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El crimen fue en Loyola

Juan José Solozábal
jueves 11 de diciembre de 2008, 22:23h
Aunque parezca mentira todavía puede añadirse algo de abyección al último crimen de ETA, más allá del espanto que produce la decisión de asesinar a un inocente y además por una causa a la vez retrógrada e inútil como es la de parar al ferrocarril. El fascismo vasco ha mostrado su torva condición de un modo atroz que nos ha conmovido irremediablemente.

Quisiera señalar que la tropelía a muchos nos ha sacudido con especial dureza también por el lugar en que se ha cometido, justo enfrente de la Basílica de Loyola y en la prolongación de la avenida dedicada a un ilustre azpeitiarra, que pasó toda su vida trabajando por asentar el acuerdo y la tolerancia, las bases de la auténtica paz, entre los vascos, el escritor José de Arteche.

Es terrible esta avería causada en nuestro entorno, esta memoria de la que nos costará liberarnos, que nos repetirá la noticia del crimen cada vez que pasemos por el lugar o lo traigamos a nuestra mente. Sé de lo que hablo, es lo que me ocurre a veces, cuando en la Facultad me topo abstraídamente con la puerta del despacho del maestro ausente Tomás y Valiente.

En la Historia cuyo progreso sólo se produce de modo lento y precario, el resguardo de lo sagrado como espacio exento de toda violencia, parecía ser desde la época medieval un mínimo de civilización que todos aceptaban. Sin embargo, esta vez la sombra de la Basílica de San Ignacio no ha podido proteger a un buen cristiano del extremismo cainita. Por el contrario el rechazo de esta mínima exigencia de la pax christiana indica que hay quienes, desoyendo la advertencia de Camus frente a la justificación del homicidio proveniente de la revolución o de imperativos históricos, están dispuestos a edificar sobre el crimen su proyecto político. Sólo que se equivocan si piensan que los demás podemos desistir y orillarnos, pues acatar el dictado de los violentos nos lleva a la indignidad, a consentir una vida que no es vida sino una existencia degradada y miserable.

Pero como decía antes el asesinato de Inaxio Uría se ha llevado a cabo al lado de la calle que en justo homenaje, se dedicara a la memoria de su paisano José de Arteche. Bien difícil será encontrar un nombre más identificado con la paz que el escritor guipuzcoano. Se esforzó por construir la reconciliación y la concordia incluso en la propia Guerra Civil, cuyas miserias trascendió en el testimonio impresionante de su diario, significativamente titulado El abrazo de los muertos. Después en toda su obra, así singularmente en De Berceo a Carlos Santamaría, trató de encontrar cimientos de civilidad compartidos en todos los sectores de la propia sociedad vasca, incluyendo a los exiliados y aún a los que abusivamente habían heredado las ventajas de la victoria militar.

!Qué pena, que ni el aprecio debido a las creencias más sentidas de tantos vascos, ni el respeto merecido del testimonio de un hombre de paz sirvan para nada en esta hora desgraciada de Euskadi!

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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