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TRIBUNA

Coito

lunes 24 de noviembre de 2025, 19:45h

La palabra coito es de origen latino. En efecto, coitum significa caminar juntos (co/itum, co/ire, ir juntos). Con el curso del tiempo ha ido perdido su significado primigenio, y en nuestros días no queda ni rastro del cartesiano cogito ergo sum (pienso luego existo), gracias al cual la persona ganaba para siempre su autoconciencia. Todo aquello ha sido sustituido por el espasmódico coito ergo sum, me voy contigo a la cama, luego existo. Veremos si el ciborg venidero mantiene esta tónica.

De momento, ¿quién mató al comendador? Fuenteovejuna, señor. Lévi-Strauss sigue vomitando por todos: “creemos que el fin último de las ciencias humanas no es constituir al hombre, sino disolverlo, reintegrar la cultura en la naturaleza y, finalmente, la vida en el conjunto de sus condiciones fisicoquímicas”. El espumarajo del vómito de este pensador francés ha quedado indeleble en la barda de un Curso de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial (1990) bajo el título La crisis de todo: “El comunismo en crisis. El capitalismo en crisis (salvo que todavía no se ha enterado). La moral tradicional en crisis. La moral sucesora suya, en crisis. La fe en crisis, la esperanza en crisis, la caridad en crisis. Y la libertad en crisis, la igualdad en crisis, la fraternidad en crisis”.

Se baja el telón, ha terminado el espectáculo, Nowhere, Nusquama. La felicidad prometida por la Ilustración no se ha sustanciado en parte alguna para el ser humano, como no sea en la fantasía de sus diseñadores. Sus Eutopías, doradas golondrinas, heridas de muerte, no saben cómo zafarse de su Deslustración e ignoran hacia dónde volar en pos de la felicidad. Como si una utopía se borrase con otra de signo contrario, he aquí el circo de las Distopías. La vieja dama Ilustración, en lugar de desasnarnos, nos ha enseñado lo inenseñable; castrando nuestros vuelos, el ciudadano surgido de la modernidad ilustrada no ha sabido resolver el drama de la construcción de su felicidad. Fin, pues, de la gramática generativa y a su vez regenerativa. Como dijo Erasmo de Rotterdam en su enigmático Elogio de la locura, “ocurre que a fuerza de perseguir bestias feroces y de alimentarse de ellas estos cazadores acaban por convertirse también en alimañas, aunque ellos suponen que se igualan con los reyes”. De todos modos, esto parece convivir en la calle con una simultánea sensación de felicidad que recuerda bastante a la vieja descripción de Alexis de Tocqueville: “veo una masa inmensa de hombres parecidos e iguales, que incesantemente se repliegan sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres con los cuales se llenan el alma. Cada uno de ellos, tomado aparte, es extraño al destino de todos los demás”.

Según el ahora mismo en mis manos Catecismo para neocomulgantes de la opulenta Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Monterrey, México), regentada por el Opus Dei, los mandamientos de la Iglesia son seis: 1.Oír misa entera los domingos y fiestas de guardar. 2.Confesarse al menos una vez al año y cuando hay peligro de muerte, y antes de comulgar si uno tiene pecado moral. 3.Ayunar y guardar abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo. Guardar abstinencia los viernes de cuaresma. La abstinencia de los demás viernes del año puede ser substituida por alguna obra personal de mortificación, algún acto de piedad, o por una limosna. 4.Cooperar económicamente con las necesidades de la Iglesia”. Y ahí se acaba este ridículo y judaizante ramadán para pobres. ¡Pobre Iglesia católica! “Are you really a Roman Catholic? I asked my aunt with interest. She replied promptly and seriously: -Yes, my dear, only I just don't believe in all the things they believe in”.

Contra los católicos que sólo se sienten católicos en su turris eburnea o torre de marfil, contra los intelectuales que sólo se sienten intelectuales siendo gentes ridículas, y contra los que creen serlo sin serlo, contra estas gentes patéticas. Proclamaba en el desierto Unamuno: “la misión que me he propuesto no es la de exponer ideas, sino la de predicar el hombre concreto y real, el hombre de carne, de esperanza y de dolor, el hombre que sueña, el hombre tejido de contradicciones. Y, para predicar eso, echo mano del que encuentro más cerca”. También podemos expresarlo con Ignacio Zuloaga refiriéndose al botero de Segovia del cuadro de Velázquez: “¡Si vieras qué filósofos, no dicen nada!”. Pues, en efecto, ¡ay del hombre que se dispone para estatua! Existen hombres de espíritu elevado e impaciente. Para ellos una mañana es el principio de una tarde. Hay hombres de espíritu lento, como dormido. Para ellos una tarde es apenas la continuidad de una mañana. También hay hombres de espíritu recio para quienes todas las horas están llenas del día. Para ellos se hizo el descanso de la noche. Maestro Machado: “¡Qué difícil es / cuando todo baja / no bajar también!”.

Menos mal que el humor puede ser un recurso contra la muerte del hombre. Arthur Bloch, en La ley de Murphy del amor. Vaya lo que vaya mal, su pareja ya se lo imaginaba, nos ayuda al respecto: “las relaciones sexuales sin amor son una experiencia vacía, pero como experiencia vacía una de las mejores”; “el sexo es una de las nueve razones que existen para creer en la reencarnación, las otras ocho carecen en absoluto de importancia”; “no sé nada sobre relaciones sexuales porque siempre he estado casada”; “las relaciones sexuales son como la nieve: nunca se sabe cuántos centímetros hay ni cuánto va a durar”; “las relaciones sexuales son hereditarias. Si sus padres nunca las practicaron, existen muchas probabilidades de que usted tampoco”; “diga que no, y luego negocie”; “el matrimonio más feliz que me puedo imaginar sería la unión entre un hombre sordo y una mujer ciega”; “cuando finalmente encuentre a la mujer perfecta, ella seguirá esperando al hombre perfecto”; “la Madre Naturaleza no consiguió hacernos perfectos, así que nos hizo ciegos ante nuestros defectos”; “incluso en las parejas más unidas, uno de los cónyuges no puede asistir al funeral del otro”; “después de la boda, marido y mujer pasan a ser la cara y la cruz de una moneda, pues no se miran pero siguen estando juntos”; “cuando las mujeres se pierden, los hombres están deseando encontrarlas”; “una de las ventajas de envejecer es que cada vez hay más mujeres mucho más jóvenes que usted”; en suma, “el problema de las personas que no tienen vicios es que puedes estar casi seguro de que tienen algunas virtudes bastante irritantes”.

¡Junto al humor, vengan a nosotros los poetas! “Yo Nezahualcóyotl, lo pregunto: ¿Acaso de veras se vive con raíz en la Tierra? Nada es para siempre en la Tierra: sólo estamos un poco aquí. Aunque sea de jade se quiebra, aunque sea de oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. No es para siempre en la Tierra: sólo estamos un poco aquí. ¿A dónde iremos donde la muerte no exista? Mas ¿viviré por eso llorando? , pues tu corazón se enderece: Aquí nadie vivirá para siempre. Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces. Amo el color del jade y el enervante perfume de las flores, pero amo más a mi hermano: el hombre”.

Nosotros, sin embargo, animo, cantemos con La varsoviana: “Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver, aunque nos espere el dolor y la muerte, contra el enemigo nos manda el deber. El bien más preciado es la libertad, hay que defenderla con fe y con valor. Alta la bandera revolucionaria, que del triunfo sin cesar nos lleva en pos. ¡En pie, pueblo obrero, a la batalla! ¡Hay que derrocar a la reacción! ¡A las barricadas! ¡A las barricadas, por el triunfo de la Confederación! ¡A las barricadas! ¡A las barricadas, por el triunfo de la Confederación!”.

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