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CRÍTICA

Coraje, de José Manuel Rebollo: luchar por nuestros sueños

Javier Mateo Hidalgo
jueves 16 de octubre de 2025, 23:07h
Actualizado el: 17 de octubre de 2025, 08:27h
Coraje , de José Manuel Rebollo: luchar por nuestros sueños
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Conozco a José Manuel Rebollo (El Puerto de Santa María, 1991) desde que este joven cineasta tuvo la valentía de producir su primer largometraje hace un par de años. Sola (2023) supuso un arriesgado film que conllevó entrelazar con maestría géneros como el misterio, el drama o la comedia. El buen pulso narrativo y las excelentes interpretaciones situaron a Rebollo en el mapa de los nuevos y prometedores realizadores españoles. Prueba de ello fue el merecido Premio con Acento al Mejor Cineasta que en 2024 obtuvo dentro del marco del Festival Cine con Acento. Ahora, este portuense nos brinda un nuevo y sorprendente título, con el que nos demuestra su capacidad para reinventarse como autor sin perder la propia voz. Se trata de Coraje, un film bien personal que no renuncia a escuchar a una mayoría del público de las salas, pues supone un producto cercano y transparente, siempre interesante para cualquier tipo de personalidad que decida acudir a las salas de cine.

Con su nueva película, Rebollo demuestra su propio coraje planteando una trama híbrida y rica en matices, donde los distintos personajes que la pueblan tienen una marcada personalidad y se enfrentan a diferentes situaciones que conformarán un atractivo fresco gaditano. La ciudad será un personaje más, ese Cádiz histórico y hermoso, esa “Tacita de plata” que toma el relevo de la ciudad de los cien palacios que vimos en Sola. Sus emblemáticos edificios y su privilegiada mirada al mar servirán de telón de fondo para la historia de Loli —impresionante Montse Torrent—, una viuda de sesenta años que no se rinde por alcanzar su sueño: convertirse en la actriz de un largometraje. A pesar de su difícil situación —a su trabajo como repostera se añade el cuidado de Lucía (sutil Sofía Navarro), una hija que se encuentra recuperándose de las secuelas de un accidente automovilístico y que parece mostrarse insensible a las atenciones y deseos de la madre—, ha conseguido abrirse camino en el camino de la interpretación, realizando una serie de cortometrajes. Loli no ceja en su deseo por protagonizar un film de larga duración y, a pesar de encontrar el apoyo en Alonso, un amigo muy especial —interpretado por el extraordinario Antonio Dechent—, se enfrenta a la discriminación que sufren las mujeres en una industria como la del cine —y más si han dejado de ser jóvenes—. Finalmente, parece encontrar la oportunidad soñada en un proyecto liderado por el cineasta amateur Mateo Ramos —expresivo Adrián Pino—, pero no es oro todo lo que reluce. A pesar de ello —y desanimada por la suerte que acompaña a otros intérpretes mediocres—, seguirá luchando por lo que considera su vocación.

Coraje representa una película esperanzadora, reflejo de un áspero mundo pleno de obstáculos al que hemos de enfrentarnos constantemente con fuerzas renovadas para no quedarnos detenidos en el camino. La voz narradora de Rebollo nos ofrece paladas de cal y de arena, haciendo dicho viaje bien llevadero, arrancándonos sonrisas que no nos apartarán de la realidad en ningún momento. La luminosa fotografía de José A. Gutiérrez y la estética dirección de arte de Marina Vera nos animan constantemente en el trayecto a través de una cálida visualidad. Punto y aparte suponen el maquillaje y los FX de María Blasco, cruciales para la aparición de ese inesperado “monstruo” gaditano —sí, como lo oyen— del cual no podemos adelantar nada más para sorpresa del público. La música original de Willy Sánchez de Cos nos conduce de lo real a lo evocado en la protagonista, jugando con los conceptos de música diegética y extradiegética.

En definitiva, Coraje penetra como aire fresco en el panorama cinematográfico actual, representando la voz crítica hacia una industria que todavía tiene mucho que mejorar, más en el ámbito español —tanto nacional como regional—. El cine, como séptimo arte, sigue siendo tristemente maltratado por las instituciones y la sociedad en general, que no valora suficientemente los esfuerzos de quienes lo hacen posible buscando materializar sus propios anhelos creativos. Unos esfuerzos que darán como resultado productos que precisamente la ciudadanía disfruta plenamente, aunque no los valore como es debido.
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