder y solo embaucan a crédulos y despistados. El petróleo está de por medio, es la pugna por la supremacía mundial lo importante y eso de vendérselo a los chinos ya es demasiado para los yanquis. Esa sería la razón de invadir Venezuela, que sus reservas no son menores y mejor en manos adecuadas (que no son las venezolanas, claro) independientemente de si repitieran sus fechorías como en Iraq, como apropiarse de tal veta.
Así que no perdamos de vista el petróleo venezolano y quienes son sus beneficiarios, reales o virtuales. No nos dejemos llevar por las primeras impresiones o por superficialidades. Maduro y Machado lo son. En eso se parecen. Y nadie se equivoque: no apoyar a Machado no nos quita lo demócratas. Machado y sus simpatizantes carecen de los derechos reservados para serlo.