Pero la novedad conocida esta semana es más inquietante. Según un comunicado de la Gendarmería Nacional argelina, una patrulla de la guardia fronteriza de Mahbes, en la región de Tinduf, ha capturado 8,6 toneladas de kif en una operación en la que han sido arrestados dos narcotraficantes. En el curso de la mismase han confiscado tres vehículos Toyota Station, un fusil ametrallador con cerca de un millar de cartuchos, un teléfono satélite y un GPS. Un número no precisado de traficantes han conseguido huir en otro todoterreno.

El espacio fronterizo en el que se ha producido la detención es el mejor custodiado y vigilado. En efecto, en la región de Tinduf, fronteriza de Argelia con el Sahara Occidental y el extremo sudeste de Marruecos, existe la mayor concentración de destacamentos militares y de cuerpos de seguridad y vigilancia, de ambos países.
Se explica fácilmente: en la región argelina de Tinduf viven 120 mil refugiados saharauis en campamentos apoyados y sostenidos por el país anfitrión y la comunidad internacional. El Ejército argelino vigila atentamente la frontera y proteje las poblaciones allí refugiadas. Al otro lado del linde, el Ejército marroquí mantiene una vigilancia estrechísima para evitar incursiones de los saharauis armados del Frente Polisario e impedir su acceso a los territorios del Sahara Occidental bajo control marroquí.
Por tal motivo ha llamado poderosamente la atención el que en esa zona se haya detectado y reprimido una via de contrabando de droga. La posible corrupción de algunos mandos policiales, aduaneros y militares de ambos países, no es suficiente para explicarlo.
Hasta ahora, la mayoría de capturas de hachís procedente de Marruecos con dirección a Argelia, habían tenido lugar en la zona norte, en el tramo fronterizo entre Uxda y Maghnia y sus alrededores. También se habían operado detenciones y confiscaciones de alijos procedentes del sur, de Malí y Níger en dirección a Argelia. Pero si bien las fronteras del desierto son más difíciles de vigilar, las enormes distancias que los traficantes se ven obligados a recorrer en esa región hasta llegar a las ciudades hacían más fácil su detección.
La utilización de un nuevo itinerario por los narcotraficantes resulta pues sorprendente. A menos que, como se sospecha enalgunos medios de inteligencia occidentales, se oculte detrás alguna operación que va más allá del simple contrabando de droga.