El 6 de diciembre Finlandia celebra su Día de la Independencia. Es una ocasión propicia para examinar su estrategia de seguridad y cómo la invasión rusa de Ucrania en 2022 supuso un cambio profundo en la percepción que Finlandia tenía de su propio entorno estratégico. El país llevaba décadas apoyándose en la política de no alineamiento heredada de la Guerra Fría y, aunque esa postura había proporcionado estabilidad durante años, la operación rusa despertó recuerdos históricos —como la Guerra de Invierno de 1939–1940— y reavivó la sensación de vulnerabilidad.
A partir de ese momento, se aceleró una reflexión que en realidad ya estaba en marcha: Finlandia no podía seguir confiando únicamente en la neutralidad y la disuasión nacional. Su estrategia de seguridad, construida sobre una combinación muy finlandesa de defensa territorial, resiliencia social y cooperación internacional, empezó a orientarse con más claridad hacia estructuras colectivas de defensa. El proceso culminó con la entrada del país en la OTAN en abril de 2023.
El concepto central de la política de seguridad finlandesa es la llamada seguridad integral (kokonaisturvallisuus). Se trata de una idea amplia: la protección del país no depende sólo de las Fuerzas Armadas, sino del conjunto de la sociedad. Autoridades civiles, empresas, organizaciones y ciudadanos participan en un sistema que busca mantener en funcionamiento las funciones esenciales del Estado en cualquier circunstancia.
Este enfoque se recoge en la Estrategia de Seguridad para la Sociedad, formulada por primera vez en 2010 y revisada en 2017. En enero de 2025, el Gobierno volvió a actualizarla para incorporar amenazas que hoy son imposibles de ignorar: campañas de desinformación, ciberataques, sabotajes contra infraestructuras críticas o vulnerabilidades tecnológicas cada vez más complejas. El objetivo es el mismo, pero las condiciones han cambiado.
Sobre esa base civil descansa una defensa territorial clásica. Finlandia mantiene el servicio militar obligatorio y una reserva amplia y bien entrenada, lo que le permite movilizar rápidamente fuerzas superiores a las de tiempo de paz. A esto se añade una sólida cultura de preparación: ejercicios periódicos, planes de emergencia y una atención constante a la «seguridad de suministro», que abarca desde la energía y las comunicaciones hasta los alimentos o la logística.
La adhesión a la OTAN no sustituyó este modelo, sino que lo complementó. Finlandia conserva su capacidad de defensa nacional, pero la integra ahora en la estructura aliada, participa en la planificación conjunta y en maniobras de gran escala, como el ejercicio Nordic Response 2024. Su incorporación —y la posterior de Suecia— ha reforzado la presencia de la Alianza en el mar Báltico y en el Ártico, dos zonas cada vez más relevantes desde el punto de vista geopolítico.
En los últimos años, la tensión creciente con Rusia ha llevado a decisiones de gran calado. El país ha aceptado acoger unidades de NATO Forward Land Forces y el Gobierno ha planteado abandonar el Tratado de Ottawa para recuperar la posibilidad de emplear minas antipersona en su frontera oriental. También prevé elevar el gasto de defensa hasta el 3 % del PIB en 2029. Son medidas que reflejan la percepción de que la amenaza es estructural y que puede prolongarse durante años.
La dimensión híbrida y cibernética ocupa hoy un espacio muy relevante. Finlandia identifica desde hace tiempo la desinformación, la injerencia externa y los ataques digitales como riesgos prioritarios. Con la Estrategia de Ciberseguridad 2024–2035, el país ha reforzado la cooperación entre Estado, sector privado y universidad, y ha subrayado la necesidad de formar especialistas y de mejorar, de manera constante, la protección de infraestructuras críticas, incluidos los cables submarinos del Báltico.
En resumen, la estrategia de seguridad finlandesa combina elementos tradicionales con otros más recientes. Mantiene una defensa territorial firme y una cultura social de preparación, pero adapta sus herramientas a un entorno marcado por la guerra híbrida, la dependencia tecnológica y su reciente integración en la OTAN. Finlandia no sólo busca disuadir un ataque, sino asegurarse de que, si llega una crisis, el país pueda resistir, reorganizarse y seguir funcionando.