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TRIBUNA

De ayer a hoy

sábado 18 de octubre de 2025, 19:15h

Ámbito sociopolitico

a) La política tenía fondo teocrático y el Caudillo se consideraba responsable únicamente ante Dios y ante la historia, esquema autocrático. b) Con la eclosión de las libertades desde el 1975 (muerte del dictador) se pasó de la cultura de deberes obedienciales a la cultura de derechos críticos y de grandes ilusiones populistas bajo una fuerte indoctrinación ideológica. El pueblo vivía en el éxtasis de la fiesta que iba a culminar en la gran traca del 92, sin barrunto de crisis. c) Y de la cultura de los derechos se saltó en un pispás al pelotazo del enriquecimiento rápido, a la corrupción del Estado con el subsiguiente descrédito de lo político. Del mismo modo se generalizó una primacía de lo epicúreo hedonista, del antes reventar.

Del magistrocentrismo al pedocentrismo

a) Decía Plutarco que la naturaleza sin instrucción es ciega, la instrucción sin naturaleza es algo imperfecto, y el ejercicio sin las dos, nulo. Sin embargo, el modo de hacer escuela ha ido en España de tumbo en tumbo. En efecto, la antigua enseñanza del maestro de posguerra se veía legitimada por provenir de la revelación, constituyéndose así en eslabón trasmisor de la tradición; su orientación se centraba en el pasado, y la historia civil era vista como reflejo de la historia sagrada, de ahí que los arquetipos históricos a imitar fuesen los teocéntricos: Reyes Católicos, etc. Convertido el maestro en catequista de lo eterno del bien vivir y del bien morir (de ahí que se rezara en la escuela, se enseñara catecismo, etc), el alumno debía aceptar sin réplica esa doble enseñanza-doctrina. Para justificarse, tal modelo educativo tergiversaba lo enseñado: bajo el signo de las dos eternas Españas, ellos eran los malos y nosotros los buenos. Esta es la historia que mi generación, la nacida en torno al 1944, aprendía de obligado cumplimiento en la escuela nacionalcatólica del florido pensil. Sin embargo, no por mucho madrugar había de amanecer más tempranamente la racionalidad pues, como dijo Gracián, la Mentira es siempre la primera en todo y la Verdad llega la última cojeando.

b) Muerto Franco, durante la transición democrática la enseñanza mira hacia adelante: el futuro (el progreso) se identifica ahora con lo valioso, y el pasado (tenido por mera añoranza) con lo negativo. La sociedad admira al maestro crítico con el antiguo régimen que pone su esperanza en la prometeica sociedad nueva sin dictadura, aunque a su vez maniqueiza de nuevo leyendo el pasado en clave ridiculizadora e hilarante. El alumno jalea al profesor progresista y zahiere al tradicionalista.

c) Hoy cada maestrillo se pasea con su narcilibrillo, pero su autoridad se halla bajo mínimos y sin modelos objetivos, campando el alumno por sus respetos con gran convicción narcisista en su propia genialidad sapiencial tras haber desacralizado lo anterior. En las aulas ya no se perciben convicciones de contenido, sino meras metodologías formales destinadas a potenciar con bailes, cantos, juegos, y distracciones la felicidad del alumno; poco más. Conforme a la mentalidad posmoderna de Narciso, lo que en la escuela actual se pretende enseñar es el colaje, el revuelto y el gazpachito batido de la minipimer. Sólo laicos serios como Umberto Eco han sido capaces de criticarlo: “en los colegios italianos Homero es obligatorio, César es obligatorio, Pitágoras es obligatorio, y sólo Dios es facultativo. No pretendo con esta nota afrontar el tema de la educación religiosa en los colegios. Si la enseñanza religiosa se identifica con la del catecismo católico, en el espíritu de la constitución italiana está el que sea facultativa. Sólo lamento que no exista una enseñanza de historia de las religiones. Un muchacho termina sus estudios sabiendo quiénes eran Poseidón y Vulcano, pero con ideas confusas acerca del Espíritu Santo, creyendo que Mahoma es el dios de los musulmanes y que los cuáqueros son personajes de Walt Disney. Si fuese cierto que se ha sustituido completamente una dogmática por otra, ¿por qué Homero sí y Salomón no, por qué Júpiter sí y Jehová no, por qué las Gracias sí y las Magdalenas no? Y sin embargo hay una diferencia. El mundo moderno pide que en los colegios se tome en serio a Homero y a Fóscolo, y muchísimo, pero no se pide que se crea en lo que ellos dicen. Se enseña que los poetas son portadores de alguna verdad, pero a través de una feliz mentira. A nadie se le pide que crea que Orestes haya existido y que su drama exprese una sola verdad, ni que se deba imitar su elección moral. El laicismo poético sugiere sólo que existen verdades y elecciones y que hay que mirar con emoción y respeto aquellas que se manifiestan a través de medios expresivos considerados excelentes. La poesía nos lleva a comprender verdades distintas y quizá contradictorias entre sí, pero no nos pide la adhesión a alguna. En todo caso, la educación científica se encarga de asegurar a los jóvenes estudiantes la existencia de verdades incontrovertibles -los modernos hacen más dogmática en las aulas- de física que en las de literatura. La escuela moderna contrapone, a menudo sin mediación, el ateísmo místico de la pura forma poética al dogmatismo escéptico de las ciencias naturales. Esto explica por qué nos parece normal que Homero y Pitágoras sí y Dios no. Pero el hecho de que esto sea normal no excluye que también bajo este fenómeno se oculte una teología”.

Ámbito familiar: del patriarcalismo a la anomía

a)El padre de la era franquista era a la casa lo que el maestro a la escuela, con un fuerte dominio patriarcal y normativo. b) En la transición al socialismo el hijo adquirió protagonismo y tras cuestionar la normatividad paterna buscó la emancipación rupturista (generational gape) con una cultura de protesta underground que culmina en mayo del 68 (las comunas como alternativa a la familia). c) Actualmente la familia vuelve a ser el muro de contención de la crisis laboral y los hijos permanecen resignados en la casa paterna por motivos económicos. Los padres ya no imponen sus convicciones (han renunciado a ellas en el clima de relativismo dominante) y coexisten con los hijos en plan de amigos, pues la ausencia de choques intrafamiliares resulta de la ausencia de convicciones sólidas en la familia anómica. Padres e hijos se dejan permear por la sembradora de normas a todas horas, los mensajitos, etc.

Ámbito religioso: del monoteísmo a las pararreligiones narcisistas

a) La cultura religiosa de posguerra fue la del régimen dominante, la de los grandes seminarios y de las grandes manifestaciones con el fervorín nacionalcatólico. Recuérdese que casi hasta los años setenta se mantuvo vigente un Índice de libros prohibidos. b) Durante la transición se vivió un clima de horizontalización y politización de la religión por parte del clero progre mitad cura mitad obrero, al amparo de un Vaticano II no siempre bien entendido, cuyo resultado fueron las secularizaciones en catarata, verdadera hemorragia vocacional. c) Decrece el monoteísmo de las religiones proféticas (de ahí la dificultad de la nueva evangelización), se ignoran la historia comunitaria de la salvación, el pecado, la omnipotencia amorosa de Dios, y en su lugar se instauran sectas naturalistas, orientalistas y mánticas con un bricolaje a la medida del consumidor: “es el pagano que llevamos dentro -escribe Anthony Burgess- el que nos hace retroceder ante el relato de Tertuliano sobre la Iglesia cristiana pura del norte de África: ‘los pecadores cristianos se pasan el día pidiendo perdón, y la noche en vigilias y lágrimas echados en el suelo sobre pegajosas cenizas, envueltos en sayales andrajosos y en suciedad, ayunando y rezando’. Si el mundo moderno se ha rebelado contra la Iglesia es principalmente porque no puede soportar la noción de pecado. El paganismo griego y romano parece de algún modo más sano, salvo en lo que se refiere a los sacrificios animales. El politeísmo y la gran madre tierra contra la que luchó san Pablo parecen naturales. La multiplicidad de la naturaleza se encuentra reproducida en los innumerables pequeños dioses, a los cuales todavía rezamos en su apariencia de santos”.

Ámbito mediático: del catecismo eclesial a las redes

a) Los españoles de anteayer daban vueltas a la noria con anteojeras yendo exclusivamente del Parte y del Nodo franquista a Radio Vaticano, de suerte que los Pirineos se hallaban cerrados a cal y canto para las noticias del mundo “libre”. b) Los españoles de ayer fueron amamantados al pecho de las libertades formales burguesas, imponiéndose sobre todo la doctrina del diario El País y de las dos cadenas oficiales de TV. c) Los españoles de hoy (segundos por la cola de Europa en lectura de prensa periódica) son destetados en la cultura de una imagen machaconamente transmitida a través de muchos telecanales a cual más violentos, zafios, bastos. Y, cuando nos creíamos más instruidos, resulta que volvemos a estar más destruidos. La única consigna común a cada estadio: el último en salir deje todas las luces apagadas. Dada esa circunstancia, muchos no han sabido acompasar sus convicciones, ni atemperarlas con madurez, yendo y viniendo ebrios del coro al caño con resultado de relativismo y pragmatismo. A trompicones y con disritmias, hemos llegado a la altura de Europa; ahora ellos y nosotros parecemos cortados por el mismo patrón, el de un Narciso que nada quiere saber del remoto mundo judeocristiano de la Biblia, luego de haber renegado de Prometeo el libertador social. Sólo quien lo ignora puede permitirse acusar de pesimista a quien sabe cómo está la cosa: en el limbo se duerme mejor, sobre todo con almohadilla cervical.

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