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DESDE ULTRAMAR

Cincuentenario ¿del final? del Imperio portugués

Marcos Marín Amezcua
jueves 27 de noviembre de 2025, 18:51h
La fecha, 1975, es arbitraria como todo en Historia puede serlo, porque, tal y como le sucedió a otros imperios coloniales europeos de mediados del siglo pasado, se desgajaron poco a poco y en etapas diversas. El de Portugal no fue la excepción.
Por ejemplo, podríamos dejar esta reflexión para 2026, en que se cumpla tal cincuentenario de la invasión indonesia a Timor Oriental, finiquitando casi en definitiva aquel epopéyico imperio; o situarlo a 2029 por buscar un aniversario redondo relacionado con el cese de la presencia portuguesa en Macao en el año 99 y que significó, ahí sí, el finiquito absoluto de tal imperio colonial.
Pero 1975 es el gran año emblemático de la disolución de aquel imperio pionero entre los europeos de la Era Moderna y Contemporánea. Mientras España trastabillaba en el Sahara Occidental y a la chita callando, con la mañosa y usurpadora Marcha Verde en la coyuntura de la muerte de Franco, Portugal atestiguaba y colaboraba en la evaporación, y al vapor, nunca mejor dicho, de su imperio, que era más nutrido que el español en esos precisos momentos, por no decir que estaba bastante intacto, pese a los avatares del siglo XX. Ese año abandonó definitivamente a África y casi termiñó su presencia asiática.
De manera tal, que hace medio siglo Portugal –más por necesidad y hastío ante lo que se pintó como inevitable, que por voluntad– soltaba la mayor parte de los territorios que, a la mátalas callando, había conservado en tiempos extras comparativamente con otros imperios, el español incluido, que ya habían sucumbido en buena medida a los aires de descolonización acelerados, que no apenas desencadenados, dado que ya existían antes de la II Guerra Mundial.
Portugal retrasó el desmantelamiento de su imperio colonial, calladitos de tenerlo, aliado de los británicos –no es casual que Lisboa necee manteniendo de siempre y a contrapelo de España, la hora de Londres– y apostando todavía en 1940 a realizar la formidable Expo "El mundo portugués" en Lisboa, llamada así con humildad ya se ve –dicho por servidorito con todo sarcasmo– de la que resultó el reconocible y archirreconocido Monumento a los Navegantes –se echa en falta que España carezca de uno similar– porque parecía incolume e imbatible aquel discreto imperio. Nada más lejos de ser. Sus días también estarían contados.
Y en efecto, durante 1975 y a raíz de la caída de la dictadura salazarista (1974, claveles de por medio) la nueva república portuguesa atendiendo los pendientes dejados sobre el cartapacio, decidió desprenderse de aquellas lejanas tierras que ya daban más problemas que beneficios; se veían imposibilitados de seguir regenteando un imperio cada vez más caduco como concepto e insostenible como reclamo. No olvidemos que lo cimentado por Portugal en 5 centurias –Enrique el Navegante, Vasco de Gama y tal– conllevaba al peligro de desmembración violenta, contrastando con la rutilante política dictatorial portuguesa de justificar su continuidad al frente del país a cambio de mantener las trasnochadas glorias imperiales pasadas de Portugal. Menudas glorias. Un discursillo fétido como el del PRI. “Mientras sigamos eternizados, garantizaremos la Revolución Mexicana que secuestramos”. A ambos, salazaristas y priistas, se les mandó al Diablo.
A los portugueses ya los habían echado a la mala de India a inicios de los años sesenta –Goa, Diu, Damao– y peligraban las posesiones africanas, con guerrillas actuantes que apostaban al desgaste portugués. La caída de la dictadura portuguesa aceleró deshacerse de aquellas regiones que más sangraban y desangraban, que aportaban, de forma tal que durante 1975 fueron independizados los dominios africanos. De todas formas, cuesta creer que Portugal retuvo su imperio de manera tan tardía. Es una suerte de rara avis. Lo primero que soltó Portugal fue la Guinea portuguesa, Guinea- Bisáu, que de forma unilateral declaró su independencia en septiembre del 73 y la obtuvo de manera oficial el 10 de septiembre del 74. Durante 1975 consiguieron su independencia las demás posesiones africanas portuguesas. Mozambique el 25 de junio, Cabo Verde el 5 de julio, Sao Tomé y Príncipe el 11 de julio, Angola el 11 de noviembre.
El faro cegador de Lisboa cesó en lo subsecuente.
Es tal la cercanía en el tiempo, que si yo fuera portugués diría que cuando tenía 4 años, perdimos las colonias, apenas se acabó el Imperio. Y que todavía teniendo 28 años vi como Portugal soltaba Macao (1999). Esa merece mención aparte, ya que no mediaba compromiso alguno previo de la parte portuguesa a soltarlo desde que se lo agenció en el siglo XVI. Cuando la Thatcher aceptó el acuerdo de 1984 con China para comprometerse a cumplir la palabra de soltar todo y no solo aquellos arrendados Nuevos Territorios (arriendo por 99 años, 1898) de Hong Kong a China para 1997, pasaron dos cosas: 1) la “Dama de Hierro” no pudo con China y 2) los chinos se giraron hacia Portugal. Podría decirse que espetándoles una lacónica, escueta frase: “¿y tú… cuándo te largas? Si habían conseguido arrebatarle a la potencia nuclear Gran Bretaña cualquier intentona de prolongar su estancia, Portugal sería y fue pan comido. Portugal dobló las manos en el inmediato acuerdo de 1985, efectivo a 1999. De ahí lo dicho acerca de que sus antiguas glorias imperiales al fin se esfumaron. Nostalgia aparte, cuando Portugal edificó un monumental y vistoso pabellón macaense en la formidable Expo 98 en Lisboa, conmemorando cinco siglos del arribo de Vasco de Gama a India, contaba la doble lectura de tal acontecimiento y la despedida de Macao como suelo portugués. Aún permanece su pórtico en el recinto expositor y como despedida imperecedera de su última, última posesión. Historia viva, ya ve.
La minúscula Timor Oriental era cosa aparte. Producto del arbitrario reparto de islas partidas por la mitad sin consideración alguna a sus pobladores durante el imperialismo europeo, la porción portuguesa, católica, mantuvo su posición colonial hasta que proclamó su independencia de manera unilateral el 28 de noviembre de 1975. Cuando Indonesia invadió a la vecina Timor Oriental en 1976, Portugal evadió una guerra y se deslindó de toda responsabilidad adveniente ante la ONU –un símil al de España en el Sahara Occidental y reclamada la isla con argumentos similares a los marroquíes sobre el Sahara y Ceuta y Melilla– y quedó la ínsula reducida al dominio indonesio más brutal y atroz que cesó el 20 de mayo de 2002. Curiosa fecha para obtener la libertad, justo el mismo día un siglo después que Cuba la consiguió de Estados Unidos y Alfonso XIII ascendió al trono español.
Reproduzco las palabras de Catarina Brites Soares publicadas recién en la revista El Salto: "Las antiguas colonias portuguesas aún hoy padecen del colonialismo. Este lado oscuro tiene que estar en nuestra historia.". No evade el capítulo y tampoco se vanagloria ni insinúa que estarían mejor bajo soberanía portuguesa.
No omito contarle esta bonita anécdota que suelo repetir en las aulas a mis estudiantes de Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público. Año 1987. A mis 16 años no hay Internet. Ni en sueños. Acudo a la embajada portuguesa en Ciudad de México buscando info del país lusitano. Para mi fortuna, contaban con extensa follletería de primera, a color, sobre un sinnúmero de temas: gobierno, folklore, historia, culinaria, regiones...Quien me recibió, osco me invitó a hacerme de los necesarios y en ese momento, mientras repasaba los títulos y escogía los conducentes, de golpe, recordé a Macao, lo único que le quedaba a Portugal de su otrora extenso imperio. Me giré a preguntarle al diplomático portugués ya entrado en años –su parecido con Saramago en sus últimos años era increíble– en mi infinita e irredenta inocencia si no contaba con un folleto sobre la colonia de Macao. Sí, sí, dije colonia. ¡Colonia! El sujeto se puso como energúmeno y me espetó un parco y cortante: "¡Macao no es colonia! es territorio chino bajo administración portuguesa".
¡Ups¡ Acabáramos. ¿De verdad? qué rodeo dio para llamar colonia a la colonia. ¿Qué quiere que le diga? quienes no somos europeos pensamos otra cosa sobre los componentes de los imperios coloniales, si en el 'coloniales' llevan el nombre y la quintaesencia y nadie en su sano juicio los llama, verbigracia, imperios virreinales y así. No andaremos contándonos historias a estas alturas del partido.
Así, aprendí que en la atrabancada Comunidad Internacional ya no se dice "colonia". No, no. Es una palabrota, una picardía de mal gusto. Llámense mejor y para taparle el ojo al macho de manera mucho más edulcorada, sí, recúrrase a expresiones tales como territorios de ultramar, de la Corona, provincias de ultramar y otras variaciones sobre el mismo e inocultable tema. A propósito, cabe precisar que China cuando alude a Macao y al periodo previo a 1999 lo suele denominar como "colonia" y "colonial". No tiene empacho en hacerlo. Ahora, ya la considera región especial. La cosa cambia. Igual que los tiempos. Pues eso.
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