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CENTRO DE DANZA MATADERO

Averno, de Marcat Dance: ritmo y entrega apabullantes

Averno , de Marcat Dance: ritmo y entrega apabullantes
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(Foto: @ Muver Zaragoza ©Alberto_Rodriga?lvarez)
martes 02 de diciembre de 2025, 12:45h
Actualizado el: 02 de diciembre de 2025, 13:55h

Cumpliendo con la obligación del verso clásico, antes de entrar a la nave, dejamos fuera toda esperanza. El humo y la expectación se hacían evidentes en los pasillos de acceso al patio de butacas, que estaba a rebosar de quienes parecían esperar con ansia que empezase. Distintas edades y gustos, por lo que se podía prefigurar observándolos, pero todos dispuestos a dejarse caer por la puesta en escena que pocos imaginaban que fuera a ser tan austera, pero compensada con un ritmo y entrega apabullantes.

Después de girar por distintos festivales y muestras por todo el país, llegó al Centro Danza del Matadero de Madrid la pieza Averno, de la compañía Marcat Dance, dirigida por Mario Bermúdez Gil y Catherine Coury. Sin querer pasar por alto el cambio de dos de sus bailarines y las modificaciones que se han aplicado respecto a las actuaciones pasadas —información facilitada por espectadores que pudieron asistir a las mismas cuando la pieza se encontraba de gira—, no sondatos que afectasen al espectáculo, no desde luego a quienes nos encontrábamos allí esa tarde de sábado.

Con la premisa de la Comedia de Dante Alighieri, el cuerpo de bailarines se hizo uno y mantuvo su plural a lo largo de los setenta minutos en los que representaron el lento y absorbente descenso a los infiernos. Desnudos de efectismos escenográficos, los juegos de oscuridad y luces someras hicieron que los intérpretes repartieran sus descargas y nadie en el patio de butacas se atrevió a moverse un milímetro para no salir del compás electrónico, muy oscuro, que se hizo con el control del espacio. Este, que uno podía esperar más terrible desde lo visual, quedó a cargo de los bailarines Jeremy Alberge, Mario Bermúdez, Catherine Coury, Marilisa Gallicchio, Raúl Melcón, Andrea Pérez y Alessia Sinato, sobresalientes todos. La simetría de las figuras y los solos consiguieron un peculiar equilibrio entre la extenuación física y los intermedios en los que el desasosiego no se marchaba del todo. El engranaje perfecto para que el mal, en su sentir más primitivo, se supiera señor y soberano. Ese viaje trajo una conciencia grupal que, una vez terminado, merecía un pensamiento por el hecho de saberse medido por la discusión que supone de nuestros miedos, de nuestras debilidades.

‘El resto os lo he contado ya./ Unos pocos años de elocuencia, y luego/ el largo silencio, como el silencio en el valle/ antes de que las montañas te devolvieran/ tu propia voz en forma de voz de la naturaleza./ Ahora este silencio me hace compañía./ Pregunto: ¿De qué murió mi alma?/ Y el silencio responde:/ Si tu alma murió, ¿de quién es la vida/ que vives ahora y cuándo/ te convertiste en esa persona?’, escribió Louise Glück en uno de los poemas de su libro Averno, traducido por Andrés Catalán, adecuado complemento estos días pasados a la obra de danza. Se ve que hay demasiados caminos o demasiadas hipótesis de cómo podemos bajar a nuestros propios infiernos. Comenzar esa búsqueda con la opción más adecuada hace que el tiempo se viva más como un ritual que como una narración, nos dice Glück, y estos avernos a los que uno se aboca no llegan a ser un alivio, pero sí un homenaje a la despedida del otoño, materia siempre de conflictos acerca de lo bello.

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