Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, se ha prostrado de rodillas ante...
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, se ha prostrado de rodillas ante el prófugo golpista Carlos Puigdemont. Ha reconocido que no fue capaz de cumplir con lo que había pactado con él. Está dispuesto a rectificar. En Waterloo, Carlos Puigdemont se frota las manos. Sabe que Pedro Sánchez le necesita para afrontar los Presupuestos Generales del Estado, para prolongar la legislatura con mayoría parlamentaria y para que no se descuartice su Gobierno progresista a través de una moción de censura. El órdago que Puigdemont lanzó en el Congreso de los Diputados al fracturar toda relación con el PSOE sanchista ha dado sus frutos.
Pedro Sánchez juega siempre con una carta segura que maneja a placer: el dinero. Dispone del Presupuesto español, también de las copiosas ayudas europeas. Y está dispuesto a comprar lo que sea necesario pagando lo que le pidan. Si el prófugo golpista o su partido entrasen en dificultades económicas, la reconciliación sería cuestión de días. Se enmascararía con concesiones políticas más o menos relevantes que permitieran esconder el dinero contante y sonante.
No puede ser más lamentable el hecho de que la gobernanza de España, además de depender de una veintena de partidos, tenga que rendirse ante un prófugo golpista que mantiene su posición política de fracturar España. Pedro Sánchez sabe que está jugando con fuego, pero le da igual que España se abrase si él continúa en la silla curul de Moncloa unos meses más y puede completar las manipulaciones del censo y otras jugarretas que desconocemos, con el fin de sortear las encuestas y ganar las elecciones del año 2027. Difícil pronosticar si Sánchez se reconciliará con Junts y si sacará la situación del sanchismo adelante. Hasta ahora lo ha conseguido. Sería estúpido considerar que lo tiene todo perdido y que caerá como fruta madura.